A ‘cuatro latas’ por el desierto

Ser estudiante y viajar en un Renault 4L. Estos son los únicos requisitos para participar en un rally que recorre desde Francia hasta Marruecos con un fin solidario. Muy pocos saben acerca de su existencia. En 360 Grados Press os lo queremos descubrir de la mano de cuatro de sus participantes.

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Corría el invierno de 1996 cuandoJean-Jaqcues Rey, corredor del París-Dakar, se encontraba en Malí con unosamigos para trazar nuevos caminos hasta la capital senegalesa. Fue una nochedurante esta estancia cuando todos ellos compartieron un mismo sueño: podervivir una aventura en el desierto sin necesidad de tener un vehículo 4×4, elcual no todo el mundo podía costearse. La idea fue cobrando fuerza con el pasode los días. Tanta, que al regresar a Francia Jean-Jaques barajó varios cochesy, finalmente, optó por irse a Marruecos en un Renault 4L. La experienciademostró que éste no solo era barato, sino también fiable.


Y lo que pudo quedarse en unaanécdota ha llegado a convertirse en un gran evento universitario en Francia.Se trata del rally 4L Trophy, gracias al cual desde hace quince años miles deestudiantes galos siguen los pasos de Jean-Jaques hasta Marruecos en sus mismascondiciones: montados en ‘cuatro latas’. A pesar de que en España no es muyconocido, en la última edición cuatro jóvenes valencianos han decidido sumarsea ese sueño que un grupo de amigos tuvo hace tiempo. Nacho Belenguer, GonzaloSerratosa, Javier Peris y Jacobo Serratosa no necesitaron más que encontrar unartículo de prensa para decidirse. “Loleímos, se lo comentamos a nuestros padres, buscamos los coches y nos apuntamos“,explica Gonzalo.


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Así, el pasado 16 de febrero estoscuatro aventureros partieron desde San Juan de Luz, un municipio francéssituado en los Pirineos Atlánticos, a bordo de dos de estos míticos modelos deRenault. Allí se encontraron con otro equipo español procedente de Navarra. Lostres han sido la única representación española en la competición de este año,la segunda en la historia de la misma. “Todoel mundo iba preguntándonos. La gente se quedaba muy sorprendida. Incluso losresidentes españoles en Marruecos nos buscaban en el campamento y venían ahablar con nosotros. Somos los únicos españoles que lo hemos hecho después deun equipo catalán que participó el año pasado, así que todo el mundo que nos veíanos paraba“, relata Nacho.


Sin duda, pasar inadvertidos resultamisión imposible en el 4L Trophy. En esta ocasión, nada más y nada menos queuna comitiva de 1.860 ‘cuatro latas’ ha cruzado el país en dirección al nortede África, un trayecto que se completa tras quince días de convivenciaintensiva. “Lo más difícil es aguantar alcompañero“, bromea Jacobo. El idioma y la orientación son también factoresa superar, especialmente cuando se alcanza el desierto. Allí las etapas nodependen tanto de llegar antes como de saber administrar los kilómetros yubicarse en el mapa. En palabras de Gonzalo: “Si vas de los primeros, es complicado porque tú pones el ritmo y marcasel recorrido. Pero si vas en el pelotón, sigues el polvo y no hay problema. Lacuestión era ver polvo. Si no lo veías, bien ibas primero, bien estabas perdido“.


Compañerismo

Pero este rally comprende algo másque mero espíritu competitivo. “Haymuchísimo compañerismo. Eso me ha sorprendido mucho. Si se paraba un equipo, almomento había cinco al lado para ayudarle“, apunta Javier. De esta forma, losposibles problemas mecánicos se van solventando sobre la marcha entre unos yotros; todo con vistas a alcanzar una misma meta: Marrakech. Quizá, estafilosofía viene dada en parte por el carácter altruista del encuentro, pues elobjetivo final de 4L Trophy no es otro que llevar ayuda humanitaria a estepaís. “Hay muchos patrocinadores que vanponiendo dinero. Además, parte de la inscripción que pagamos todos va para unaONG. Este año han montado un colegio, un hospital y, aún así, han sobrado20.000 euros. Luego, cada coche lleva también 50 kilos de material escolar ycomida“, ilustra Nacho.


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En su caso y el de sus compañerostodo ha ido rodado, nunca mejor dicho. Llegaron al destino, cumplieron con sucometido y, por el camino, incluso ganaron alguna que otra etapa. De hecho, laspenalizaciones son el único lastre a recordar. “Nos dimos cuenta al llegar que te podían penalizar por algunas cosas delas que no estábamos enterados. Por ejemplo, si llegabas a un control en elrecorrido y no llevabas las luces o el cinturón puestos. O por ir más rápido delo que se debía. Pero si lo haces todo bien, no tienes ningún problema“,matiza Gonzalo.


Ahora, de nuevo en el punto deorigen, no hay lugar más que para los buenos recuerdos. La experiencia les hamarcado y les ha gustado en la misma medida a los cuatro. Marcado hasta elpunto de olvidar cómo se conduce un vehículo que no sea un Renault 4L. “Yo notaba que iba muy brusco, que frenabamás y que revolucionaba mucho más el coche“, comenta Javier al recordar laconducción a su regreso a Valencia. Y gustado como para confiar en poderrepetir en alguna otra ocasión. “Si no alaño que viene, al siguiente seguro“, matiza Jacobo. Así, aprenderse bienlas sanciones a recibir y encontrar nuevos patrocinadores se plantean lasúnicas condiciones para que estos viajeros y sus dos ‘cuatro latas’ vuelvan aprobar el polvo del desierto.

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