Otello

Como plato fuerte del VI festival del Mediterráneo, el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia ha producido Otello de Giuseppe Verdi. Con la dirección musical de Zubin Mehta al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, la dirección escénica de Davide Livermore, y los cantantes Gregory Kunde, Carlos Álvarez y María Agresta en los principales papeles, se ha elevado el listón de lo había sido hasta ahora una mediocre temporada en el coliseo valenciano. Un buen final y una espléndida manera de conmemorar el bicentenario del genial compositor.

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Estrenada en el Teatro alla Scalade Milán en 1887, esta ópera en cuatro actos con libreto de Arrigo Boito basado en la obra homónimade William Shakespeare  supuso  el retorno de Verdi  a los escenarios traslos dieciséis años de inactividad que siguieron al éxito de Aida. Más allá de un sonado éxito, Otello significa un importante avance enla concepción musical verdiana. Heredero del clasicismo, el melodrama italiano se había caracterizado hasta entonces poruna rígida división entre recitativo y aria, traba que muchos compositoreshabían intentado superar con no demasiado fortuna.  Desde sus óperas de juventud, Verdi  siempre  había intentado establecer un compromisomusical en el que el melodismo fluyera ininterrumpidamente y así poderconfigurar un estilo operístico que integrara el drama y que nada tuviera quever con la antigua “aria da capo”. Esta concepción moderna se observan en Rigoletto, pero  sobretodo en Aida


Sin embargo, con Otello, a pesar de no aportar ninguna novedad  en relación al anterior título de su catálogo, alcanzará  el punto máximo de tensión del lenguajeantiguo con sus división en partes de la melodía y el lenguaje moderno con sucontinuidad dramático-musical.  Esadmirable como, con setenta y cuatro años, Verdi fue capaz de ponerse a lacabeza de la vanguardia de los compositores italianos de entonces, superando elbelcantismo y poniendo la música al servicio del drama, sin por ello abandonarlos cánones del melodrama en el que la melodía imponía sus leyes.


El maestro Zubin Mehta hadirigido una versión impecable, llena de matices y tensión dramática. Impactantesla tempestad del primer acto y el  líricoinicio del cuarto acto. Gregory Kunde  ha encarnado un Otello soberbio y majestuoso.El tenor norteamericano, aclamado cantante belcantista, no sólo  ha demostrado que también puede cantar con solvencialos personajes verdianos, sino que, además, es el único tenor actual capaz deinterpretar magistralmente los dos Otello,el de Rossini y el de Verdi.  Presencia escénica y solvencia vocal einterpretativa, porque para interpretar a este moro veneciano son tanimportantes los dotes interpretativos como las cualidades canoras. Emotivo eldúo de amor del primer acto, así como el dúo con Jago en el segundo,interpretado por el barítono español CarlosÁlvarez tras unos años retirado de los escenarios. Álvarez ha vueltototalmente recuperado y con plenas facultades.


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Si los barítonos son importantesen las óperas de Verdi, en Otello loes más, dada la presencia casi constante en el escenario lo que hizo que Verdipensará cambiar el título de Otellopor el de Jago. Con Álvarez tenemosun gran Jago. Brilló en el famoso “Credo” del segundo acto. La ternaprotagonista  se completa con la sopranoitaliana Maria Agresta. Su Desdemonaes dulce y cargada de matices, y así lo demuestra en la “Canción del sauce” queprecede al famoso  parlato “Ave Maria, piena de Grazia”. Mención aparte merece el  Cor dela Generalitat Valenciana: impecable, como siempre.


Davide Livermore, auténtico factótum de la producción (firmala dirección escénica, iluminación, escenografía y vestuario)  ha apostado por una montaje austero, pero muyresolutivo y efectista, con el que demuestra que con talento e ilusión sepueden hacer muy bien las cosas sin necesidad de grandes presupuestos. Resuelvelos cuatro actos en un único espacio, una especie de anfiteatro muy sugestivo,a su vez ojo o útero, con una efectiva iluminación y  proyecciones de vídeo. Muy espectaculares resultanla tempestad del primer acto y el jardín del segundo acto, así como elmovimiento final de los elementos escenográficos que aportan la grandiosidaddel abismo aun final dramático que te deja sin aliento.


Un Otello equilibrado que es llamadoa ser de referencia.

@manologild

 

 

Estefanía G. Asensi

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