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Humor

Cambios en la redacción

Corren tiempos de cambio en nuestro mundo y no es menos el periódico de provincias de Peláez en el que el jefe se ha decidido, de una vez por todas, a reformar la página web. Bien es cierto que para esta remodelación ha contratado a un aparejador y tiene previsto tirar tabiques y colocar ladrillos.

Al borde de la locura

Por primera vez desde que la redacción de 360 Grados Press recibe los “leaks” del periódico en el que (sufre y) trabaja Peláez, hemos tenido la tentación de pasar a la acción. Y es que creemos que el jefe del humilde periodista de provincias está ya al borde de perder la razón y tememos por nuestro héroe.

“Olvido pero no perdono”

El jefe de Peláez, ese hombre que por mucho tiempo que pase y muchas páginas que le dediquemos nunca podremos llegar a explicar, no sabe de huelgas y, ante la ausencia de Peláez el 14N, pensaba que a su redactor algo le había sucedido y, para recuperarlo, ofrecía una recompensa: un cucurucho de castañas.

Días duros en la redacción

La semana pasada descubrimos que nuestro querido y respetado periodista tiene vida propia y dedica las noches de los jueves –los viejos sábados– a salir de copas con sus compañeros de redacción. Lamentablemente, su ínclito jefe quiso unirse haciéndose pasar por otro “mugriento plumilla” y estamos seguros de que les amargó la noche.

Una vida sin lunes

Semana más que corta en la redacción de Peláez a causa del tradicional puente de todos los santos. Sin embargo, no os confundáis, queridos lectores, no fue el humilde periodista de provincias el que se fue de vacaciones estos días, sino su director y el resto de compañeros.

Un alicaído Peláez

Le conocemos bien, le hemos escuchado muchas veces, llevamos meses recibiendo sus cables. Sabemos que Peláez no solo es un trabajador infatigable, sino que además es un hombre optimista por naturaleza que siempre trata de buscar el lado bueno de las situaciones, aunque no lo tenga. Sin embargo, la semana pasada el humilde periodista de provincias cayó en el desánimo más absoluto al ser consciente de que el futuro de su periódico, su profesión y su vida pendía de un hilo.

En cueros en la azotea

El prolongado veranillo de San Miguel fue la excusa perfecta esgrimida por el jefe de Peláez para, como de costumbre, no hacer nada, y tumbarse en cueros en la azotea del edificio del periódico. Tranquilo está el buen hombre pues sabe que unos pisos más abajo Peláez sigue escribiendo sin parar, como una hormiga, tratando de comprender la realidad y de transmitirla a sus lectores. Y eso que los derechos sociales son una quimera para el humilde periodista de provincias y que su labor en el periódico se ha reducido al absurdo de tener, incluso, que hacerle cosquillas a su ínclito jefe porque le da ‘gustirrinín’.

Que vienen los cuervos

Si algo teme el jefe de Peláez, un hombre hecho a sí mismo que parece no sentir miedo ante nada ni nadie, es a “los cuervos”. Las visitas de los miembros del consejo de administración del grupo de comunicación al que pertenece su humilde periódico de provincias nunca traen nada bueno y, por ello, el jefe comenzó la semana tratando de ocultarse de ellos tras una cortina.

Sobre becarios ventilantes y otras aberraciones

Las razones por las que un profesional de la talla y el empaque de Peláez sigue a las órdenes de su ínclito jefe, por más esfuerzos que hacemos, no las llegamos a comprender. Un hombre con el que es imposible mantener la más trivial de las conversaciones, que trata con despotismo a sus empleados y que, para colmo, no les paga, ¿cómo puede seguir ahí? ¿cómo puede el periodista de provincias seguir a su servicio?

Amor basura y petanca

Por primera vez en todo el tiempo que llevamos recibiendo estos inclasificables cables – valga la redundancia– hemos visto algo parecido a un sentimiento en el jefe de Peláez, nuestro querido y admirado periodista de provincias.

Su mundo interior eran tan solo gases

El verano ha entrado de golpe, como un pariente pesado, en la redacción del periódico de provincias de Peláez y tanto el humilde redactor como su jefe padecen las consecuencias.

Lo estamos perdiendo

Definitivamente, como dirían en una serie de médicos norteamericana, al jefe de Peláez “Lo estamos perdiendo”. Porque cada vez nos cuesta más comprender a este personaje incomparable. El pasado jueves nos enterábamos de que tenía una manzana en la nevera desde hace veinte años y el viernes insistía, mientras jugaba a los dardos en su despacho, en poner como foto de portada del diario un atardecer en Benalmádena.

