Segovia bajo el influjo de Machado

Una inmensa mole de piedra en forma de Acueducto da la bienvenida al casco antiguo de Segovia. La Catedral, el Alcázar y un sinfín de iglesias románicas dan lustre y monumentalidad a las estrechas calles empedradas. En todas ellas, noventa años después, se sigue respirando la influencia de uno de los más grandes poetas que ha dado España. Sólo vivió en la capital segoviana trece años, pero la huella de Antonio Machado permanece intacta, imborrable pese al paso del tiempo.

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Lo primero es el Acueducto.Grandioso. Monumental. Incomparable. La obra magna de la ingeniería romana enEspaña. El símbolo por excelencia que Segovia luce orgullosa en su escudo. Unmonumento que abruma por su inmensidad y su sencillez. Una de esas construccionesque hacen al hombre sentirse pequeño. Pero también gigante. Al fin y al cabofueron hombres los que construyeron el Acueducto, los que pusieron piedra sobrepiedra. Se desconoce la fecha exacta de su construcción, pero lo cierto es queno existían máquinas. Ni ordenadores. Ni siquiera luz. Sólo la fuerza bruta delser humano. Tan pequeño. Tan grande.


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El Acueducto es la principalatracción de los turistas, que se fotografían y lo fotografían desde todos losángulos y posiciones. Es la foto que no debe faltar para demostrar que hasestado en Segovia. Algo así como la Torre Eiffel en París. También es la puertade entrada al casco antiguo segoviano. A las calles empedradas que casi a cadapaso nos recuerdan el pasado románico de la ciudad y que nos conducen alAlcázar, un castillo con aire Disney (no en vano, fue una de las inspiracionespara crear el castillo de La Cenicienta) que desde la Torre de Juan II ofreceunas vistas impagables de Segovia y sus alrededores.


A medio camino entre el Acueducto yel Alcázar, en plena Plaza Mayor de la ciudad, la Catedral de Santa María deSegovia luce con toda su elegancia. La belleza de este monumento, una de lascatedrales góticas más tardías de Europa, le ha valido el sobrenombre de “La dama de las catedrales”. Paralizadaante tal esplendor, en un segundo plano, queda la figura en bronce que desde2010 la ciudad segoviana dedica a Antonio Machado. A espaldas del poeta, elcafé del teatro Juan Bravo, donde el entonces profesor Machado realizaba sustertulias con otros intelectuales de la época.


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Es la primera referencia que elvisitante se encuentra del ‘poeta del pueblo’. Aunque a partir de ese momento,a poco que uno preste atención, su figura lo impregna todo. Partiendo de laPlaza Mayor hacia el Alcázar, un cartel nos invita a acceder a la Calle de losDesamparados. Allí, en el centro mismo de la vía, se encuentra la Casa-Museo deAntonio Machado, el lugar donde el poeta pasó 13 años, desde 1.919 hasta 1.932,mientras ejercía como profesor de francés en el Instituto General y Técnico.


Una humilde pensión en la queAntonio Machado disfrutó de su madurez y vivió su momento más político, volcadoen la defensa de la República y de la alfabetización de los habitantes de laprovincia. Allí, en Segovia, y de la mano del poeta nacieron las ‘Misionespedagógicas’ que luego se fueron extendiendo por toda España. La intención eraenseñar a leer y a escribir a los ciudadanos, de forma gratuita, como forma deconseguir una ciudadanía alfabetizada. Sólo así se podía tener un pueblo libre.


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También en Segovia, salpicado ya porla desgracia de la muerte del amor de su vida, la joven Leonor, Antonio Machadose reencontró con este sentimiento de la mano de Pilar de Valderrama, laGuiomar de sus poemas. Una mujer casada que permaneció en el anonimato durantemuchos años y que hizo que Machado viajase a Madrid con frecuencia paravisitarla. Como dos amantes furtivos que se conocieron precisamente a la sombrade la Catedral de Segovia.


Cartas, poemas, ediciones de sus‘Campos de Castilla…‘ A la pensión, perfectamente conservada, no le falta ningúndetalle de la época. Mucho menos a la habitación de Antonio Machado, conservadatal y como la dejó el poeta el día de su partida, ya que Doña Luisa Torrego, lacasera, jamás la volvió a alquilar. Como si esa habitación fuese para siemprede Machado. Como si nadie, jamás, pudiese igualar tan ilustre compañía.


El trágico final de la vida deAntonio Machado es conocido. Historias crueles de una guerra y de unsinsentido. A la salida de la Casa-Museo nos espera el busto del poeta. Unaimagen y una historia que nos acompañas ya durante el resto de la estancia,como si todo en la ciudad estuviese bajo el influjo de Machado.

@acordellat

Adrián Cordellat

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