Un concierto para hacerse oír

Alrededor de 1.000 músicos de 23 orquestas sinfónicas españolas hacían sonar a las 19 horas del pasado lunes 23 de septiembre el primer acorde de la La gazza ladra, ópera de Gioacchino Rossini. Era el pistoletazo de salida de un concierto simultáneo en 16 ciudades españolas que pretendía ir mucho más allá de una simple actuación.

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Las batutas sustituyerona las pancartas, los arcos de la cuerda a los megáfonos y las frases musicalesa las proclamas. Centenares de músicos y miles de personas se daban cita en unlugar diferente al habitual en este tipo de “reuniones”. ¿El escenario? Lacalle. Dieciséis enclaves de la geografía española en los que un repertorio quepasó por la Sinfonía nº 40, de W. A. Mozart, o por La boda deLuis Alonso, de Gerónimo Giménez, clamó contra “la crítica situaciónde las orquestas y la disparatada subida del IVA cultural del 8 al 21%”.

La Orquestade la Comunitat Valenciana es una de las 23 agrupaciones sinfónicas queparticiparon en el acto. “Desde los que vivimos de esto hasta los quesimplemente les gusta la música, desde los niños hasta los ancianos, todosnecesitamos la música. ¿Alguien se imagina una sociedad sin música?”, sepregunta Joan Enric Lluna, clarinete de dicha orquesta.

Elmanifiesto que se leyó en las 16 ciudades señalaba que tener a todas lasorquestas profesionales que hay en España ha costado “treinta años deesfuerzo”. Salvador Barberá, vicepresidente de la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas (AMPOS) -impulsora de laprotesta-, advierte de que “si no se mantienen las orquestas sinfónicas, losconservatorios tampoco tienen razón de ser”. Y añade que “somos conscientes deque hay que bajar los sueldos, pero las autoridades tienen que reconocer quesomos un bien cultural”. “Los músicos profesionales de orquestas sinfónicasdeben estar formados para interpretar cualquier partitura… y ello requiereesfuerzo, estudio, trabajo y, sobre todo, continuidad. En eso consiste laexcelencia musical”, sentencia Barberá.

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“La importancia de losconservatorios para la cultura y la sociedad es vital”, defiende NesrineBelmokh, violoncello de la Orquesta de la Comunitat Valenciana. “Yespecialmente en tiempos de crisis, porque si la gente, además de sufrirpenurias económicas, ni se divierte ni se culturiza…”.

Otro delos asuntos que puso sobre la mesa la reivindicación del lunes fue la nueva LeyOrgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) y la posición a laque relega la asignatura de música. “La ley educativa propuesta por el ministro Wert es una equivocación: va encontra de los avances conseguidos. El ser humano también tiene que desarrollarla creatividad y la sensibilidad artística. Y no sólo para que luego hagamúsica, sino para que sea creativo en su trabajo, sea cual sea éste. No debemosolvidar que la creatividad hace sentir a la gente más libre”, argumenta JoanEnric.

Nesrine ha vivido enSuiza y cuenta que “allí los niños desde pequeños tienen conciertos para ellos,aprenden música muy pronto, desarrollan la mente, la manera de ver y entenderel mundo”. A colación, J. Enric explica que “en Finlandia la música estásubvencionada e invierten más en ella porque se piensa, incluso, que puede prevenir enfermedades o ayudar a curarlas”.

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La entidad de la que estitular la Orquesta de la Comunitat Valenciana, el Palau de Les Arts ReinaSofía, se encuentra en un proceso de ERE. Un día después del conciertosimultáneo los trabajadores del Palau de Les Arts hicieron huelga. DamiánVila, representante de UGT en el Comité de Empresa del Palau de Les Arts,señala que “el éxito de seguimiento (del 99%) nos alienta a seguir luchando por”0 despidos”, por “no al ere”, por que cumplan el plan de empleo y,especialmente, por la continuidad del proyecto cultural que supone el Palau deLes Arts”. “Despidiendo como quieren a 117 personas de 300 es imposible que unteatro de primera línea pueda funcionar”, denuncia Vila, quien también vaticinaque “si implantan el ERE posiblemente se acaben haciendo presentacionesfalleras, con todo el respeto que me merecen”. “Evidentemente, la sacrificadasería la calidad, y no es eso lo que queremos”.

“Lo que hay que hacer esencontrar políticas que faciliten el acceso a los conciertos y que la música seabra a todos”, opina Joan Enric. “La sociedad está a nuestro lado. Locomprobamos en cada concierto”, afirma. “Pero el problema lo tienen lospolíticos, que son los que generan el ruido de que la música es un caprichoinnecesario”. Nesrine Belmokh agrega que “lo de que la música es un lujo que entiempos de crisis no nos podemos permitir arranca de un discurso políticodesafortunado. La gente que piensa que la música es un capricho, lo hace desdeunas creencias políticas, no desde el propio hecho artístico que supone lamúsica”. “Eso sí”, apunta, “cuando vienen a un concierto, se emocionan y loviven, entonces cambian su idea preconcebida”.


Respecto al precio de las entradas, Nesrine asume que “no todo el mundo sepuede permitir pagar 170 euros”. “Pero hay descuentos y otras fórmulas parapoder ir por menos dinero”, explica. “También es cuestión de prioridades: unaentrada para el fútbol vale 40 euros, y un concierto de Julio Iglesias puederondar los 80-100 euros”. “Y las prioridades también las marcan los gobiernos”.Joan Enric Lluna también señala la misma dirección: “para que la gente que notiene recursos pueda venir a la ópera hace falta que los gobiernos pongan enmarcha políticas de precios asequibles”. “Una diferencia básica con países comoFrancia”, detalla Nesrine, “es que allí las subvenciones son más importantes yeso hace que baje el precio de las entradas”.


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Sobreestas directrices reivindicativas es sobre las que se sustenta el discurso delos músicos y profesionales del sector. El multi-concierto del lunes demuestraque para reclamar basta con demostrar que la música está viva. “El del lunes fue un acto dereivindicación que se hizo con mucha alegría”, confiesa J. Enric, “y esperemosque se nos haya oído, que la clase dirigente sea consciente de que lasorquestas estamos unidas y de que no se puede tratar este tema a la ligera”.


Y mientras la música, viva, inundaba plazas y callesde toda España, un acertado lema daba voz a los motivos y las razones de laprotesta: “¡Todos somos música!”.


@PauFiR

Laura Bellver

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