Málaga la Bella

360gradospress accede a los rincones más llamativos de la capital de la Costa del Sol, una ciudad que está viva todo el año.

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La llaman Málaga la Bella, y es normal. Esta ciudad andaluza no es grande en extensión, pero ni falta que le hace. Tierra de colores vivos, de olor a salitre, de flamenco y buen humor. La capital de la Costa del Sol está situada detrás de los Montes de Málaga, que la resguardan del frío y ofrecen carta blanca a los rayos del sol, que calientan a conciencia la ciudad y le regalan temperaturas suaves y agradables.

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Una de las estampas más populares de la capital son su Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro, que se alzan como testigos de la historia de Málaga. También en las alturas se encuentra el mirador, que ofrece una vista espectacular de la ciudad, de la plaza de toros y del balcón al mar. El Mediterráneo baña la costa de la ciudad andaluza, de donde uno no puede irse sin pisar alguna de sus playas, como la Malagueta. Hundir los pies en la arena mientras se degusta un buen espeto de sardina no es sólo tradicional, sino también absolutamente placentero.

Y de la playa, al corazón de la ciudad. La mítica calle Marqués de Larios es la más importante de Málaga, donde los balcones son cómplices de la tremenda devoción por su Semana Santa. Pero Larios es más que una calle comercial; es un paseo, es un museo al aire libre de exposiciones itinerantes y esculturas permanentes, es un símbolo de la ciudad.

Como también lo es su catedral. Los malagueños la llaman “La Manquita”, porque le falta una de las torres desde hace más de doscientos años, cuando las obras se interrumpieron. Aunque no está “completa”, en Málaga la quieren así, con un sólo brazo que se eleva como queriendo tocar el cielo. Como si en realidad no fuese manca, como si así tendría que haberse dibujado desde un principio en sus planos.

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Cada recodo de Málaga recuerda que se trata de una ciudad andaluza, donde no faltan las flores que se asoman entre las rejas de los balcones. Y de allí, de Málaga, salieron importantes personalidades, como Picasso. Su casa museo está en la Plaza de la Merced, donde van a parar diferentes calles abarrotadas de tabernas donde tomar una buena tapa de queso y jamón con vino de la tierra.

Pero, sin duda, y a pesar de que un paseo por la Alameda o el Parque es recomendable, los monumentos o las calles no son lo más destacado de esta ciudad. Lo mejor de Málaga es su gente. Los malagueños son abiertos, alegres y se arrancan a cantar sin pudores, aunque no entonen bien, aunque sólo sea para compartir felicidad. Durante la feria de agosto, la ciudad no duerme de noche, ni de día. Miles de turistas inundan las casetas, a las que puede acceder todo el mundo para vivir en primera persona estos días de jolgorio. La música no falta, como tampoco las tapas, el “pescaíto frito” ni el rebujito, que refresca las gargantas sedientas por el calor. Ya sea en verano o en invierno, Málaga está viva. Y eso se percibe desde el momento en el que se pisa su tierra por primera vez.
 

Lorena Padilla

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