La leyenda viva de Coco Chanel

Rememoramos a una leyenda del mundo de la moda que aún continua viva, rebelde y libre. Es la hechicera que con sus alfileres dibujaba el deslumbramiento de una nueva era para la mujer moderna, desatada de las cadenas de la opresión. Una mujer de rostro surcado de sabiduría, de manos mágicas, de ideales revolucionarios, de ojos despiertos que cambiaron el paradigma de la moda, desterrando los convencionalismos de una sociedad opulenta y sustituyéndolos por prendas elegantes, simples, cómodas y con un sello de identidad. Ella, que inventó lo que observamos en la pasarela de la vida y que revolucionó la moda hasta nuestros días. Por ello, Coco Chanel es una leyenda que aún tiene pulso, siente, palpita y rompe.

Galopa sobre el caballo blanco. Con ritmo, con fuerza; puro e inmaculado. Las patas del rocín se desgarran ante la inmensidad de las olas que continúan bailando esa melodía rota. El cielo raso evoca fantasía con nubes de papel que juegan caprichosas al destino. El caballo galopa. Suave y fiero. Sin domar, libre. Encima va una una mujer, de mirada perdida y trazada en el horizonte. Galopan. Musa de ébano, cabello corto de azabache que sacude con fuerza la persistencia de las lenguas del viento. Cabalgando sobre la arena, el pura sangre no se agota. Ajeno ante el transcurrir del tiempo. Ella, flaca, libre y testaruda. Cabalga mientras sueña su sueño. Manos que guardan los remates de los alfileres de toda una vida. Mordaz e irónica hasta el día de su muerte. Una mujer que es leyenda, que creó el estilo “chic pobre”, que revolucionó el ámbito de la moda, que marcó un adiós a los corsés y los sustituyó por la linealidad de la sofisticación. Una genialidad que aún persiste en nuestra memoria, sobre las pasarelas y en cada rincón donde se respira cultura de la moda. Siempre y por siempre, los periodistas especializados en moda, nunca nos cansamos ante la tarea de rememorar a la palpitante y única Coco Chanel.

La biografía de una leyenda
Gabrielle Bonheur, o como todo el mundo la conoce, Coco Chanel, nació en 1883 y fue una diseñadora francesa que revolucionó el ámbito de la moda y de la alta costura de los años de entreguerras, creando una línea basada en la comodidad, la linealidad del patronaje y el estilo chic pobre. Coco Chanel rompió con la pródiga y escasamente pragmática etapa de la Belle Époque e inauguró un nuevo estilo basado en una mujer moderna, simple y elegante.

 

Esta idea de revolución en la esfera de la moda no agradó a ciertos sectores sociales, pero conectó con los sentimientos de las mujeres de los años 20, que después de la guerra querían vestidos rasos, aunque elegantes. Sus diseños eliminaron las cadenas de una mujer oprimida que llevaba corsés y molestos forros, sustituyéndolo por creaciones ligeras y prácticas. Todo ello contribuía a dar una mayor libertad de movimientos a la figura femenina, siendo una metáfora de las nuevas aspiraciones e ideales de libertad de la mujer del siglo XX.

 

Con ojos de terciopelo, parecidos a los destellos del latón bruñido y con una figura delgada y sin formas, Coco Chanel se convirtió en el símbolo de una mujer atrevida, activa, liberal y moderna que se convertiría en  leyenda en el cambiante mundo de la alta costura.

 

Nació en el núcleo de una familia humilde, a los 12 años perdió a su madre, víctima de la indigencia y la precariedad de una época marcada por la miseria hacia las clases más paupérrimas. Su padre era un vendedor ambulante y  entregó a la despierta Gabrielle al cuidado de un orfanato de Corrèze, donde pasó seis años aprendiendo a coser. En esa época, la ilusionada y persistente Coco Chanel, se había convertido en una adolescente de diecisiete años que no aceptaba su pasado, y comenzó a inventar una biografía repleta de mentiras, dignas de una novela, incluso parecida a las aventuras de Sira Quiroga en El tiempo entre costuras.

 

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Ella siempre quiso volar y sentir su melena oscura al viento mientras buscaba esa libertad que tanto ansiaba. Por ello, abandonó el orfanato y comenzó a trabajar como dependienta en una mercería de Moulins, trabajo que compaginaba con sus actuaciones en La Rotonde, un lugar de diversión para los oficiales del ejército, donde dejaba oír su voz. Con apenas veintidós años, se enamoró irremediablemente de Étienne Balsan, un joven burgués adinerado con el que mantuvo una relación de seis años. Balsan la condujo hacia una vida fundamentada en el lujo y ocio entre eventos sociales y carreras de caballos. Pero Coco quería trabajar, así que Balsan le financió la apertura de una sombrerería que le reportaría una imagen basada en la originalidad cara a su clientela.

