El timbre de Whitechapel

Muy probablemente es la campana más famosa del mundo. Vigilante y puntual, desde la Torre del Reloj, el Big Ben tañe las horas en Londres. 360 Grados Press ha visitado la Fundición que fabricó el mítico instrumento que, además, es la compañía de manufacturas más antigua de toda Gran Bretaña.

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Se trata de un edificio que pocoscalificarían como pequeño, pero que queda totalmente eclipsado por su coquetaentrada con fachada de madera que parece dar la bienvenida desde la mismacalzada. Amanece un día soleado en Londres -de esos que no abundan en estaciudad- y, a plena luz, resulta complicado imaginar que esa puerta que invita acruzar su umbral, ha sido testigo de los crímenes más sangrientos sufridos en 1888en la capital británica.

 

Situada en el distrito de Whitechapel, aleste de la ciudad, se encuentra la fundición de campanas más antigua de GranBretaña, que lleva el mismo nombre del barrio que la acoge. Ahora es posiblepasear por las calles adoquinadas de esta zona sin mirar con el rabillo del ojoa un lado y a otro… sin el temor de ser una de las víctimas de Jack “ElDestripador”.

 

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Entre la bruma de la eterna y alargada sombrade la tan potente como macabra huella que ha dejado impresa para siempre elpsicópata más famoso de Londres, se halla esta fundición de campanas, que nosólo puede presumir de antigüedad –abrió sus puertas por primera vez en 1570,durante el reinado de Isabel I– también de haber fabricado el carillón que, sinmoverse de la ciudad inglesa, ha dado la vuelta al mundo: el Big Ben. Tal es lafuerza mediática de esta campana, que la torre del reloj de Westmisnter desdela que repica con puntualidad, adoptó su nombre. Recientemente, laarchiconocida torre ha sido rebautizada como ‘Elisabeth Tower’, en honor a lamonarca Isabel II. Pero, a decir verdad, tal es el cariño de los británicoshacia el Big Ben que en Londres nadie –en fin, diremos ‘prácticamente nadie’-rinde pleitesía a la soberana en esta cuestión.   

 

Porque la campana insignia de Londres nollegó ayer a la ciudad. Según explica en inglés Amanda Davis, una de lasempleadas de la fundición, el Big Ben fue fundida el 10 de abril de 1858, perono fue hasta el 11 de julio del año siguiente cuando la enorme campana sonó [Img #15906]
enla ciudad del Támesis por primera vez. El reloj, no obstante, movió susvarillas el 31 de mayo de 1859. Pero el tañido resonó en la gran ciudad sólo unpar de semanas porque las agujas se pararon por completo. No sería la primeravez que fallaría, pues en septiembre la nueva campana se agrietó, al parecer,porque el martillo que la golpeaba para marcar la hora era demasiado grande. Laherida fue tal que la gran campana enmudeció durante cuatro largos años.Durante ese tiempo, tomó el relevo uno de los cuartos que, en punto, repicabala hora. El coste total del reloj, los carillones y su instalación en la Torredel Reloj alcanzó las 22.000 libras, según fuentes del Parlamento británico.

 

Enigmática

Imperiosa y casi divinizada, la campana delBig Ben entraña misterio incluso en el origen de su bautizo. Hay quien apunta aque debe su nombre a Sir Benjamin Hall, el primer Comisionado de Obras, quetrabajó entre 1855 y 1858; pero también hay quien corre la voz en favor de BenCaunt, un boxeador campeón de peso pesado de la década de 1850. Ni siquiera enla fundición donde nació se atreven a decantarse por una u otra leyenda. Tampocoen el Parlamento británico, que ofrece ambas versiones y, aunque apunta a queposiblemente sea más cierta la primera, no concreta con exactitud cuál de lasdos (o tal vez ninguna) es la que realmente merece entrar en la Historia. Esedetalle, eso sí, no deja de tejer el halo enigmático que rodea a la que llamanla gran campana.

 

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Porque pequeña, no es. El Big Ben pesa trecetoneladas y media, mide 2’2 metros, su diámetro es de 2’7 metros y el martilloque la hace sonar alcanza los 200 kilos. Al escuchar las proporciones ymedidas, rápidamente, la mente intenta buscar alguna comparación para poderhacerse una idea de su tamaño real. Pero nada mejor que observar la puerta dela fundición desde dentro, pues una plantilla del perfil del molde del Big Benrodea el quicio.

 

Hasta ahora, el Big Ben era la pieza másgrande construida en la Fundición de WhiteChapel; un puesto de honor que le haarrebatado recientemente la campana encargada de anunciar la apertura de losJuegos Olímpicos de Londres 2012, que marca 27 toneladas en la báscula.

 

Esta compañía de timbres, desde luego, nopasa desapercibida. Tampoco para la Familia Real. El Jubileo de Diamantes de lasoberana Isabel II no sólo fue motivo de orgullo para miles y miles debritánicos que vitorearon con fervorosa pasión a su reina, también resultó seruna oportunidad para la fundición para volver a colarse en otro hito. Lascampanas instaladas en el barco que anunciaba la llegada de la Familia Real enel desfile en el Támesis, también son suyas.

 

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En la Fundición se muestran altamenteorgullosos de estar detrás de las campanas británicas más famosas eimportantes. Tanto es así, que la propia sede es un pequeño museo condocumentos y fotos históricas (como cuando Isabel II la visitó). Entrecarillones antiguos y muebles de madera, un video reconstruye el momento en elque un carruaje especial tirado por dieciséis caballos blancos transportó elBig Ben por el puente de Westmisnter. “Es uno de los grandes acontecimientos,sin duda alguna”, insiste Amanda Davis ante la pantalla.

 

Pero entre grandes eventos, leyendassangrientas y suculentos carillones que alimentan buenos titulares de prensa,los trabajadores de la Fundición de WhiteChapel siguen desarrollando un oficioantiguo y curioso, como es fabricar campanas o, lo que es lo mismo, continúanconvirtiendo kilos y kilos de metal en auténticos timbres melódicos.


@Lorena_Padilla

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