Los tampantojos de Michel Koven o el juego de las casualidades

En mi vida siempre han tenido importancia las casualidades, esos hallazgos o encuentros fortuitos que enriquecen nuestro relato biográfico aunque sólo sea por unos instantes. Creo en las casualidades, y tal vez por eso me fascinan las novelas de Paul Auster y me obsesiona hasta el paroxismo la magdalena de Proust capaz de convulsionar la memoria y rescatar del olvido las cosas más peregrinas e insospechadas.

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Llegué a Michel Koven (NewYork, 1954) por una serie de casualidades que, en una ciudad como Valencia,siempre acaban tejiendo una tupida red de relaciones en la que todos tenemosamigos y conocidos comunes. No me voy a alargar en cómo llegué a este artistanorteamericano afincado en esta ciudad desde hace años, sólo quiero decir que ental acercamiento se mezclan compañías de instituto, música clásica, televisión,política, buen vino, peperoncini, yhasta preferencias literarias similares silenciadas como ese libro de W.H. Auden depositado sobre una mesa y bajo un cuadro de Blas Parra, otra casualidad, que fue lo primero que vi al entrar en la casade Michel. Una casa que también por casualidad adquiere la esencia de la magdalenaproustiana y desarrolla en mí todo ununiverso adormecido de vuelta a la infancia, porque se encuentra en el barriode Sant Bult, a tan sólo a unos pocos metros de la casa donde nací y viví hastalos dieciséis años. Un barrio y una infancia que reconozco siempre en el espejonapolitano de las novelas de Erri DeLuca. ¡Nápoles y Valencia se parecen tanto! ¡El barrio de Sant Bult de miinfancia y el Quarieri Spagnoli son tan iguales! No es baladí, pues, que en este contexto urbano, real y evocadocon un mar de por medio, vivan las pinturas de Michel Koven.

 

Siempre hablamos de los artistas, de los aspectos formales de su obra,de su contenido, pero pocas veces nos acercamos a ellos desde nosotros mismoscomo contempladores, como depositarios últimos que escrutamos con la mirada.Nosotros y la obra, y tras ella el artista; nosotros y el tiempo y ante eltiempo, como nos dice Didi-Huberman.

 

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Todo mi acercamiento a la obra de Michel lo hago desde el subjetivismo,desde todos los matices que me permite la percepción desde mi yo, con todo elaluvión de casualidades que me ha conducido hasta ella. Al contemplar estaspinturas la percepción y lo fortuito van ligados en mi interior de maneraindisoluble, porque más allá del formalismo se encuentra la emoción, y sin éstano hay mirada estética que valga. En mi aprehensión de la obra de Michel Koven semezclan arte, recuerdos, sugerencias, poemas y territorio urbano que nadatienen que ver con él, pero que el juego de las casualidades ha ensamblado unaturbadora cadena de significaciones personales.

 

Las pinturas de Michel son de técnica mixta. Combina la fotografía conel gouche y el pastel. Crea fondos sobrelos que superpone otras imágenes, generalmente procedentes de grabadosrenacentistas y barrocos, que luego pintacon una paleta cargada de azules, ocres, añiles, granas… Compone así una nuevaimagen con categoría de trampantojo emparentado con las pinturas de murales dePompeya, de los velati de la Capella de Sansevero, de los altares de ánimas en ViaTribunale. Siempre en mí Nápoles ficticio o los atzucacs rememorados del barrio de Sant Bult. 


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Motivos grutescos, mitológicos, símbolosrenacentistas y barrocos, a veces agrietados, que conversan entre sí, que adquierennuevas lecturas, que se abren a nuevas posibilidades estéticas. Un mundoonírico, neoplatónico, poético como sólolos sueños y las quimeras lo pueden ser. Inquietante y placentero. Dual. Unailusión óptica que es casi un palimpsesto en el que aflora el todo y la nada,como en esas viejas pizarras escolares en las que por mucho que borrabas y borrabassiempre permanecía la huella de una imperfecta caligrafía infantil trazada contiza. Huellas o desconchados, en definitiva tiempo, que invitan a la curiosidad escatológica a quedescubra un vacío turbador o un infierno. Palabras y huellas que no se resignana desaparecer, como esos recuerdos que vuelven a nosotros por casualidad paragritarnos que no están muertos.

 

Nota: Podéis conocer la obra de Michel Koven visitando www.michelkoven.com  o en su página de facebook

Óscar Delgado

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