Expo 2010: últimas cuatro semanas

360gradospress se adentra por los pabellones de la muestra de Shanghai antes del cierre de puertas

CARLOS JUAN, Shanghai. Para visitar Expo Shanghai ya hay que darse prisa. Cierra el dia 31 de octubre, a comienzos de esta misma semana se adentraba en los 59 millones de entradas vendidas. Los chinos quieren hacer con esta Expo bueno el tópico de que en su país todo lo que sea grande o numeroso se valora más.

La preparación de este viaje comienza en la propia agencia. Allí nos pedirán el pasaporte y dos fotos tamaño carnet. La expedición del visado de entrada requiere de estos documentos más la reserva del vuelo y del alojamiento. Como cualquier otro documento consular, el visado requiere el pago de una tarifa. Quienes viajen por su cuenta tendrán que hacer estos trámites en el consulado general de China con tiempo suficiente (nada de ir el dia antes de partir ya que el visado que se expide tiene una validez de uso de tres meses).

Los aeropuertos de la ciudad están comunicados con el centro por metro, tren y servicios de taxi. Estos últimos son la forma más directa para llegar a un sitio (usualmente el hotel) pero también la más cara, un trayecto desde el aeropuerto de Pudong hasta el centro cuesta unos 55 euros. Quienes viajen por su cuenta pueden abaratar su escapada estudiando los planos de la red de tren y metro que ofrece el mismo aeropuerto antes de salir de él y utilizando estos medios de transporte. Funcionan muy bien aunque al principio es difícil saber la dirección correcta y el procedimiento para comprar un billete en la máquina autoventa.

El metro es también la mejor opción para acceder al recinto de Expo. La ciudad ha modificado sus lineas situando varias paradas en las riberas que acogen esta muestra cuyo lema es “mejor ciudad, mejor vida”. Nuevamente vuelve a nuestra cabeza el aparente culto a las cosas de gran tamaño que parece ser común a toda China; desde los puentes Nanpu y Lupi hasta el pabellón del pais anfitrión o el ‘ovni’, edifcio denominado centro de espectáculos y cuyo aforo, dicen, se acerca a las 18.000 personas.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse antes de aproximarse a uno de espectáculos de masas no hay grandes colas para comprar las entradas ni tampoco para llegar al control de seguridad, similar al de un aeropuerto. Para evitarlas la opción elegida ha sido “clonar” tanto taquillas como arcos de seguridad de modo que los asistentes se repartan lo máximo posible.

Eso si, pese al buen diseño, una vez dentro del parque de la exposición por primera vez las preguntas son comunes a cualquier idioma. Básicamente son dos; ¿dónde estoy?, ¿hacia dónde está lo que me interesa? En la entrada principal hay una especie de zona “de nadie” en la que casi por inercia todos los recien llegados caminan hacia adelante y se mira a izquierda y derecha al mismo tiempo que interiorizan estas dos trascendentales (en ese momento) preguntas quizá aliñadas con una tercera. ¿Merecerá esto la pena?

Sin embargo es fácil orientarse en esta Expo. Eso sí, hay que “triangular” con referencias como los puentes, el propio rio Huang Po y los ejes de comunicación peatonales. La Expo reparte su espacio en las dos orillas del rio si bien una no está exactamente enfrente de la otra. Aunque se puede pasar de una a otra en metro el medio mas recomendable para hacerlo es el ferry, tanto de dia para tener la perspectiva “fluvial” del evento como de noche por los juegos de luces aportados por la propia Expo y los edificios de los alrededores.

A partir de aquí, y como es habitual, cada país ha hecho de su capa un sayo respecto a su pabellón nacional. Hay pabellones que son meras cajas contenedoras, hay edificios que han apostado por el diseño y la apariencia, hay lugares más respetuosos con el tema de la muestra en convivencia con otros en los que la única idea es “vender el país”. Hay pabellones espartanos que parecen decir “no nos ha llegado el dinero para más”, hay pabellones compartidos, hay pabellones que tienen alguna forma de transmitir su mensaje que engancha y hay otros que dejan indiferentes.

No todos tienen colas en la puerta. Durante nuestra visita en el pabellón de España nos dijeron que los celos entre las representaciones de los paises acabaron pronto con el “ranking” de visitantes a los pabellones que publicaba la organización. Pero lo lógico, si se especula sobre este asunto antes de llegar, es pensar que los pabellones de los países con mas población y el pabellón de China van a ser los más concurridos a todas las horas. De hecho el pabellón de China solo se visita siguiendo un complicado sistema de reservas aunque siempre es posible hacer el recorrido de la planta baja, el pabellón de las provincias de China que, eso si, recuerda a la feria de turismo Fitur.

No todo son pabellones y no todo los pabellones representan a países. El agua pulverizada, las tiendas y servicios, los lugares para comer, los pasaportes y los sellos y la limpieza del recinto son detalles que actualizan imágenes de Expo 92. En general uno tiene la percepción de que se ha cuidado al máximo la comodidad y la seguridad del visitante. La pregunta que queda en el aire es si tiene sentido que ese esfuerzo tenga una fecha de caducidad si despues no hay ideas claras sobre el uso de estos espacios urbanos. De momento lo único que se sabe es que algunos edificios muy concretos de Expo y el pabellón de China pasarán a ser centros de congresos o espectáculos.

Marga Ferrer

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