Málaga: de Abderramán III a Picasso

Caótica, bulliciosa y con la vista puesta siempre en el mar, Málaga esconde sus tesoros a una distancia prudencial de sus playas. En pleno centro histórico, con la humedad y el salitre siempre presentes, la ciudad se debate entre su pasado árabe y la influencia de su vecino más ilustre, Pablo Ruíz Picasso.

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Eternamente abierta en canal por obrasque parecen no finalizar nunca, Málagase muestra al visitante como mandan los cánones de una típica localidadportuaria que vive siempre de frente al mar: caótica y bulliciosa. El tráficodenso y sus calles siempre repletas de transeúntes bombean vida a un ciudad queparece no dormir nunca, especialmente en sus puntos neurálgicos, el centrohistórico y el infinito paseo marítimo que da acceso a unas playas de arenaincómoda para quien se ha criado a orillas del Mediterráneo valenciano.


El paseo, que se extiende durante kilómetrosy kilómetros de costa entre la Playa dela Malagueta y el genuino barrio marítimo del Palo, es un continuo ir yvenir de personas. También un goteo continuo de chiringuitos de playa en losque la fritura malagueña y el espeto de sardinas son los auténticosprotagonistas en un litoral en el que la playa, además de un lugar para tomarel sol, se convierte en un punto de socialización, en el gran bar del pueblocon sombrillas y tiendas de campaña por doquier en una escena que cuestaimaginar en cualquier otra zona costera del Mediterráneo. Las playas y el marcomo punto de encuentro.


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A unos kilómetros del mar, aunque nolo suficiente para librarse del olor a salitre que impregna a la ciudad, el centro histórico de Málaga, con supreciosa Calle Larios como punto departida, se debate entre la grandiosidad del legado musulmán y la omnipresenciadel cubismo de Picasso. Elimpresionante Castillo del Gibralfaroque Abderramán III mandó construir sobre un antiguo recinto fenicio corona laciudad y ofrece al visitante unas vistas de ensueño del puerto y la poblaciónmalagueña en el recorrido por la muralla exterior de la fortaleza.


Ya en la parte baja de la ciudad,justo detrás del precioso edificio del Ayuntamiento malacitano y conectado conel Castillo del Gibralfaro, se levanta imponente la Alcazaba, una construcción palaciega y amurallada musulmana fechadaaproximadamente en el siglo XI y que, salvando las distancias, evoca a la Alhambrade Granada por su cuidada vegetación interior, sus fuentes y sus valiososcapiteles, columnas y estatuas. Un deleite para los turistas que fotografían yobservan con atención cada detalle de los más de 15.000 metros cuadrados de unafortificación que en sus días de máximo esplendor sobrepasaba con suficiencialos 30.000 metros cuadrados de extensión.


Dela herencia musulmana a Picasso

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La otra gran figura que vertebra elcasco antiguo de Málaga y atrae a laciudad a un sinfín de turistas es la del vecino más emblemático de lalocalidad, Pablo Picasso. En 1891,con sólo diez años, el artista abandonó junto a su familia la capital malacitana.Volvería varias veces. La última en 1901. Málaga no volvió a ver su hijopródigo desde entonces, pero su huella es visible en cada rincón de la ciudadcon placas conmemorativas que señalan al visitante puntos de interés [Img #18074]
como ellugar en el que trabajó su padre.


Para los amantes del pintor cubistason imprescindibles las visitas a su Casa Natal en el número 13 de la Plaza dela Merced de Málaga, convertida en museo que recorre la infancia de Picasso enla ciudad, así como el paso por el MuseoPicasso, ubicado en el Palaciorenacentista de Buenavista, que cuenta en sus instalaciones con más de 200obras del artista malagueño que recorren su carrera desde sus primeros pasosacadémicos hasta sus últimos trabajos en los años setenta, en lo que constituyeun valioso tesoro para ver la evolución artística de Picasso.

@acordellat

Miriam Reyes Gimeno

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