Los puñetazos de su señoría Pacquiao, el ‘cara a cara’ genuinamente filipino

Cines, salones de hoteles, gimnasios y pabellones, celdas de prisiones… pagando entrada o sin pagar, con ‘barra libre’ de palomitas o sentados en el suelo miles de filipinos han seguido un rito deportivo que nuestra mentalidad compara rápidamente con la final de la Copa del Mundo de fútbol que España disputó contra Holanda en Johannesburgo. Al menos 26 diputados de Filipinas han viajado a Las Vegas para arropar a su compañero de hemiciclo y diez veces campeón mundial de boxeo Manny Pacquiao. Nosotros hemos elegido un pabellón de Manila para ver qué ocurre mientras la honra nacional se defiende a puñetazo limpio sobre un cuadrilátero.

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Fuera de los limitados círculos del boxeo Manny Pacquiao es un perfecto desconocido en España. En Filipinas es un ídolo cuya admiración surge por haber ganado ocho campeonatos del mundo y haber permanecido invicto desde el año 2005. La política, la publicidad, el cine, la música (es productor y se ha puesto en alguna ocasión, como buen filipino, delante del micrófono) y también, por qué no decirlo en un país católico y practicante, sus posiciones conservadoras en asuntos como el aborto o la planificación familiar han hecho el resto.

Como dice el final del popular estribillo mexicano, con dinero o sin dinero Pacquiao “sigue siendo el rey”. En México opinan que precisamente el dinero es lo que le ha permitido retener el título mundial de los pesos welter ante el aspirante nacido en Cancún Juan Manuel Márquez. Y algo de razón pueden tener. Según el índice elaborado por la revista Forbes en 2010 fue el octavo deportista mejor pagado del mundo, por encima de nuestros internacionales Fernando Alonso y Rafael Nadal.

Lo de Pacquiao es un caso. Nacido en Mindanao, en el sur del país en 1978 no están en su vida tan lejos los días en los que mendigaba o vendia tabaco por las calles de Manila tras huir de su padre. Es sorprendente también que habiendo empezado en la categoria “minimosca”, habiéndose metido tres kilos y medio de piedras en el bolsillo para alcanzar las 105 libras requeridas, haya conseguido títulos en casi todos los pesos del boxeo. Y también choca que desde 2010 haga compatible esta actividad con la de congresista por la provincia de Sarangani ya que, para bien o para mal siempre que sale en los medios de comunicación el nombre de Pacquiao es porque se está hablando de boxeo, jamás de política.

Una “velada” de boxeo a la hora del vermouth

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Así las cosas y por utilizar términos de moda en estos días todo estaba listo el pasado sábado 12 de noviembre para el tercer cara a cara… partida entre su señoría Pacquiao y el aspirante Juan Manuel ‘Dinamita’ Márquez. En juego, no la presidencia de un país pero sí el título del peso welter. Como Estados Unidos pone el dinero pone también la hora, su hora, su prime time televisivo. Los combates empezaron a las ocho de la mañana del domingo en Filipinas. “Velada”, lo que se dice “velada” de boxeo… poco.

El pabellón de Santa Mesa, en Manila, es una cancha cubierta de baloncesto y poco más. Es uno de los cinco lugares habilitados por el ayuntamiento de la ciudad para ver en pantalla grande y gratis un espectáculo por el que los televidentes deben pagar. Al finalizar cada asalto en los combates preliminares los técnicos insertan un montaje con la publicidad local y la imagen del alcalde y el vicealcalde atribuyéndose el mérito de la organización del evento.

El calor es agobiante bajo la cubierta de la pista pero el ambiente es tranquilo. Sólo cuando alguno de los boxeadores en promoción encadena puñetazos sobre su oponente se oyen gritos de ánimo. Cuesta encontrar mujeres y las excepciones no están desde luego sentadas frente a la pantalla sino en zonas laterales o en la entrada al botiquín. Sí hay niños que saludan, sonrien y miran con atención a extranjeros como el que escribe estas líneas.

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Antes de que comience el combate “de verdad” y también de camino al pabellón nos paran los asistentes, hablamos con ellos. Todos con Pacquiao, el filipino va a arrasar a Márquez. La fidelidad es completa y la suspicacia hacia una posible simpatía hacia el aspirante mexicano por ser español, la anécdota. Incluso nos piden un pronóstico sobre el número de asaltos que el filipino necesitará para dejar K.O. a su contendiente.

Desencanto… y al final alegría

Pero durante los cuarenta minutos de pelea, divididos en doce asaltos de tres minutos las cosas se ven de forma muy distinta. Los espectadores se han compactado tanto en torno a la pantalla que ya no resulta posible moverse por la cancha. Si la transmisión fuera 3D a algún niño le alcanzaría algún gancho. Desde uno de los laterales del lienzo se ve mal lo que llega vía satélite desde el MGM Grand Garden de Las Vegas. Sólo apreciamos momentos de júbilo, parecidos a cuando en un partido de fútbol un jugador corre solo con el balón hacia el campo contrario, en los compases finales del segundo asalto.

El sonido que emiten los altavoces muestra otra atmósfera en un lugar a la sazón más hispano que anglosajón. Los mexicanos e hispanos presentes en el lugar en el que Pacquiao y Márquez intentan darse mutuamente una soberana paliza ante millones de ojos convierten el imponente recinto de Las Vegas en un estadio de fútbol. La salida de algunos espectadores, trabajosa, y el silencio con el que se sigue la transmisión dan a entender que poco se va a celebrar aquí, a miles de kilómetros de distancia.

¡Clinc! Se generaliza la desbandada despues de la última campana. Pero otros se quedan de pie, esperando las puntuaciones de los jueces. Números que son sorprendentes y que han incendiado a la prensa generalista y especializada en México: 114-114, 113-115 y 112-116 estos dos últimos a favor de Pacquiao. El aspirante Márquez sigue siendo aspirante y monta su número ante las cámaras. Pero en Santa Mesa, despues de los aplausos y vítores, el análisis se torna más honesto ya en la calle de modo que son muchos los que admiten que el idolo nacional no ha demostrado estar por encima de ‘Dinamita’ Márquez aunque los jueces le hayan dado seis puntos más y la victoria consecutiva número 15.

Un combate que ha servido para todo

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Las aproximadamente 1.400 personas que se han metido en el pabellón se dispersan sin mostrar banderas ni pancartas. Tampoco hay bocinas ni pitan los coches. La tarde es una tarde cualquiera de domingo. Y aunque no haya datos oficiales que lo avalen siempre se dice que cuando se organiza una pelea de estas características la delincuencia disminuye en Manila casi hasta cero.

El combate ha sido la fiesta inaugural de la semana de celebraciones en la región autónoma de Mindanao Musulman, la única autonomía que existe en un país centralizado o sin presencia efectiva del estado según la zona de la que se hable. El gobierno regional ha invitado a al menos 2.000 personas a ver estos puñetazos y además a comer, algo muy importante en este país.

Claro que la fiesta se la han podido montar los 26 diputados, número suficiente para abrir una diputación permanente como la que ahora funciona en España, en los casinos de Las Vegas. Los obispos de las ciudades de Lipa y Tagbilaran les han pedido que se abstengan de jugar “aunque el dinero sea propio y no de los contribuyentes”.

Óscar Delgado, Sevilla

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