Nos vamos de fiesta

En pleno Saloufest, con el botellón siempre generando polémica, recién finalizadas las fiestas de primavera y a siete días del inicio de la Semana Santa, 360gradospress se fue esta semana de parranda. ¡Os invitamos!

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¿A quién no le gusta ir de fiesta? Habrá quien diga que no pero la mayoría responderá a la pregunta con un sí rotundo, especialmente los jóvenes. Ellos son capaces de coger un autobús, recorrer los 1.500 kilómetros que separan las Islas Británicas de la Costa Dorada para vivir tres días de desenfreno. Ellos son los que son capaces de iniciar una espicha (espicha es la fiesta que se celebra en Asturias con motivo de la cata de un tonel de sidra) a las once de la mañana y terminar a las nueve de la noche y, más de uno, seguir hasta reventar. La juventud –siempre generalizar es malo y permítanme la licencia- es fiestera por excelencia.

Normalmente la fiesta se asocia a alcohol, a libertad, a España. Buscamos el término en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y encontramos diez acepciones y más de una veintena de frases hechas que incluyen la palabra. Esto es una selección de lo que recoge:

Fiesta: día que la Iglesia celebra con mayor solemnidad que otros. Día en que se celebra alguna solemnidad nacional, y en el que están cerradas las oficinas y otros establecimientos públicos. Diversión, regocijo. Reunión de gente para celebrar algún suceso o simplemente para divertirse.

360gradospress acudió el pasado viernes a una macro-espicha organizada por los alumnos de la Escuela de Peritos de Gijón. Se celebró en el parque Hermanos Castro, junto a la playa de San Lorenzo. Un espacio público que el pasado verano acogió la carpa del Circo del Sol. Allí se reunieron cerca de seis mil jóvenes. Todo bien organizado, todo legal (o casi todo). Carpa, disc-jockey, urinarios portátiles (eso sí, sólo dos)… El cachi de cerveza a 3,50 euros. Una cola para recoger el vale para la consumición, otra cola para pedir en la barra. En otra esquina unos pinchan la música del momento, la que gusta a los jóvenes de ahora. Todo bien organizado, insisto. La juventud otra cosa no hará, pero se organiza bien. Da igual del país de donde hablemos. Las recientes revueltas del Norte de África surgieron de jóvenes descontentos con el régimen, las protestas en las afueras de París nacieron de jóvenes descontentos… Pero no sólo son rebeldes, también tienen talento. El masivo uso de Internet se lo debemos al cerebro de unos jóvenes americanos que idearon plataformas como Google o redes sociales como Facebook.

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El mundo cambia pero hay cosas que no. Los jóvenes siguen queriendo tener momentos de diversión. Antes lo consumían de otra manera, ahora la moda es beber, el botellón. ¡Ojo! Para  una inmensa mayoría porque sigue habiendo jóvenes que ‘pasan’ de la bebida, igual que la mayoría ‘pasa’ de las drogas. Imagino que beben para desinhibirse, para olvidarse de la cantidad de complejos que arrastran, para ser uno más de la pandilla o para no ser menos que los que la integran.

Los políticos que gobiernan países y, en el caso de España, comunidades autónomas, provincias o ayuntamientos, son los encargados de establecer las leyes. Las normas básicas de conducta. Si se organiza una macro-espicha en un parque público –carpa incluida- es porque los gobernantes lo consienten. Si se organizan tres días de fiesta en Salou es porque el ayuntamiento lo permite. Y si vienen miles de jóvenes a España a hacer lo que en sus países está terminante prohibido es porque aquí está permitido y allí no. Esos gobernantes son los que están ahí porque la sociedad española –mayores de 18 años todos- son los que les han votado. Son los que les han elegido para que establezcan esas leyes. Es lo que tiene la democracia. Es lo que tiene la libertad que nos ha dado la democracia.

La sociedad española asiste en muchos casos atónita al comportamiento de los jóvenes de ahora. Se les ha bautizado de mil maneras. La última moda es llamarlos la generación ni-ni (ni estudian ni trabajan). Igual que a la mayoría les gusta la fiesta, la mayoría estudian o trabajan o hacen las dos cosas. Eso no ha cambiado tanto. Sí es verdad que muchos han podido perder valores que los de generaciones anteriores consideramos básicos.

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Vestimenta diferente, música diferente, palabras diferentes, relaciones diferentes… Todo cambia pero la esencia de la fiesta no. Pasarlo bien, aunque es cierto que hay cauces y cauces para llegar a ese fin. Que hay comportamientos reprochables pero sólo de unos pocos, no de la mayoría. A los jóvenes se les tacha pero… ¿y a los que consienten esas conductas y a los que las fomentan y a los que crean tendencias que llevan a esa actitud?

360gradospress compró su cachi de cerveza. En una mano el vaso de plástico, en la otra, la cámara de fotos. Abrió los ojos y escuchó a los jóvenes que celebraban una macro-espicha en un parque público de Gijón organizada con el objetivo de recaudar fondos para un viaje de estudios. ¿Qué vimos? ¿Qué escuchamos? Un poco de todo. Entre seis mil jóvenes hay para todo. Los hay que esperan una larguísima cola para mear en un urinario portátil. Los hay que se acercan al primer árbol para descargar y los hay que en medio de la euforia etílica se creen ocultos detrás de una valla. Los hay que van a la fiesta con el carrito del supermercado cargado de bebidas alcohólicas. Los hay que llevan bocadillo y Coca-Cola. Los hay que llevan bolsas de congelado para conservar el hielo con el que enfrían sus cubatas del alcohol más barato que les venden por toneladas en el supermercado de turno. Los hay que recogen su basura –los menos- y los hay que la apilan y la dejan en unas papeleras a rebosar, otros pocos.

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Hablan, comparten, sienten la pertenencia a un grupo, son felices a su manera. Cada generación tiene la suya. Para unos el colmo de la felicidad es asistir a esa espicha o al Saloufest o a una fiesta de primavera, para otros es estar en una terraza mirando al mar o ir de vacaciones a Punta Cana. Es cuestión de edad o de gustos. Demonizar a toda una generación es injusto. No se les debe condenar, ellos son el futuro y lo saben.

Javier Montes

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