Un alicaído Peláez

Le conocemos bien, le hemos escuchado muchas veces, llevamos meses recibiendo sus cables. Sabemos que Peláez no solo es un trabajador infatigable, sino que además es un hombre optimista por naturaleza que siempre trata de buscar el lado bueno de las situaciones, aunque no lo tenga. Sin embargo, la semana pasada el humilde periodista de provincias cayó en el desánimo más absoluto al ser consciente de que el futuro de su periódico, su profesión y su vida pendía de un hilo.

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Su jefe acudió entonces a animarlo, a su modo, ydesde entonces continúan bregando para salir de tal difícil situación con muchotrabajo y nuevas ideas. Alguna de ellas, alocada, al más puro estilo deldirector del periódico: que Peláez acuda con una nariz de payaso a las ruedasde prensa para llamar así la atención…

 




Jueves 11 de octubre

 

– ¡Peláez!
– …
– ¡Peláezzzzz!
–…
– ¡Pe Pe Pe Pelááááááááezzzzzz!
– Ese soy yo, o eso creo…
– ¿Qué le pasa? Tiene cara de payaso triste.
– Triste me hallo, jefe.

– ¿Y por qué? ¿No es feliz aquí?
– El periodismo se derrumba, como esa casita del siglo diecisiete de ahí.
– Es vieja, Peláez… Además, van a construir un centro comercial con pistas depádel y tiendas de la pera limonera.
– ¿Lo ve? Nada permanece, todo es pasajero y superficial.
– No todo, está este ilustre periódico. Que es permanente y profundo.
– Lo sé, por eso nos hundimos.
– No sea tan pesimista, carajo.
– No vendemos un anuncio desde febrero.
– ¿En qué mes estamos?
– Octubre
– ¡Hostias!
– Sí, jefe, o hacemos algo o habrá que bajar la persiana.
– Algo se me ocurrirá, Peláez.
– Yo ya le he dado mil vueltas y no veo salida…
– ¡Ya está!
– ¿Lo tiene?
– Sí
– ¿La solución definitiva?
– Sí
– ¿Cuál es, jefe?
– Quite esa persiana.

 

 

Lunes 15 de octubre

 

– Peláez, Peláez, Peláez…
– ¿Qué pasa, jefe?
– Es entrar por la puerta y verlo ahí escribiendo como un pocero
– Poseso, jefe
– ¿Pues eso qué?
– Como un poseso, digo
– No le entiendo ganapán.
– Déjelo jefe…

– ¡Olvídeme!
– Lo intento…
– ¡Consígalo, es una orden!
– Lo haré…
– ¡Ahora mismo!
– Hecho…
– ¿El qué?
– …
– ¿Me ignora?
– Usted me lo pidió, jefe
– Pues dámelo coño.
– ¿El qué?
– ¡Qué se yo!
– Pare quieto, jefe, por favor.
– Soy un espíritu libre, no puedo detenerme.
– Está bien, váyase entonces.
– De aquí no se va nadie si yo no lo digo.
– De acuerdo…
– Me voy
– ¿Ahora?
– O nunca
– Pues adiós
– Adiós

 

 

Martes 16 de octubre

 

– ¡Hola, jefe!
– ¡Aggggggggggggh!
– ¿Qué le pasa?
– ¡Cojón, Peláez! ¡Menudo susto! ¿Qué coño hace dentro de mi ordenador?
– Es Skype, jefe.
– Es un IBM de toda la vida de Dios.
– Quiero decir que no estoy dentro de su ordenador, le llamo desde Skype. Hevenido al Planeta.
– ¿Pero cómo ha ido hasta allí?

– En tren, jefe, hasta Barcelona.
– ¿Barcelona está en otro planeta? ¡Eso sí que es independencia, carajo!
– No se entera usted de nada.
– ¡Jodón! Estoy jugando mi solitario matutino en el ordenador y veo su careto,¿cómo se come eso?
– Las nuevas tecnologías, jefe.
– Prefiero las viejas: el café de puchero y la tragaperras. No necesito más.
– Bueno, ¿no quiere saber quién ha ganado el premio?
– ¿Miguel de Cervantes?
– Está muerto, jefe…
– Vaya… a ver déjeme pensar, alguien que haya escrito mucho… ¿El tal Anónimo?
– No, hombre…
– A ver, quién..
– Lorenzo Silva.
– Como si canta gregoriano, ¿quién ha ganado el puto premio?
– Olvídelo, jefe.
– Olvidado. Vuelva cuanto antes y tráigame algo del espacio sideral.
– Lo haré, jefe, lo haré.

 

 

Miércoles 17 de octubre

 

– ¡Peláez! ¡A mis pies!
– En ellos estoy, jefe.
– ¿Y qué hace?
– Fijo, limpio y doy esplendor a sus zapatos.
– Levántese, ya basta, ya me veo reflejado.
– ¿Qué quiere, jefe?
– Creo que ya tengo la solución a mis males.
– ¿Viagra?

– No, hombre, a los males del periódico.
– Ah…
– Hay que llamar la atención.
– ¿Usted cree? Pensaba que había que contar lo que sucede.
– Bueno, eso si se tercia, pero lo importante es llamar la atención.
– ¿Y qué quiere hacer?
– ¿Tiene hoy rueda de prensa del alcalde?
– Claro, jefe, como todos los martes una vez cada tropecientos años.
– Perfecto, pues póngase esto.
– ¿Una nariz de payaso?
– Claro, Peláez, las cámaras se fijarán en usted.
– ¿No perderemos credibilidad?
– Eso es imposible.
– ¿Por qué?
– Porque no la tenemos.
– Está bien…
– Venga, andandito. Le espero aquí. Cuando vuelva traiga una lima, las uñas yalas pongo yo.


 

Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress.


La foto es de Marga Ferrer

David Barreiro

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