“Ir demasiado rápido es la negación de un viaje”

Pionero en el cicloturismo en España, Paco Tortosa es geógrafo y un viajero al que le gusta observar con detenimiento los parajes a los que llega pedaleando. En 1984 publicó la primera guía del turismo en bicicleta en la península y ahora, treinta años después, ha vuelto a recorrer esas rutas para sacar a la luz la cuarta edición de “España en bici. Viajes sosegados, poéticos y sensuales” (Edicions 96).

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A mediados de la década de los setenta Paco Tortosa se subió a una bicicleta y ya nunca más se bajó. Al principio era su medio de transporte, para ir a trabajar o para acudir a una cita con amigos en el centro de la ciudad, pero a estas alturas ya se ha convertido en un modo de vida. A este valenciano, nacido en Vallada, el viento no le despeina, pues eso de ir a toda velocidad no es lo suyo. Tortosa pedalea lento. “Ir demasiado rápido es la negación de un viaje”, asegura. Cubrió a dos ruedas el Camino de Santiago, desde Roncesvalles hasta Finisterre y necesitó 25 días. “Los ciclistas lo recorrieron en siete días, pero me adelantaban todos; yo iba a la par de quienes lo hacían andando”.

 

Considerado el padre del cicloturismo de España, este amante de la naturaleza publicó hace treinta años lo que se conoce como la Biblia de esta modalidad de hacer turismo. Ahora va a ver la luz la cuarta edición de ese ejemplar, para lo que ha vuelto a repetir la experiencia con el fin de actualizar la información. “Lo que está igual o quizás mejor son los espacios naturales. Los que a finales de los 70 y principios de los 80 no estaban ni declarados Parques Nacionales ni Parques Naturales, hoy lo están. La gente se ha ido a la ciudad, ha abandonado los pueblos y las zonas de montaña. Bueno, lo que mejor le va a la naturaleza es que el ser humano la abandone ¿no?”, sonríe mientras termina la frase. “Lo que peor se ha conservado es el patrimonio rural y humano, que trabajaba sobre esos espacios naturales”, revela. 

 

De hecho, todas las rutas que sugiere Tortosa se deben a los parajes mejor conservados de la península Ibérica, huyendo de las zonas urbanas, industrializadas y ocupadas por las infraestructuras viarias. El planteamiento es “adentrarte en la naturaleza y perderte”, lo resume.

 

La bicicleta de Tortosa ha rodado también por América Latina, Europa, Islandia y el norte de África. Según sus propios cálculos, ha pedaleado un total de 340.000 kilómetros, es decir, la distancia que cubre el trayecto de la Tierra a la Luna. “Es curiosa la sorpresa de la gente en países pobres cuando te ven y dicen: ‘¿qué hace viajando en bici cuando usted puede hacerlo en coche?’ En cambio, en los países europeos e Islandia pasas muy desapercibido porque todo el mundo va en bicicleta”, cuenta el valenciano.  

 

Tras tantas rutas recorridas durante años, este cicloturista admite que cuando se dispone a emprender viaje le invade el nerviosismo y la misma emoción que sintió la primera vez que preparó las alforjas para salir. “Me sorprenden cosas todos los días. El paisaje nunca es igual. La ilusión no cambia y es un sentimiento recurrente, de tan potente que es esto”, admite.  Su convencimiento acerca de los beneficios de la bicicleta es tal que está involucrado en una propuesta de proyecto de red autonómica en la Comunidad Valenciana no motorizada y con el mismo rango que la red de carreteras.

 

 

Con la casa a cuestas

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El transporte a dos ruedas y las alforjas son la combinación estrella para los seguidores del cicloturismo. “Llega un momento en el que cuando sales de casa igual te vas para tres días que para dos meses. Y llevas lo mismo: algo de comida, aunque de vez en cuando das un bocado a la naturaleza, ropa de recambio, mapas, cámara de fotos y el móvil“. Total, “que ahora llevas la casa detrás”, pero Paco recuerda cuando en los años ochenta “me iba a hacer el Pirineo en un mes y medio con un plato de plástico, un tenedor, cuchillo y una cucharilla. Volvía a casa, veía toda la cubertería y me preguntaba: ¿y todo esto hace falta?”

 

Ese tipo de preguntas son parte de las consecuencias de montar en una bicicleta a la que se le acoplan un par de alforjas y rodar en plena naturaleza, disfrutando de los pequeños detalles que “solo se ven cuando el ritmo es sosegado, poético y sensual”. El cicloturismo “te ayuda a educarte ambientalmente y a no ser consumista. Te das cuenta de que eres feliz con prácticamente nada; que es todo lo contrario de lo que nos pasa ahora, que creemos que la felicidad es tener y resulta que es al revés”. 

 

Al hilo de esta reflexión, Paco regala una anécdota. En el monasterio de Casas del Río, en Requena, tuvo ocasión de hablar con el maestro zen, quien le reveló lo siguiente: “Tortosa, tú llevas 35 años haciendo meditación, lo que pasa es que no lo sabías”.


@Lorena_Padilla

Laura Bellver

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