 

En París, la indomable Coco Chanel seguía aferrada a la idea de abrir una casa de modas, pero se tuvo que conformar con comprar en las Galerías Lafayette varias docenas de sombreros que ella misma arregló de una manera muy personal y luego los sacó a la venta. Ante el éxito obtenido lanzó su propia línea de moda, que consiguió una notable aprobación entre sus clientas. Con los beneficios obtenidos abrió su primera tienda en el número 21 de la rue Cambon y después volvió a abrir un segundo establecimiento en la elegante villa de Deauville, donde impuso su moda entre la gente más moderna y “chic” de la época.

 

Tras unos cuantos meses, abrió la tercera casa en Biarritz. Para entonces, Coco tenía bajo sus órdenes a 300 empleados, obteniendo un merecido éxito entre las mujeres más modernas y elegantes de toda la ciudad. Terminada la guerra, Gabrielle volvió a París, se instaló en el Hotel Ritz y se volcó en su negocio, que no tardó en volver a prosperar, ayudada por revistas y periódicos especializados de moda que  difundieron el estilo “chic pobre”.

 

En 1929 el crack de Wall Street hizo que los precios de los exclusivos diseños de Chanel se redujeran considerablemente, pero ni siquiera de esta forma consiguió levantar la firma. Coco decidió marcharse a norteamérica, reclamada por la oferta del productor de cine Samuel Goldwyn, que le dio la posibilidad de vestir a las estrellas del cine de los años 30 dentro y fuera de la gran pantalla. Por desgracia, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Coco hubo de cerrar de nuevo sus salones, pero continuó viviendo en la capital parisina, asistiendo al triunfo del “New Look” que imponían Dior y Balenciaga. En 1954, con setenta y un años, reabrió su casa de modas porque necesitaba estar activa y sentirse útil. Aún más consumida por el reumatismo y la artritis no dejó ni un momento de sentir en la yema de sus maduros dedos los alfileres. Algo sorprendente de Coco era que no sabía dibujar o hacer bocetos, por lo que, cosía y creaba sus diseños sobre las propias mujeres hasta sus últimos días.

 

Finalmente, la leyenda eterna, la imagen de la revolución en la moda, la silueta extremadamente consumida por el frenesí de la vida falleció el 10 de enero de 1971. Ese día había salido con su amiga Claude Baillen a dar un paseo para respirar aire fresco, cuando regresaron al Hotel Riz, Coco se tendió en su cama y le dijo a su amiga, con esa mirada de locura que esconde a menudo la genialidad: “Mira, así se muere”.

 

El estilo: Simplemente, Coco Chanel
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Coco se dio cuenta que los nuevos tiempos exigían un estilo más pragmático y funcional, adaptado a las nuevas necesidades de las mujeres. Suprimió el corsé del traje femenino para dar mayor libertad de movimientos a las mujeres, además de obviar los molestos forros que hacían que las mujeres estuvieran presas de la incomodidad durante muchos años. Introdujo el punto en sus colecciones, un tejido que nadie había utilizado hasta entonces para la alta costura, pero que cautivó a sus clientas por ser una idea novedosa y revolucionaria, de hecho, el punto sólo se usaba en la ropa interior femenina.

 

Con punto confeccionó el jersey, una prenda masculina que fue seguida de un vestido-camisa sin cintura ni adornos que realzaba el busto femenino, sobre el que se imponía llevar las eternas perlas que tanto las veríamos en películas como La ventana indiscreta en el bello cuello de Grace Kelly o en la figura de Jackie Kennedy.

 

Sus innovaciones fueron que las mujeres cambiaran la imagen con cortes en el cabello, basado en el estilo “garçon”, que marcó el final de una época. Además, apostó por que las mujeres poseyeran una pigmentación más bronceada. Un hecho que llevaba, implícitamente, la liberación de la mujer para que tuviera una vida de ocio y disfrute en las ciudades y se olvidara del cuidado del hogar y de la connotación de plebeyez que se unía inevitablemente, con las mujeres de pieles tostadas.

 

El estilo “chic pobre” lo impuso Coco Chanel, basado en unas líneas puras, sencillas y elegantes que vestían a una mujer libre y moderna. Fueron las faldas plisadas de estilo marinero, trajes de talle bajo, pijamas playeros, impermeables y pantalones femeninos lo que hizo una verdadera revolución en el mundo de la moda. Sólo ella nos mostró la grandiosidad de los trajes de tweed, el zapato de punta redonda y el célebre bolso, signo de la marca de Coco Chanel que perdura como una leyenda imborrable. Creó “La petite robe noire“, conocido por todos los amantes del cine y la moda y considerado un básico imprescindible en todos los armarios femeninos.

