Saborear la magia de Escocia en una semana

Hay países que no puedes olvidar, que sus paisajes, sus ciudades y sus gentes se quedan grabados en la retina con la esperanza de regresar algún día. Uno de ellos es Escocia, cuyas Tierras Altas, las Highlands, te envuelven en un aura de magia e historia, con paisajes espectaculares a la vez que melancólicos. Un viaje que se puede hacer durante ocho días en una ruta circular que va de Edimburgo a Inverness y de allí a la Isla de Skye y Glasglow.

De Escocia conocemos la famosa película que, bajo el grito de libertad, cuenta, con más o menos acierto, la vida de uno de sus héroes nacionales, William Wallace. Pero este país es mucho más que ese personaje, que el kilt, el whisky o jugar al golf en Saint Andrews. Las Highlands, la isla de Skye o The Jacobite Train son algunos de los tesoros que guarda una tierra histórica, asombrosa y nostálgica, llena de magia y gente hospitalaria.

 

Si estas vacaciones quieres visitar un lugar que te impacte, alejado del sol y playa, y no tienes muchos días, Escocia es tu destino. En una semana puedes recorrer de norte a sur el país disfrutando de sus espectaculares paisajes, su gastronomía y sus fabulosos bed & breakfast. Y es que es recomendable hacer noche en un B&B porque, además de bonitos, con muchos detalles, y bien cuidados, tienen un precio mucho más asequible que un hotel.

 

Volamos de Madrid a Edimburgo, ida y vuelta, también para que salga más económico; de esta manera, además, se puede diseñar una ruta circular y, en el mismo aeropuerto,  alquilar el coche. Y sí, hay que ser valiente para que, nada más bajar del avión, conduzcas al revés. Sólo hay que cambiar el ‘chip’ y en seguida te ves conduciendo en una autovía por el lado contrario al que hemos aprendido.

 

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La primera noche se pasa en Edimburgo: así puedes contemplar, mientras paseas, cómo cambia la Royal Mile de noche y a plena luz del sol. Al día siguiente, antes de partir hacia el norte, hacia las Highlands, visita el famoso castillo de Edimburgo. Como el objetivo es dormir la segunda noche en la preciosa comarca de Perthshire, sólo da tiempo a conocer lo más destacado de esta ciudad de cuento.

 

Para ir al norte, se pueden escoger dos caminos: uno por Stirling y otro por Saint Andrews y Aberdeen. Personalmente, como no iba a jugar al golf e ir a Aberdeen suponía desviar mucho el rumbo, elegí la M9 hacia Stirling para conocer el monumento a William Wallace, que se construyó tras su celebre victoria en esta zona en 1297, y el castillo de esta pequeña población. La idea es pasar la noche en un B&B a pocos kilómetros de Perth, ciudad a la que se llega en seguida por la A9.

 

En Perthshire recomiendo uno de los mejores restaurantes de comida escocesa, que se encuentra en el hotel Glencarse, al este de Perth. Aún recuerdo el salmón y las judías planas que lo acompañaban: increíbles. Al día siguiente, y sin desviarnos de la A9, llegamos al castillo de la familia Blair, famoso por su excelente conservación y los enormes árboles que lo rodean. Conforme avanzamos hacia las tierras altas de Escocia, el paisaje va transformándose hasta divisar el parque natural de Cairngorm, con sus montañas glaciares redondeadas.

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No hay que perderse subir en el funicular de para contemplar, desde lo alto, la inmensidad de las Highlands. Una anécdota: allá arriba, me topé con la celebración de una boda. Las dos familias de la pareja con sus kilt correspondientes y las gaitas acompañando la llegada de los invitados hizo de aquello un momento inolvidable.

 

Siguiente parada de dos noches: Inverness, una ciudad que sorprende con su vida nocturna. Junto a la capital de las Highlands se encuentra el archiconocido Lago Ness, cuyas aguas negras y profundas hay que navegar a bordo de uno de los barcos atracados a la salida de Inverness. ¿El monstruo? Ni rastro.

 

Tampoco te dejes el impresionante paraje de Culloden, al este de la capital de las Highlands, donde tuvo lugar una de las batallas más cruentas por la independencia de Escocia (1746). En aquel campo imponente, se ven las piedras con inscripciones de las familias escocesas que participaron en la batalla. Si da tiempo, cerca se encuentra el castillo de Balloch para poder visitar. Y no dejes de cruzar el puente que une Inverness con la que llaman la Isla Negra, hacia North Kessock, las puestas de sol allí son espectaculares.  

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De Inverness toca poner rumbo al sur: la quinta noche hay que hacerla en la mágica Isle of Skye. Conduce dirección Fort August, por la A82, para desviarte por la A887 y enlazar con la A87. Los grandes espacios abiertos y las verdes montañas impresionan durante este trayecto.

 

Skye te recibe con el castillo de Eilean Donan, famoso por haber salido en la película ‘Los inmortales’. A partir de aquí recorre, despacio, esta mágica isla, considerada una de las más bonitas del mundo y en la que te puedes encontrar las ovejas típicas escocesas en mitad de la estrecha carretera. ¡Hay hasta señales de peligro con su figura! Visita el castillo de Dunvegan, cena en Portree y quédate a dormir en algún B&B; eso sí, aviso, son de los más caros del país.

 

Siguiente punto: dormir en Fort William, donde puedes quedarte en algún B&B de su alargado Loch (lago) Linnhe, bajo la sombra del imponente pico Ben Nevis. ¿Y qué visitar allí? Sin lugar a dudas hay que coger el tren que circula por uno de los parajes más bonitos del mundo: The Jacobite Train, que discurre entre Fort William y Mallaig, un pequeño pueblo pesquero donde se come un fish and chip de vicio. Esta locomotora de vapor es conocida por ser el tren que lleva a Howards a Harry Poter y a sus amig@s. De hecho, el puente que cruza aparece en varias ocasiones en las películas, así como los paisajes de lagos y playas de arena blanca.  

 

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Al día siguiente, tras admirar las impertérritas montañas de Glen (valle) Etieve y Glen Coe, se puede comer en Oban. Esta localidad pesquera se une con la Islas de Mull y de Iona, muy recomendables si cuentas con más días de vacaciones.

 

Es cierto que ahora llega la ruta más larga (tomar la A85 y enlazar con la A82), ya que la última noche se hace en Glasglow. Durante el trayecto encuentras el lago más grande de Escocia, Loch Lomond, en mitad el parque nacional de los Trossach: impresionante. Al día siguiente visita Glasgow, una ciudad de contrastes entre su cultura gótica y su cultura punk, hasta que se vaya haciendo la hora de volver al aeropuerto de Edimburgo, que se tarda poco más de una hora.

 

Ya véis que una semana da para mucho, pero te quedan con ganas de más. Definitivamente, hay que volver.


@_Guiomar_

David Casas

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