Elvis en Alcorcón

Hay pocas cosas en este mundo que alegren la existencia del jefe de Peláez, un hombre enfrentado con la realidad, harto de cuanto le rodea. Esta semana, sin embargo, ha encontrado algo que le llena de ilusión: Eurovegas. La posibilidad de hundirse en el pozo del juego, fumar en los casinos y casarse disfrazado de Elvis en los alrededores de Madrid le ha levantado el ánimo.

De nuevo en la brecha

Peláez ha vuelto.– Tacha, tacha.– Por qué.– Porque nunca se fue.Es cierto. Peláez ha permanecido al pie del cañón, en la redacción del periódico de provincias por el que se desvive, durante todo el mes de agosto. Si a 360gradospress no llegaron cables de sus conversaciones con el director se debió a que fue este –y todos los demás– el que se fue de vacaciones.

Unos se quedan, otros se van

Peláez daba por hecho, el pasado viernes, que su jefe había comenzado ya las vacaciones y lo imitaba en su despacho cuando el susodicho entró hecho una furia. Y es que el ínclito director del periódico provinciano afirmaba irse siempre en agosto, como el vencejo común.

Eau de pacharán

La semana comenzó, una vez más, con nuevos recortes. En esta ocasión, el consejo de administración decidió retirar la tecla eñe de los teclados por su escaso uso y quitarle el móvil a Peláez. Las cosas no mejoraron los días siguientes en los que el jefe de nuestro querido periodista no acabó de admitir sus problemas con el alcohol que le han llevado a perfumarse durante más de veinte años con pacharán Zoco.

Un hombre perdido

“¡Que se jodan!” gritaba insistentemente el jefe de Peláez desde su despacho. Ante este hecho nada habitual, nuestro intrépido periodista provinciano acudió a preguntarle a su superior qué le sucedía. Resultó que está estudiando para diputado y se hallaba en el dificilísimo tema 3: Exabruptos.

La ruleta asturiana

La semana comenzó con un brindis entre nuestro querido periodista y su jefe por el descubrimiento del bosón de Higgs, aunque el director del decadente diario de provincias creía que se trataba de un sobón, un hombre que se aprovechaba de las mujeres.

Golpes de realidad

Corren tiempos difíciles para todos y, prueba de ello, a pesar de los esfuerzos llevados a cabo por el director, las cuentas no cierran en el periódico de provincias de Peláez. Por esa razón, el jefe se ha planteado hasta vender el hígado de su redactor.

El peor de los tiempos

Vivimos el peor de los tiempos, como diría Dickens, especialmente para una profesión vilipendiada y ultrajada como el periodismo, que ha de afrontar situaciones límite cada día. Pasaron los días de vino y rosas y tan solo queda resaca y tallos secos, los rescoldos del ayer, y en la redacción del periódico de provincias de Peláez el ascensor sigue averiado y solo se puede subir mediante polea.

Una fábrica de tecnología y tristeza

Las nuevas tecnologías protagonizan, queramos o no, nuestra vida cotidiana y el periódico regional en el que trabaja Peláez no está al margen de esta realidad.

Manda huevos

¿Qué medio no se ha propuesto al menos una vez en los últimos años escribir un reportaje sobre el sector de la construcción español? Muchos son los que lo han hecho, por no decir todos, pero ninguno como el periódico de provincias en el que trabaja Peláez y dirige su ínclito jefe quien decidió comenzar el análisis por una partida de Monopoly.

El mundo es cruel

Esta crisis que sobrevuela como un buitre carroñero nuestras cabezas no pasa de largo de la redacción del periódico de provincias en el que escribe, sirve cafés y plancha camisas Peláez.

Miedo y asco en la redacción

La semana comenzó con el pánico en la mirada del jefe del periódico en el que Peláez malgasta su vida ante el temor de que los periodistas, tras las subidas en el transporte público, se estamparan contra los cristales al intentar arribar a la redacción en tirolina. Como lo que mal empieza, mal acaba, la semana concluyó de manera abrupta en una discusión entre el célebre redactor de provincias y su jefe pues este era incapaz de mantener una conversación sobre el asunto más sencillo. Puede, todo hay que decirlo, que se viera influenciado por el temor y el asco que sintió al ver a un banquero corretear por la calle –él lo confundió con una rata– o su incapacidad para diferenciar entre el salón de su casa y la redacción del periódico que, con más pena que gloria, gestiona, y a la que el pasado viernes fue en pijama y zapatillas.

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