 

La revolución
Coco Chanel es la dueña de la revolución en el mundo de la moda. Entre sus múltiples insurrecciones no podemos obviar el conjunto que lanzó en 1925 y que se convertiría en la estrella de la firma, se trataba de un traje con falda y chaqueta a juego, de manga larga, sin cuello y con ribetes que se consolidaban como adornos en la vestimenta.

 

Otro de los revolucionarios aportes de Chanel a la moda femenina fue el zapato de tacón bajo. Fue un lanzamiento subversivo, en plena década de los años 50, cuando los zapatos de tacón se hallaban en su máximo apogeo por observarlos en las pasarelas y en la gran pantalla con las divas del cine. Junto a Raymond Massaro colaboró en la creación de un modelo de zapato realizado en dos tonos que sería un signo de identidad de la marca de Coco Chanel. El zapato consistía en que el cuerpo y la parte del talón eran de color beige para alargar ópticamente la pierna, mientras que la puntera de color negro hacía que el pie pareciese más pequeño. Hasta la misma forma de hablar de la aguda Coco Chanel era rebelde, en una ocasión pudimos escuchar esta frase: “Diseño para una nueva sociedad”.

 

“Hasta ahora, las prendas estaban diseñadas para mujeres ociosas, yo diseño para una mujer activa”. Otra de sus proezas a destacar fue el auge de la bisutería de Chanel que cosechó un éxito importante en 1924, apostó por largos collares de perlas, los rubíes y largas y anchas pulseras que realizaba con gemas de imitación, por lo que, en los accesorios se postraba el concepto del gusto y la colometría. Chanel fue la primera diseñadora en conocer el accesorio como artículo de lujo y factor determinante del estilo sobrio y elegante de la mujer moderna.

 

El gran imperio: La marca Coco Chanel
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A pesar que la vida de Coco Chanel no fue un camino de rosas, tras su fallecimiento la marca y el sello de identidad de la diseñadora han perdurado como una leyenda viva en la globalizada era de la moda. Coco Chanel era una firma considerada con unas connotaciones de prestigio y sólo al alcance de un público objetivo específico y con un alto poder adquisitivo. Chanel simboliza estilo, atrevimiento y elegancia.

 

El gran imperio de la casa Chanel comenzó con la aparición del perfume Chanel nº 5. Se trataba de una mezcla única de aldehídos y sustancias florales destinada a terminar de una vez con los afectados polvos perfumados de violeta de las décadas precedentes. Elevado a la categoría de mito en su tiempo y aún hoy uno de los perfumes más vendidos, su inmenso éxito hizo que se consolidara aún más la firma. Fue la exuberante rubia del cine, Marilyn Monroe quien convirtió la fragancia en un símbolo de sensualidad, modernidad y sofisticación cuando aseguró a unos periodistas que para dormir sólo usaba unas gotas de Chanel nº5. Luego llegaron otros perfumes, el nº 22 y el nº 19 para públicos muy definidos y distintos. Después de la muerte de Coco Chanel, Karl Lagerfeld ha hecho que la casa Chanel  recobrara su éxito y resplandor de años anteriores con desafiles llamativos y campañas publicitarias atractivamente agresivas.

*Nota para mis lectores: Supongo, queridos lectores, que esto es un hasta pronto. Hasta pronto a la temporada de las letras, a las frases encadenadas, a los sentimientos convertidos en palabras, a la esfera de la literatura combinada con la moda. Gracias por  comprender mis artículos, gracias por recomendar mis escritos, gracias por sus comentarios y gracias por seguirnos en esta profesión de románticos enamorados de la calidad y del buen periodismo. Ya lo saben, alguna vez lo he nombrado, no me he podido resistir, mi ejemplo Larra. Mi  devoción son ustedes. Gracias por apostar por la cultura de la moda, vista de un modo distinto, con toques dinámicos y frescos, respetando las fuentes, aplicando los códigos deontológicos, siendo rigurosa y nunca faltando a la verdad. Gracias a ustedes, los destinatarios de cada uno de mis artículos y que han empleado unos cuantos minutos en leer, comprender y comentar mi sección, obviando la maltrecha televisión y los programas banales que ridiculizan mi profesión periodística. Se despide así, una humilde y siempre periodista, al observar que aún nos queda trabajo en el camino de la información para ofrecerles algo que parece perdido y que se denomina “calidad”, bajo la atenta mirada de ustedes, mis lectores.

@InmaAB1

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