Polizones de ida y ¿vuelta?

La redacción de 360gradospress se cuela en el departamento de objetos perdidos de la Estación del Norte de Valencia. Las supervisoras explican cómo recuperar pertenencias y cuentan en qué consiste su trabajo que, por cierto, está cargado de anécdotas.

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Un hombre emprendeviaje en Alta Velocidad desde Valencia rumbo a Madrid. Llega a Atocha y cuandodescansa ya en su habitación en la capital española, se dispone a deshacer sumaleta. Pero ¡sorpresa! Esa camisa azul no es la suya, tampoco unas botas altasde tacón y en el neceser, en lugar de espuma de afeitar, toallitasdesmaquillantes.

 

En Cuenca una jovenacaba de apearse del Ave y, después de un largo fin de semana valenciano, llegaa su casa. Abre el armario de par en par y coloca la maleta encima de la camapara organizar de nuevo su vestuario. Echa de menos la blusa celeste y no sabede dónde han salido tantas corbatas.

 

Estos viajeros hanintercambiado el equipaje por despiste, porque ambas maletas eran exactamenteiguales. Aunque podría ser el argumento perfecto para una película, esto ocurreen la vida real más de una vez. Los afectados, por lo general, no acabanpasando por la vicaría, como en los mejores cines, pero desde luego, ambosempiezan juntos la batalla para recuperar sus pertenencias. ¿Su punto deencuentro? La oficina de objetos perdidos de la estación.

 

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La misión principalde este departamento es devolver a sus dueños los objetos que se han extraviadoen las instalaciones ferroviarias. “Hay quien piensa que si olvida alguna cosaen un tren, lo ha perdido para siempre, pero de eso nada: se puede recuperar”,explica Gisele Ibáñez, quien sitúa la cifra de encuentros en un 50 por ciento.Desde la Estación del Norte de Valencia ella intenta localizar los objetos perdidosy lleva la gestión online a través del correo electrónico.El buzón está en Madrid y de allí se encaminan los rastreos para devolver a susdueños sus haberes.

 

“Es muy importantedar los máximos detalles posibles del objeto en cuestión para poderrecuperarlo”, recomienda Gisele, al tiempo que también aconseja diferenciar lasmaletas con pegatinas o lazos para que los intercambios por error se queden enla gran pantalla. Ese es el truco de Gloria María Nieto, la supervisora queatiende en persona a aquellos que han perdido pertenencias o a quienes lasencuentran. “La gente, sobre todo el personal de servicio, suele ser bastantehonrada y traen muchas cosas… y de valor”, asegura.

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No hace mucho llegóa las manos de Gloria María una mochila con mil euros. Entonces se pone enmarcha el mecanismo de rastreo. La supervisora se convierte en una suerte dedetective para dar con el dueño de la fortuna. “Además, había dosis deinsulina. Tenía que encontrar como sea a la persona que lo había perdido”,sostiene. “Miré que en la mochila había folletos de un Congreso deInventores… toda pista es buena para seguirla y dar con el dueño”. Lo consiguió.

 

“Cuando devuelvesalgo, la gente reacciona muy bien”, explican las dos. Tanto, que hay veces que elagradecimiento llega en forma de caja de bombones. “Me la trajo un señor querecuperó una cartera con 150 euros”, recuerda con cariño Gloria María. Gisele,desvela, recibe felicitaciones en forma de tweet. “Es muy gratificante devolverpertenencias”, coinciden las dos. Según describen, el reencuentro entre dueño yobjeto es digno de ver. Y es que la gente pierde de todo.

 

Desde libros hastacuadros de 1’30 metros, pasando por prendas de abrigo, paraguas, carritos debebé, llaves del coche, juguetes eróticos, una nevera portátil o una peluca, deacuerdo con lo que cuentan las supervisoras. Tanto es así que un señor descuidóen un tren ni más ni menos que la sonrisa. Suerte que alguien la encontró, lallevó al departamento y el anciano recuperó su dentadura postiza. Lo dicho: detodo.

 

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“Los objetos máspintorescos aparecen en los trenes de Cercanías y en Media Distancia, mientrasque en Largo Recorrido o en Alta Velocidad, lo que abundan son aparatoselectrónicos”, coinciden las dos. Son muchos los viajeros que olvidanordenadores portátiles, teléfonos inteligentes, ipads, lápices electrónicos,e-books y todo tipo de tecnología. Perder estos objetos no es plato de buengusto, pero todavía es peor desprenderse de la información que almacenan. “Elotro día devolví un pc a una estudiante. Estaba muy apurada porque llevabatodos los apuntes de la carrera”, recuerda Gloria María. “Tuve que regañarle, son cosas muy importantescomo para perderlas”, bromea.  Todos losmóviles que llegan a objetos perdidos se apagan para asegurarse de que es elverdadero dueño quien se lo lleva de vuelta a casa, ya que tiene que poner elcódigo pin.

 

Curiosamente, sonlas gafas de vista las que lideran la clasificación de objetos perdidos. “En unmes, nos llegan una media de veinte lentes”, calculan desde el departamento.Dado el volumen de cosas que se extravían, en el caso de Valencia, cada mes se llevanlos objetos perdidos al ayuntamiento para evitar acumulaciones. Las carteras seentregan en Comisaría cada 48 horas.    

 

Pero también se da el caso de que los objetos perdidos no sonencontrados por nadie y viajan discretos por la geografía española cualpolizón, esperando a que alguien se percate de que no están en su sitio.

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