Ponce y Castella, lo más interesante de la Feria de Julio

La recién acabada Feria de San Jaime ha dejado un resultado bastante pobre en lo artístico. Gracias a Sebastián Castella y a Enrique Ponce, no estamos hablando de una hecatombe, pero casi. 360gradospress siguió el serial.

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El ciclo comenzó el domingo 22 de julio con una novillada sin picadores en la que un voluntarioso Jorge Expósito abrió la puerta grande después de una primera labor basada en las buenas maneras y rubricada con una efectiva y valiente estocada, tirándose a matar. En el segundo de su lote, se vivieron los momentos de más interés en unas tandas de naturales muy ligados a un novillo que también colaboró. Tras un pinchazo, cortó otra oreja. En cuanto al juego de los animales de El Parralejo, diferencia palpable con la estupenda novillada que lidió en Fallas.

Siguió la Feria el miércoles 25 con un festejo con los del castoreño. La novillada de Fuente Ymbro no estuvo a la altura de la habitual calidad que desprende siempre en Valencia. Román obtuvo un apéndice del segundo de la jornada, un ejemplar mirón que acabó tirándole por los aires. No se arrugó, se llenó de orgullo y volvió a colocarse entre los pitones de su oponente, con el que se ajustó especialmente por manoletinas. Después de un pinchazo, consiguió la única oreja de la tarde. Fernando Adrián no tuvo suerte con su lote y Gonzalo Caballero tampoco dio la dimensión esperada tras su paso por Pamplona.

El jueves se pronunciaron los primeros olés fuertes del serial. Castella fue quien despertó al respetable del letargo vivido hasta el sexto de la tarde. El francés realizó tandas de naturales interminables –sobre todo la última, arrastrando la muleta y desplazando al toro de Núñez del Cuvillo hasta el final-. Se lució mandando las embestidas del burel y en los cambios por la espalda. El premio a tan loable faena fue un trofeo, el de más peso de toda la feria. Otro apéndice obtuvo El Fandi, que sobresalió con el capote. Paquirri pasó por el coso valenciano sin pena ni gloria.

El viernes, el mano a mano entre Fandiño y Castaño quedó en la actuación en solitaria del primero, tras la baja del segundo. Lo cierto es que aunque se agradece que Fandiño adquiriera tal compromiso, la afición valenciana echó en falta otro espada en el cartel como Aguilar, Mora o Robleño. Lidió Iván un primer toro de Alcurrucén al que ejecutó un trasteo interesante con gaoneras primero y naturales después, de bastante calidad, pero la estocada caída dejó el balance en una ovación. Con el segundo, de Adolfo Martín, tampoco llegó el triunfo; lo toreó sin chaquetilla tras prenderlo feamente.

El tercero, de Alcurrucén, que sustituyó al anovillado Fuente Ymbro, saltó al callejón, pero ese ímpetu no fue sinónimo de bravura y la labor fue bastante sosa, no llegó a los tendidos y no fue por la climatología, sino por el poco motor el astado. Y ante el complicado cuarto, de Adolfo, más decepción, que se añadió a la intermitente lluvia. Se iba el público, sí; pero aguantaban allí los abonados. Esos que lo aguanta todo, incluso que se llegue a decir que la tarde fue fría porque no “entraron” en las faenas. Mentira, si los pocos abonados que nos quedamos en la plaza hubiésemos presenciado una faena con un buen toro y un diestro entregado, habríamos reaccionado; así que de frialdad en los tendidos nada. Llamémoslo por su nombre: sosería en el ruedo.

Con el quinto, de Fuente Ymbro, por fin cambió el rumbo del festejo y afortunadamente Fandiño consiguió la primera oreja de la tarde con una labor más compacta, pues el morlaco se movió más que el resto y el diestro demostró su capacidad lidiadora. Merecida la oreja. Más discutido fue el trofeo que obtuvo del sexto, de Alcurrucén, pues el morlaco se vino arriba tras el tercio de varas, se empleó más en la muleta y Fandiño mostró su disposición para hacerse con el triunfo que le permitiría salir a hombros; sin embargo, la faena no fue tan destacable como para ser premiada con una oreja, después de entrar a matar por segunda vez.

Ponce y Morante
Otro de los mano a mano programados fue el de Ponce y Morante, ante reses de Victoriano del Río, de las que destacaron tercero y quinto. Cada uno en su estilo, el sábado 28 devolvieron al respetable la alegría perdida. Ponce ejecutó una buena faena a su primero, que bien le hubiese valido una oreja, pero la cicatería del presidente le privó de ‘tocar pelo’. Vamos, un robo. Pero sin duda, fue ante el noble tercero con el que el de Chiva hizo vibrar a los allí presentes. Los muletazos desmayados, templados, buenos los derechazos, hartándose de torear. Desplegó su repertorio con los extraordinarios cambios de mano y con las imborrables poncinas. Todo ello, tras lesionarse cuando el primero de Victoriano le apretó y le hizo tomar el olivo. Ante el quinto, un ejemplar con gran calidad, podría haberse lucido más Ponce, pues era toro para bajarle más la mano y liarle un lío gordo, pero no sacó todo el partido al burel. Y es alarmante, porque si hay un diestro que tiene la facultad de entender a los toros, ese es Ponce. Pero parece que él no lo vio tan claro como gran parte del respetable. Pese a ello, cortó una oreja. Fue en este ejemplar en el que Ponce y Morante protagonizaron un exquisito tercio de quites e hicieron las delicias de la gente. Las chicuelinas la apuesta de ambos matadores, pero nos quedamos con una de Morante y la media, puro homenaje a Belmonte.

El de La Puebla del Río pechó con un impresentable segundo que no le dio opciones, pero abrevió demasiado ante el inadmisible cuarto. Fue en el sexto en el que el sevillano dejó los suficientes destellos para obtener un trofeo. Los delantales con el capote, y los pases de pecho barriendo el lomo del burel y los ayudados por alto con la muleta llenaron de torería una labor muy digna, aunque falta de continuidad.

Llegó el último día de feria con el festejo de rejones, del que cabe resaltar la segunda actuación de Andy Cartagena, que al igual que la primera, le valió un apéndice y emocionó bastante, y la quinta, a cargo de Ventura. Diego se vació en una espectacular demostración a dos pistas recorriendo el ruedo entero. Los quiebros vibrantes y el efectivo rejón de muerte le valieron dos benevolentes trofeos. Por su parte, Moura se mostró voluntarioso en cada uno de sus oponentes. Una oreja del tercero y otra del buen sexto le facilitaron salir a hombros. Los tres rejoneadores y el mayoral de Bohórquez cruzando la puerta grande fue la estampa con la que acabó la Feria de San Jaime 2012.

Manolo Gil

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