Madrid esconde un Capricho

En pleno Paseo de la Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, la ciudad de Madrid esconde un secreto. Un pequeño capricho. Alejado del tráfico y del bullicio del centro, el Jardín El Capricho es un remanso de tranquilidad y de paz. Posiblemente uno de los más bonitos parques de Madrid. También uno de los más desconocidos, incluso para los propios habitantes de la capital. Un secreto todavía por descubrir.

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Es probable que aparezca en las guías turísticas,pero su nombre queda eclipsado por las grandezas de Madrid. Tampoco contribuyesu situación, en el extrarradio madrileño, lejos del centro turístico que todolo atrae con la fuerza de un imán. El Capricho queda a desmano. Sólo esoexplica que esta gran y singular joya siga siendo una de las grandes desconocidasde la capital. Y no sólo para los turistas. A diferencia del céntrico Parque del Retiro, el jardín El Capricho es unremanso de paz. Un lugar para pasear y recargar energías. Un sitio ideal paratumbarse sobre el cuidado césped y experimentar el vacío del silencio. No se admiten balones ni se ve gentecorriendo. Todo está dispuesto para el sosiego.


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Fueron los Duques de Osuna, alrededor de 1784,quienes adquirieron esta finca para alejarse del centro de la ciudad y darrienda suelta en ella a sus inquietudes artísticas, especialmente a las de laduquesa, doña María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, la principalimpulsora del parque. Y fueron sus descendientes quienes heredaron y llevaronel parque a la más absoluta ruina. Cuartel General del Ejército del Centrodurante la Guerra Civil, no fue hasta 1974 cuando el Ayuntamiento de Madridcompró los terrenos. Tuvieron que pasar otros 25 años hasta que se consiguió sutotal restauración y recuperación. El Capricho tal y como hoy lo conocemos.


Árboles del amor, olmos, almendros, encinas y lilosconforman un jardín que evoca a la naturaleza en su estado más puro y ofrecensombra y sol a quienes pasean y disfrutan tumbados sobre el fresco césped. A sualrededor, cuidados jardines de aspecto clásico, coronados por un laberinto delaurel, evocan otras épocas. Tiempos de amores e intrigas de palacio en elMadrid de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Evocación a la quecontribuye el pequeño embarcadero que da acceso a una ría escasa de agua durantelos meses de verano.


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Y dando lustre y valor al paisaje, los caprichos queun día decoraron los jardines de un palacio del que sólo se conservan lasparedes que dieron cobijo a obras de algunos de los más importantes artistas dela época: La plaza de los emperadores, con los bustos de doce emperadoresromanos; el templete de Baco, clásico y romántico, situado sobre unpromontorio. Posiblemente el lugar que más gente reúne. También el másfotografiado. La pequeña ermita. O la casa de la vieja. Una construcción querecuerda a la forma de vida de las clases más desfavorecidas y que atrae a losvisitantes por sus sorprendentes y llamativas formas. Una casa de cuento paraun parque extrañamente singular y encantador. El secreto mejor guardado deMadrid.



 

S.C.

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