Historias dibujadas

Pese a haber pasado más de treinta años, recuerdo perfectamente que las primeras viñetas fueron, para mí, las de Mortadelo. En las tardes de Espinete y Nocilla todavía eran de Bruguera los tebeos que me compraba mi abuelo a la salida del cole: Zipi y Zape, Pepe Gotera, Superlópez y, por supuesto, Mortadelo y Filemón. Docenas de casos imposibles a cada cual más esperpéntico: el Caso del Bacalao, Contra el Gang del Chicharrón, Los inventos del profesor Bacterio… Yo entonces no lo sabía pero con cada una de esas páginas asentaba una relación que todavía perdura.

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Con la adolescencia llegaron otras historietas y otros géneros. Superhéroescon mallas, que era lo que entonces se llevaba si tenías doce o trece años. Asíconocí a Iron-Man, al Capitán América, a Batman y a unos cuantos enmascarados más. El vicio crecía, bocadillotras bocadillo y dibujo tras dibujo. Después llegó Conan en esa maravillosacolección de la Espada Salvaje en la que el pulpde los 30 cobraba vida gracias a los guiones de Roy Thomas y los abigarrados lápices de Buscema, Alcalá o Adams.Entre Dumas, Stevenson y Tolkien esafantasía oscura y bárbara era el complemento ideal para un adolescente al quelos recreativos del barrio le aburrían soberanamente.


Pero el tiempo tiene la maldita costumbre de escurrirse a toda prisa. Yparece que a los universitarios que leen a Habermas y a Hobsbawm no les quedabien como complemento llevar a cuestas la última aventura de Asterix.Ni siquiera de Corto Maltés. Larelación se enfrió un tanto y las viñetas parecieron languidecer en lasestanterías. Yo, que de pequeño había soñado con irreductibles galos y, algomás mayor, con princesas hiperbóreas, sucumbí al dictado de la norma no escritaque decía que los cómics ya no son entretenimiento para un adulto. Hasta quealgo cambió.

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El cambio, en realidad, llevaba fraguándose desde finales de los setentacuando un dibujante neoyorkino llamado WillEisner se empeñó en convencer al mundo de que él, con sus lápices, tambiénpodía hacer novela costumbrista y social. En 1978 publicó Contrato con Dios; en 1979, Unafuerza vital y en 1985 defendió en el tratado El Arte Secuencial que el cómic era una vía de expresión artísticay creativa tan capaz, como el cine o la literatura, de contar grandes historiasdirigidas también a los adultos. Había nacido el concepto de novela gráfica.


Apenas un año después DC Comicsempezaba a publicar un título fundamental por dos razones: por un lado confirmóla teoría de Eisner de que en el tebeo también cabía el relato adulto, lacrítica social y el análisis político. Además lanzó a un guionista inglés queen los años siguientes lograría, precisamente, parir un buen puñado dehistorias que demostraban precisamente esto. El título, paradójicamentededicado a los superhéroes, era Watchmeny el escritor se llamaba – se llama – AlanMoore.


Fue precisamente gracias a la popularidad que el cine dio a dos de susobras más conocidas: From Hell y V de Vendetta que el gran público haempezado a acercarse al universo del cómic, venciendo las reticencias de unentretenimiento que hasta los años noventa se consideraba exclusivamenteinfantil.


En apenas unos años hemos visto como incluso los grandes almacenes mástradicionales dedican parte del espacio de sus secciones de librería a la ventade cómics. Los mismos que antes relegaban los álbumes ilustrados a la seccióninfantil colocan ahora los tebeos en áreas independientes y llamativas donde,semana tras semana, se acumulan las novedades.


Algunas series y algunos personajes, que hace apenas veinte añosparecían condenados al ostracismo de esos planetas prohibidos para el común delos mortales que eran las tiendas de cómics se han convertido en fenómenos demasas. Internet ha hecho el resto. El cómic se ha convertido en uno de los medios de expresión y deentretenimiento más populares del siglo XXI.


Sin embargo, todavía hay gente que no se ha atrevido nunca a echarle unvistazo a una página llena de viñetas. Hay fanáticos de The Walking Dead que desconocen que su origen está en una serie decómics; aspirantes a redactor de internacional que no conocen a Joe Sacco o inclusolectores empedernidos de Neil Gaiman que jamás han oído hablar de Sandman


De todos ellos me gustaría hablar en este espacio. Esta columna quepretende ser, únicamente, un lugar al que poder echar un vistazo de vez encuando para complementar la dieta literaria con unas cuantas viñetas. No seráuna selección rigurosa en absoluto. Más bien al contrario. Responderá a lasfilias y a las fobias del que suscribe, a sus aficiones literarias y a susintereses concretos. Y aun así espero repasar algunos títulos clásicos y también incorporar algunas novedades que puedanhacer disfrutar a todos los que, como a mí, todavía nos gusta leer una buena historia. Aunque sea condibujitos. 


 

Adrián Cordellat

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