Shrek, felices para siempre

La cuarta, y todo apunta que definitiva, entrega de la saga del ogro más popular del cine del siglo XXI tiene un trasfondo dirigido más a un público adulto que a niños y se queda muy lejos de la brillante primera cinta.

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La Navidad es, por norma general, untiempo de reflexión y convivencia familiar. Reencuentros, buenos deseos ypromesas y, en lo que se refiere al cine, época de estrenos de grandesproducciones dirigidas a niños. Les confieso que no he pisado ninguna saladurante estas dos semanas de descanso de 360 Grados Press pero sí he hecho el ejercicio de acercarme a una deesas películas de las que escuché hablar durante un tiempo. Me refiero a Shrek,felices para siempre o Shrek 4, como prefieran.


Con cinco nominaciones a losPremios Annie en 2010 imaginé que me encontraría una película de primer nivel-y más aún después del fiasco de Sherk 3- pero, sinceramente, me llevé undesencanto. No quiero decir que sea mala ni que no me haya gustado nada de nada peroesperaba más de la que dicen ha sido la última entrega de las andanzas del ogroverde.


Lo cierto es que el ritmo no decae enningún momento, respeta la continuidad de la saga y, por momentos, es divertidaaunque intuyo que un niño no entenderá ni la misa la mitad de lo que es elargumento y la moralina que lo acompaña.


En definitiva, un entretenido episodiode unas clásicas navidades frente al televisor plagado de reflexiones deadultos extrapolables a nuestra vida cotidiana. Hasta siempre Shrek.



@JavierMontesCas

José Manuel García-Otero

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