Sin recreo
La sirena ha sonado hace dos minutos, 28 segundos y catorce milésimas, pero la profesora continúa su sermón. Me desespera, robar tiempo libre a un niño es como prohibirle ser directo. Lógicamente, no he prestado atención a ninguna de sus enseñanzas, a ver si piensa que el orgullo infantil es menos testarudo que el de un adulto, cuando tengo razón no me da la gana escuchar a quien me la roba con malas artes. Lo mejor es que hemos conseguido estar calladitos, algo que ha ayudado a que la multa final de tiempo ascienda sólo a cinco minutos, 1 segundo y cero milésimas.