Remanso de creatividad

Llegamos a Bédar (Almería) huyendo del mundanal ruido veraniego para contactar con la tranquilidad de un enclave que ha congregado la presencia de multitud de artistas europeos gracias a su fuerza inspiradora.

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Encontrar una tienda de variedades en una casa, un espaciopara la juventud, un monumento silencioso a la minería y agua en el desiertoalmeriense es posible. Pero también una producción artística anónima, el silenciode una sierra viva y naturaleza. A priori pueden parecer ingredientes comunes aotros muchos municipios de la península, pero este rincón del levantealmeriense tiene la magia que sólo puede encontrarse en los enclaves conhistorias por retratar o describir, las mismas que sirven de inspiración paraquienes extraen de ellos pellizcos de creatividad.

Bédar se ubica en el interior de la provincia de Almería, a20 kilómetros de la mayor referencia turística de la zona: Mojácar. Si en losaños 70 este último municipio protagonizó un eje hippie con la isla de Ibiza yfue cobijo para numerosos artistas, el desarrollo urbanístico de la playa y lallegada masiva de turistas alejaron de sus faldas a los que vivían de pintarcuadros, de hacer esculturas, de componer música o de escribir. Y se fueron aBédar, un municipio pequeño que vigila desde la sierra Filabres a su hermanomojaquero con las mismas virtudes que su antecesor en el privilegio de darcobijo a artistas extranjeros y españoles.

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Pasear por sus calles es alcanzar trozos de su historia, dela ocupación musulmana, de la minería de la que vivió entre el XIX y la primeramitad del siglo XX. Una estatua recuerda a los vecinos que murieron en la minaen aquella época y el silencio que recoge el pueblo invita al visitante adescansar las palabras en susurros de admiración. Nadie eleva la voz por encimade la tranquilidad del entorno de la sierra de Bédar, como si reírse superandolos decibelios de la educación desquebrajara los mimbres del entorno.

Con todo, el visitante se topa de lleno con los atractivosde la historia de Bédar, con una oferta de rutas específicas por las ruinas delas minas del término municipal, caminos para practicar el senderismo por lasierra y rutas urbanas por los rincones del agua (fuentes, lavaderos,regueros…), líquido elemento que enriquece aún más si cabe a Bédar, rodeado noa muchos kilómetros del desierto almeriense.

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Como detalle ‘hippie’ el centro artesanal del municipioacoge la producción de los artistas residentes, incluso se convierte enimprovisado taller para todos ellos. Instrumentos, cuadros, esculturas y otrostrabajos artesanales quedan a disposición de los visitantes en un centro decultura compartida difícil de encontrar en otras latitudes.

Bédar sorprende a quien procede de núcleos urbanos o dedestinos turísticos repletos de carteles de productos o restaurantes típicos.En este pueblo almeriense no es necesario colocar en ningún cartel el apellido‘típico’ porque todo lo es sin necesidad de ese reclamo, hasta la generosidadcon la que te saluda la gente cuando cruzas tu paso con algún vecino. Porque eneste pueblo todavía se puede saludar a la persona anónima, jugar con las ranasen una balsa, pasear escuchando los ruidos de la naturaleza, comer comidaespañola cocinada por extranjeros y viceversa, pasear hasta las afueras yencontrarse con cabras montesas y adivinar el sentido de las creacionesartísticas de muchos de sus vecinos mientras degustas una cerveza a la sombrade una encina. La creatividad también puede invadir al visitante, que bienpuede trazar una ruta alternativa distinta a las sugeridas para encontraralguno de los tesoros ocultos que, según dicen los lugareños, aún quedan pordescubrir escondidos por las culturas que lo habitaron a lo largo de suhistoria.

Óscar Delgado

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