La Alcalá de Cervantes

Visitamos entre tapa y tapa la ciudad del genio y de una de las universidades más antiguas de España

360GRADOSPRESS, Alcalá de Henares. And the winner is… No, no nos hemos equivocado de premios, sólo es por hacer la gracia fácil. Más finos en el trato de la ironía son cualquiera de los 34 ganadores del Premio Cervantes que el municipio donde nació el escritor de El Quijote, Alcalá de Henares (Madrid), concede anualmente. El último se lo ha llevado Juan Marsé, autor del que no es difícil encontrar referencias (tampoco es el momento, en una sección de viajes) y que ha pasado a formar parte ya de la lista de eminencias de la letra escrita. Con el pretexto literario que nos ocupa, proponemos dar un paseo intelectual y gastronómico por un municipio con tanta historia a sus espaldas como la que marca una de las universidades más veteranas de España.

Qué mejor forma de comenzar nuestro trayecto lúdico-cultural que por la Universidad. Fundada por Cisneros en 1508, los visitantes que vayan (mejor entre semana) a su sede central, se toparán de bruces con el poso de historia y de sabiduría que guarda en su interior. Como no podía ser de otra manera, cualquier avispado que se precie, no debe desatender la obligada visita a la cafetería estudiantil del complejo, camuflada en el segundo de los patios que encontramos antes de dejarnos llevar por la tranquilidad del lugar, la parsimonia del silencio manchado de cánticos de pájaros y el olisqueo del aroma del momento que llama a la lectura al personaje anónimo.

El del café es otro olor inconfundible y el del salón noble de la cafetería, también. En sus paredes cobija las fotografías con breves semblanzas de los galardonados con el Cervantes. Gelman, Gamoneda, Umbral, Rojas, Vargas Llosa, Delibes, Torrente Ballester… todos miran el buen yantar de los comensales como buenos amantes del mantel que fueron. Porque para escribir bien, hay que comer bien.

Nada más abandonar las delicias universitarias, de bruces nos topamos con las instalaciones del nuevo parador o, lo que es lo mismo, una mezcla de modernidad con clasicismo aderezado por mobiliario nouveaux que aparca el tradicionalismo de este tipo de establecimientos. Una especie de lounge de los de Ibiza pero con el glamour de los pocos que pueden pagarse un alojamiento de ese perfil. Aún así, a nadie le amarga el dulce tomar una caña en la cafetería y comprobar que el nivel se lo pone quien quiere, todo es accesible. Pero como no sólo de cerveza vive el hombre, nos echamos a la calle y curioseamos por el centro de la ciudad.

Una de las familias de restauradores con más tradición de Alcalá fue lo suficientemente lista para registrar una marca que englobaba cuatro de los negocios que ostentan. Bajo la nomenclatura de La ruta de los mesones, y con el juego ‘cuasitoledano’ de buscar en un mapa cada establecimiento, los vinos, cervezas, carnes a la brasa, tapas e, incluso, pescado de mercado que ofrece cada restaurante de la ruta es una buena forma de establecer un contacto directo con la gastronomía alcalaína, y eso que no nos dan comisión.

Entre paseo y paseo, no es difícil encontrar menciones permanentes al nombre del genial escritor alcalaíno, incluso posar con su compañero de fatigas, Sancho, en uno de los bancos que salpica la zona peatonal, frente a la casa natal del escritor. Quien no disfruta en Alcalá, es porque no quiere. Una caña, por favor.

Redacción Valencia

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