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Humor

Un alicaído Peláez

Le conocemos bien, le hemos escuchado muchas veces, llevamos meses recibiendo sus cables. Sabemos que Peláez no solo es un trabajador infatigable, sino que además es un hombre optimista por naturaleza que siempre trata de buscar el lado bueno de las situaciones, aunque no lo tenga. Sin embargo, la semana pasada el humilde periodista de provincias cayó en el desánimo más absoluto al ser consciente de que el futuro de su periódico, su profesión y su vida pendía de un hilo.

En cueros en la azotea

El prolongado veranillo de San Miguel fue la excusa perfecta esgrimida por el jefe de Peláez para, como de costumbre, no hacer nada, y tumbarse en cueros en la azotea del edificio del periódico. Tranquilo está el buen hombre pues sabe que unos pisos más abajo Peláez sigue escribiendo sin parar, como una hormiga, tratando de comprender la realidad y de transmitirla a sus lectores. Y eso que los derechos sociales son una quimera para el humilde periodista de provincias y que su labor en el periódico se ha reducido al absurdo de tener, incluso, que hacerle cosquillas a su ínclito jefe porque le da ‘gustirrinín’.

Que vienen los cuervos

Si algo teme el jefe de Peláez, un hombre hecho a sí mismo que parece no sentir miedo ante nada ni nadie, es a “los cuervos”. Las visitas de los miembros del consejo de administración del grupo de comunicación al que pertenece su humilde periódico de provincias nunca traen nada bueno y, por ello, el jefe comenzó la semana tratando de ocultarse de ellos tras una cortina.

Sobre becarios ventilantes y otras aberraciones

Las razones por las que un profesional de la talla y el empaque de Peláez sigue a las órdenes de su ínclito jefe, por más esfuerzos que hacemos, no las llegamos a comprender. Un hombre con el que es imposible mantener la más trivial de las conversaciones, que trata con despotismo a sus empleados y que, para colmo, no les paga, ¿cómo puede seguir ahí? ¿cómo puede el periodista de provincias seguir a su servicio?

Lo estamos perdiendo

Definitivamente, como dirían en una serie de médicos norteamericana, al jefe de Peláez “Lo estamos perdiendo”. Porque cada vez nos cuesta más comprender a este personaje incomparable. El pasado jueves nos enterábamos de que tenía una manzana en la nevera desde hace veinte años y el viernes insistía, mientras jugaba a los dardos en su despacho, en poner como foto de portada del diario un atardecer en Benalmádena.

Elvis en Alcorcón

Hay pocas cosas en este mundo que alegren la existencia del jefe de Peláez, un hombre enfrentado con la realidad, harto de cuanto le rodea. Esta semana, sin embargo, ha encontrado algo que le llena de ilusión: Eurovegas. La posibilidad de hundirse en el pozo del juego, fumar en los casinos y casarse disfrazado de Elvis en los alrededores de Madrid le ha levantado el ánimo.

De nuevo en la brecha

Peláez ha vuelto.– Tacha, tacha.– Por qué.– Porque nunca se fue.Es cierto. Peláez ha permanecido al pie del cañón, en la redacción del periódico de provincias por el que se desvive, durante todo el mes de agosto. Si a 360gradospress no llegaron cables de sus conversaciones con el director se debió a que fue este –y todos los demás– el que se fue de vacaciones.

Eau de pacharán

La semana comenzó, una vez más, con nuevos recortes. En esta ocasión, el consejo de administración decidió retirar la tecla eñe de los teclados por su escaso uso y quitarle el móvil a Peláez. Las cosas no mejoraron los días siguientes en los que el jefe de nuestro querido periodista no acabó de admitir sus problemas con el alcohol que le han llevado a perfumarse durante más de veinte años con pacharán Zoco.

El peor de los tiempos

Vivimos el peor de los tiempos, como diría Dickens, especialmente para una profesión vilipendiada y ultrajada como el periodismo, que ha de afrontar situaciones límite cada día. Pasaron los días de vino y rosas y tan solo queda resaca y tallos secos, los rescoldos del ayer, y en la redacción del periódico de provincias de Peláez el ascensor sigue averiado y solo se puede subir mediante polea.

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