Punto de giro
Quizás esta semana hemos encontrado una posible explicación a la hasta ahora inextricable personalidad del jefe de Peláez, un hombre variable como el tiempo en primavera. Y es que el pasado jueves, inicio de la semana para estos dos personajes, descubrimos su adicción a las pastillas cuarenta y ocho con el desayuno para tratar de equilibrar un carácter sin duda incorregible de modo natural. Este hombre, director a su pesar de un periódico de provincias de abocado a un cierre inminente, quiere ver mundo con una paellera que haga las veces de antena parabólica y considera hacer deporte ver a Rafael Nadal por televisión dando raquetazos. Peláez, a su modo, aguanta a su lado, aunque por primera vez ha mostrado su hartazgo, un punto de giro en esta curiosa relación que no sabemos cómo acabará.