Que vienen los cuervos

Si algo teme el jefe de Peláez, un hombre hecho a sí mismo que parece no sentir miedo ante nada ni nadie, es a “los cuervos”. Las visitas de los miembros del consejo de administración del grupo de comunicación al que pertenece su humilde periódico de provincias nunca traen nada bueno y, por ello, el jefe comenzó la semana tratando de ocultarse de ellos tras una cortina.

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Porque no puede soportar la prepotencia con la quetratan a sus empleados por más que él trate mucho peor a Peláez. El redactor,por su parte, se conforma con pequeños avances como publicar las noticas enformato digital –aunque su director piense que el código html no sean más queun puñado de erratas– y con explicarle a su ínclito superior lascuestiones más elementales al más puro estilo La vida de Brian como el hecho de que nunca pudo dar a luz a suhijo porque, por mucho que se empeñe, no tiene matriz.

 

 

Jueves 18 de octubre

 

– ¿Qué hace detrás de la cortina, jefe?
– ¡Leñe, Peláez! ¿Cómo me ha visto?
– Le asoman los zapatos.
– ¡Mierda! ¿Me los quito?
– Le asomarán los pies.
– ¡Joder! Es que levito fatal…
– ¿De quién se esconde, jefe?
– De los cuervos, Peláez, están al llegar.

– ¿Qué es lo que quieren?
– Ver las cuentas, Peláez, ¿qué van a querer? ¿Café con pastas?
– ¿Son malas esas cuentas?
– ¿Malas? ¡Ja! Mire el gráfico, Peláez.
– La pizarra está en blanco, jefe.
– Más abajo, Peláez, la pizarra solo llega hasta menos diez.
– ¿En la pared?
– Más abajo…
– ¡Ya lo veo! ¿Es esa línea pintada en el zócalo?
– Esa es, Peláez, esa es.
– Va a llegar al suelo.
– Lo sé…
– ¿Y esos números rojos?
– No me lo recuerde…
– Jefe…
– ¿Qué?
– Levite, por su bien y el mío, levite.

 

 

Viernes 19 de octubre

 

– ¿Sabe lo que más me jode, Peláez?
– ¿Esos juanetes que tiene en los pies?
– No, más importante.
– ¿La pobreza?
– Más importante.
– ¿La guerra?
– Mucho más importante.
– No caigo.

– La chulería de los cuervos, Peláez. Llegan aquí con sustrajes y sus Mercedes… Se creen superiores.
– Son superiores, jefe.
– Eso es cierto… Pero esos cochazos…
– No son suyos, jefe, son de leasing.
– ¿De Luisín? ¿El redactor de sucesos macabros?
– No exactamente…
– Bueno, unos tantos y otros tan poco… Tengo que contratar a redactores, perono tengo un céntimo, Peláez.
– Ya me he dado cuenta, jefe…
– Es usted muy perspicaz.
– Son los tiempos que nos ha tocado vivir, jefe, la escasez.
– ¿Sabe qué? Estaba pensando en contratar a esos pequeñines…
– ¿Becarios?
– No, becarios no, esos son para el verano, como las bicicletas. Me refiero alos minijobs. ¿Cree que cabrán ahí, en la alacena, junto al azúcar?
– No es eso, jefe…
– Está bien, está bien, los pondré en la redacción. Cuatro en cada mesa, unasilla por pareja, que compartan teclado, lápiz y ratón.
– Lo que usted diga.
– Ahora mismo voy a llamar para que me manden media docena ¿cuál es el teléfonodel bosque?

 

 

Lunes 22 de octubre

 

– ¡Dios mío!, Peláez! ¿Qué mierda es esa?
– La noticia del día, jefe.
– ¿Noticia? ¡Pero si está llena de erratas, Peláez! ¿Tiene usted dedos en lasmanos o espárragos cojonudos?
– ¿A qué se refiere, jefe?
– A todos esos símbolos, carajo.
– Es html, jefe.
– ¿Hache qué? Use vocales, hijo. Sé que no le pago mucho, pero no se las coma.
– Es un código de escritura de internet.

– ¿Pero para qué?
– Para las negritas, por ejemplo.
– Será vicioso…
– No, hombre, los saltos de párrafo, las cursivas, los distintos estilos…
– Gomorra, vamos.
– No, jefe…
– No siga, no siga… Me apunto a ese puticio, al Html ese. Esta tarde vamosjuntos. A las cinco.
– Tenemos que cerrar el número, jefe.
– Dejaremos abierto y luego volvemos. Lo primero es lo primero. Voy a midespacho a estirar, no quiero lesionarme.

 

 

Martes 23 de octubre

 

– Aj.
– ¿Qué le ocurre, jefe?
– Aj.
– Jefe, me ha escupido.
– Lo siento, Peláez. Cuando me cabreo, perdigoneo. Aj.
– ¿Pero qué le pasa?
– No soporto a mi hijo.
– ¿Por qué, jefe?

– Porque no estudia un carajo, Peláez.
– ¿Qué está haciendo?
– Eso.
– ¿Pero qué edad tiene?
– Cuarenta y tres.
– ¿Y sigue en la ESO?
– ¿La Eso? No, hombre, que estudia eso, eso de pensar…
– ¿Filosofía?
– Exacto. Lleva veintitrés años de carrera. Veintidós y medio de tuna.
– Será todo un sabio, jefe.
– Desde luego es listo de cojones, no se hace ni la cama.
– Quizás deba dejarle las cosas claras, jefe.
– Es imposible, Peláez. Lo he intentado, pero… lo llevé en mi vientre, ¿sabe?
– No puede ser, jefe…
– ¿Por qué?
– Porque usted no tiene matriz…
– ¿Ah no?
– Me temo que no…
– ¿Entonces no lo parí yo?
– No, jefe, debió de ser su mujer…
– Aaaaamigo…
– ¿Adónde va, jefe?
– A cantarle las cuarenta a ese zángano.
– De acuerdo, pero tranquilícese, jefe, está usted rojo como un tomate.
– No se preocupe, Peláez, es la menopausia.
– Ya.

 

 

Miércoles 24 de octubre

 

– Buenos días, jefe.
– ¿Me está sonriendo, picarón?
– Siempre sonrío al saludar, jefe.
– ¿Siempre, machoman?
– ¿Pero qué le pasa, jefe?
– Me pasan tantas cosas por la cabeza, mi parata…
– ¡Jefe!
– Uy, coño, perdone, Peláez, es que estoy leyendo 50 sombras de Grey y no veacómo me pongo.

– ¿Pinochete, jefe?
– Qué gran dictador.
– Uffff…
– No suspire bribón, que me enciendo…
– Pues coja el extintor.
– Tráigamelo usted, bombero mío…
– Brrrrrr…



Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress.


La foto es de Marga Ferrer

Javier Montes

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