La carta de Elvira

Mi querido Juan: Te escribo estas líneas cuando ya estás dormido y veo tu cara de ángel cansado respirar sobre la almohada. No dejo de sonreír, amor mío, al recordar los muchos días que pasamos viajando por nubes imaginarias, por esos besos alocados que nos dábamos, las riadas enteras de caricias y un millón de risas. Nunca anduvimos sobrados de dineros, pero no importaba: repartíamos AMOR en mayúsculas todos los segundos que nuestra vida consumía.

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“Ahora, la vida se come a trozos mis recuerdos. Un fuego implacable devora mi pasado y parte de este presente estafador que me castiga. Te doy las gracias, amor mío, por tu paciencia infinita, por recordarme cada día qué vestido llevo, que no salgo descalza a la calle creyendo que la calle es una playa, que los zapatos son iguales y dónde está el baño. Te doy las gracias, mi ángel, por ese esfuerzo tuyo, callado y sonriente, de cubrir las paredes de la casa de post-its con el nombre de cada cosa, sobre todo el nombre de cada uno de nuestros hijos y nietos; de nuestros hermanos, de nuestros amigos. Perdóname por olvidar tu nombre.

Te doy las gracias infinitas por esa luz que despliegan tus ojos cuando mis ojos se quedan en el desierto sombrío de la noche, por tu mano cálida que me abriga el corazón, por esa estrella que ilumina el pasillo cuando ya no quedan más estrellas en mi cielo. Te doy las gracias ahora, cuando la oscuridad me ha encendido una lámpara para que escriba estas líneas, porque sé que mañana todo me será desconocido y puede que esa lámpara ya no se encienda. Por eso quiero que sepas que TE AMO. Y TE AMARE SIEMPRE, aún en la noche.

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Tuya, Elvira”.

@Butacondelgarci

José Manuel García Otero

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