Refugiados al otro lado del objetivo

Abandonar el país de origen con motivo de una guerra, catástrofe o persecución y buscar asilo en otro territorio es una cruda realidad que ha sido numerosas veces retratada. Esta semana en 360 Grados Press hemos descubierto que más allá de dar testimonio de dicha problemática, la fotografía puede ayudar a quienes sufren esta situación a encontrar una salida. Para ello, os invitamos a viajar durante unas líneas hasta el sudeste asiático.

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Más de 550.000. Estaes la cantidad de desplazados birmanos que se baraja actualmente. De entretodos, se estima que unos 150.000 viven en diversos campos de refugiadosubicados en la población fronteriza de Mae Sot (Tailandia), donde se guarecenmientras los conflictos ocasionados por el gobierno de la Junta Militar de supaís – el autodenominado Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC) quemantuvo el poder hasta 2010 – todavía colean. La supervivencia en esta zonapasa en muchas ocasiones por convertirse en mano de obra barata, lo cual mermacualquier oportunidad de prosperar. “No tienen posibilidad de formarse ni en su país ni enTailandia, donde suelen ser explotados y sólo aptos para trabajos basura. La deBirmania es una de las dictaduras más grandes de la historia, con susconsecuentes represiones y atentados contra los derechos humanos. Las personasnacen con el estigma del ‘tú no puedes, tú no vales’. Se han convertido en unasociedad dormida, fácil de manipular y corromper, porque no reciben educación yson criados en cautiverio tanto en Birmania como en los campos“, explican MaríaBravo y Abel Echevarría.


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Ellos,ambos españoles y fotógrafos de profesión, hablan con conocimiento de causa,pues han experimentado esta coyuntura in situ gracias a Colabora Birmania,una ONG con la que recientemente han decidido emprender un “proyecto piloto” que pone en práctica elrecién acuñado concepto de “cooperacióncreativa” y que basa su actividad justamente en su oficio, la fotografía.En palabras de sus precursores:
La idea es encontrar lugares en los quediferentes enseñanzas creativas sean útiles de una forma laboral o educacional.Este es un proyecto pensado para que se puedaseguir la experiencia y el avance día a día por parte de los profesores y delos alumnos. Pretende explicar culturas contadas en primera persona, dotando alos alumnos del material y la técnica necesaria para desarrollar su actividadpara abrirles una puerta para un futuro trabajo como fotógrafo“.


Así, elpasado junio se puso en marcha la primera edición de Tanaka Project, lacual ha consistido en un taller de varios meses de duración impartido en elSTTC de Mae Sot, un centro de formación profesional autogestionado que ya ofrecía diferentes opciones de prácticas de trabajoy que, ahora, ha incluido la fotografía en su programa. De esta forma, algunosrefugiados birmanos no sólo han empezado a dominar una disciplina artística,sino también a cultivar el pensamiento propio. “Han aprendido una técnica y unatáctica, es decir, pueden manejar una cámara réflex en un modo manualentendiendo los parámetros de luz y demás, pueden iluminar a un nivel básico y,sobre todo, pueden mirar de una forma diferente. Han aprendido a extrapolarconceptos haciéndolo, si no de una forma muy consciente y ordenada, sí de unamanera intuitiva. Digamos que se ha incrementado la curiosidad por el entorno ydesde distintos punto de vista“,matizan María y Abel.


Cogiendo ritmo a la par que experiencia

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Aunque ésta haconsistido en una primera tentativa, la envergadura de Tanaka Project no ha sido menor. Por ello, María y Abel se las hanarreglado para hacer de todo: documentar e impartir las clases, editar yorganizar el material, así como actualizar la web y las redes sociales para sucorrespondiente promoción. “Ha sido untrabajo a jornada completa durante más de seis meses. Eso sí, más gratificanteque ningún otro“, señalan al respecto. Asimismo, este par de docentesprimerizos ha tenido que ir adaptándose a los condicionantes marcados por ellugar, como son la limitada movilidad de los alumnos desde los campos derefugiados hasta el STTC o su necesidad de trabajar en el campo para contribuiren la economía familiar – de ahí que comenzaran el curso 23 jóvenes y sóloterminaran nueve –. En este sentido, también han destacado el choque cultural, quese hacía especialmente evidente cuando de trabajar a nivel creativo o emocionalse trataba, o el idioma. “Nuestro inglésera básico y el suyo bajo o nulo. Los primeros meses tuvimos la ayuda de Chit Ko,un profesor veterano que nos echaba una mano a traducir al birmano. Al finalteníamos una especie de lengua propia con la que nos entendíamos“,reconocen María y Abel.


Los recursos para un buen comienzo

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Improvisacionesaparte, la iniciativa comenzó a rodar conforme estaba previsto. Es más, debidoa una campaña desarrollada paralelamente, TanakaProject pudo recoger un total de 27 cámaras donadas por particulares y portiendas de Madrid y Barcelona, las cuales fueron “esenciales para un primer contacto“. De este modo, los alumnosfueron progresivamente familiarizándose con el equipo, dominando encuadres,defendiéndose con programas de edición y, finalmente, realizando proyectosintegrales. Todo ello, por supuesto, siguiendo la particular batuta de María yAbel. “La metodología de las clases sebasaba en juegos y en métodos no convencionales. La experimentación era elcamino para llegar al objetivo como parte fundamental del aprendizaje. Porejemplo, hicimos un recetario y era igual de importante tomar las fotos que iral mercado, cocinar o iluminar el plato“, ilustra esta pareja defotógrafos.


Prueba superada

Un estudio dearquitectura para documentar sus construcciones, un restaurante para cubrireventos y realizar fotografías corporativas o una ONG deportiva para seguirgráficamente los partidos y retratar a los equipos. Estos son los tres “clientes fijos” que la primera promociónde Tanaka Project ha cosechado hastala fecha. Con todo, queda demostrado que esta iniciativa puede alcanzar la metacon la que se fundó: ofrecer una salida profesional a los refugiados. De todosmodos, María y Abel no han querido dejarlo ahí, por lo que también hanconcebido una exposición a recorrer toda la geografía española durante 2014para dar a conocer su labor y, así, garantizar próximas ediciones. “La verdad es queel resultado ha sido sorprendente y la experiencia increíble, así que nodescartamos darle continuidad. Estamos dejando reposar las cosas mientrasrematamos este primer curso para ver con perspectiva fallos y aciertos, asícomo conseguir material y fondos para formalizar el proyecto y poder mejorar lossiguientes talleres“, concluyen ambos.

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Estefanía G. Asensi

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