Afinando los instrumentos por piezas

¿Por qué un violonchelo suena diferente de otro? ¿Qué esconde la caja de resonancia de un violín? ¿Cómo es la mejor madera para una guitarra? Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado al oficio que mejor puede responder a estas cuestiones: la luthería.

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Todos lucen brillantes y ordenados,pero cada uno es diferente, pues guardan una historia y un sonido propios en suinterior. Eso sí, esperan algo en común: a su dueño, el que les dejó para serrestaurados o el que todavía les tiene que conocer. A grandes rasgos, estasería la historia de los instrumentos que descansan en el taller de David Merchán, un amante de la músicaque hace años aparcó el arco de su violín para coger limas, escofinas,rasquetas y demás herramientas propias de un lutier. “Soy de Salamanca. Mi familia siempre ha estado muy ligada a la música ydesde bien pequeño estudié violín. Una vez terminé la carrera, viajé a Cremona,en Italia, donde estudié en una escuela de luthería. Más tarde, estuvetrabajando durante años en un par de talleres en Londres y, finalmente, en2009, vine a Valencia“, relata.


David regenta este negocio desdeentonces y reconoce que no se puede quejar. “Trabajo no nos falta“, afirma. Quizá, porque en España no sontantos los profesionales en la materia. De hecho, solo el Conservatorio Juan Crisóstomo de Arriaga, ubicadoen Bilbao, ofrece la oportunidad de aprender este oficio. Por ello, muchosinteresados bien optan por irse al extranjero, bien por instruirse de la manode un maestro artesano. Y este último es el caso de Javier Martínez. “Estudié un ciclo de carpintería e hice en este taller las prácticas. Ahora, desde hace tres semanasque trabajo con David y estoy muy contento“, explica éste.


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De momento, limpiar el interior delas piezas para una más completa intervención es una de las principales tareasque realiza Javier, pero pronto le tocará descubrir los escollos de estadisciplina. Entre ellos, retocar el barniz o lidiar con el alma de losinstrumentos de arco, esa pequeña pieza cilíndrica que se debe introducir poruna de las efes – orificios de resonancia – y colocar tras la tapa, capaz decambiar el carácter del sonido. “Laprimera vez que haces el alma de un violín las pasas canutas. No lo haces bieny te vuelves loco. Yo ahora lo hago en 15 minutos, pero la primera vez estuvetodo un día y no lo logré“, apunta David.


Sin embargo, este trabajo va muchomás allá. Existen factores contra los que no se puede hacer nada, como lahumedad en la madera, pero los posibles arreglos en general son numerosos.Tanto es así, que hay quienes aspiran a un reparación completa cueste lo quecueste antes que comprar un instrumento nuevo. Parece que el valor sentimental,en muchos casos, no tiene precio. Sea como fuere, el objetivo del lutier es serfiel al original y, por supuesto, ajustarse a las exigencias del propietario,lo cual no siempre es fácil. En palabras de este profesional: “El instrumento para los músicos es muy importante,casi como un hijo. Por eso intentamos que suene como ellos quieren. Además, lodigo con conocimiento de causa por mi familia de músicos y por experienciapropia, los músicos somos también muy particulares. Porque un instrumento puedeencantarle a uno, pero luego viene otro y no le gusta nada“.


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Como no podía ser de otra manera,las anécdotas se suceden en este sentido a lo largo de la trayectoria de David.Por ejemplo, recuerda que trabajando en Londres realizó hasta tres puentes parauna persona que, no contenta con el resultado, decidió quedarse finalmente conla pieza inicial. Pero del mismo modo que llegan los desafíos, lo hacen lassatisfacciones. Porque durante esta misma etapa profesional tuvo, también, laocasión de restaurar auténticas joyas, como un contrabajo datado de 1631fabricado por Nicola Amati, quien fue mentor del célebre lutier AntonioStradivari.


Justamente, Stradivari refleja a laperfección la paradoja de este oficio: aunque instrumentos como los suyos sonafamados por todo el mundo, el arte que se esconde tras de ellos resultaextraño para muchos. Por ello, con vistas a combatir este desconocimiento,desde hace poco más de un año David imparte clases de fundamentos de luthería en el [Img #16236]
Conservatorio Superior deCastellón. “Enseño saber elegir uninstrumento, cómo se construye y cómo se restaura. Al músico le interesa muchoesta cuestión, porque así podrá saber qué necesita su instrumento cuando lesuceda algo“, matiza.


Con todo, David también intentasacar tiempo de donde puede para practicar la faceta que más le gusta de suoficio: la fabricación. “Construir algode la nada, de un trozo de madera“, como él mismo define. Así, en el tallerexpone la guitarra que ha elaborado para su hermano y un cajón guarda losretazos de otra en proyecto, la cual contará con una madera exclusiva, regalode su buen amigo y compañero de profesión Vicente Carrillo. Poco a poco, losplanes toman forma. Si de algo precisa un buen lutier es de paciencia y Daviddemuestra que no le falta. 

@LaBellver

Laura Bellver

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