Rajoy, Wodehouse y un poco de humor

Tengo un amigo que desde siempre ha estado muy reñido con el reloj, lo que equivale a decir que padece una imposibilidad patológica para cumplir horarios. Lógicamente, es bastante habitual que pierda trenes y aviones. Barcos no, se marea. Pues bien. Este amigo mío me confesó una vez, entre bromas y veras, que perdía los aviones intencionadamente para quedarse tirado en la terminal de un aeropuerto leyendo a P.G. Wodehouse, sobre todo las novelas protagonizadas por el inimitable Jeeves. Hasta la fecha no he vuelto a escuchar una justificación de lo injustificable más literaria y descacharrante. ¡Qué honor para Wodehouse!

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Brexit aparte, los latinos deberíamos contagiarnos del sentido del humor británico, que hace que uno sea capaz de descojonarse o audotodescojonarse  sin despeinarse. Hacer punzada, animar a la razón desde la reflexión. Aquí mucha sal gruesa para reírnos de la desgraciada ajena, pero luego somos tan circunspectos (léase afectados)  que no se carcajea ni la madre de nuestra propia sombra. Por ello, digo yo, el libro que Sigmund Freud escribió sobre el chiste y el inconsciente debería ser el salterio de más de uno, políticos de todo pelo incluidos.

 

Con esto del humor y los símiles lo mío es de psicoanálisis. Cada vez que veo una comparecencia de Mariano Rajoy me acuerdo de mi amigo el ‘pierdeaviones’. No es porque Rajoy haya perdido aviones, trenes, barcos y motocarros varios y parezca Tom Hanks en la película La terminal (las metáforas dan mucho de sí y la falta de discurso mucho más), sino por los personajes de las novelas de Wodehouse, especialmente por Bettie Wooster y por Jeeves. Bettie es el elemental señorito dedicado al interesantísimo estudio de los renacuajos en las charcas de la campiña inglesa y Jeeves su solícito mayordomo sin neuronas incapaz de cuestionarse cualquier orden que emane del primero. Tales símiles dan mucho de sí al aplicarlos al ejercicio del poder del Presidente del Gobierno en funciones. Y eso que en las novelas de Wodehouse, cuando Bettie y Jeeves encabezan una aventura, la cosa acaba como acaba. Eso sí, siempre divertida. Pero no creo que esa sea la intención de Rajoy, porque soso es un rato.

 

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Algunas veces aparcó los parecidos con los personajes de las novelas de Wodehouse y pienso que el origen de todo podría estar en la vinculación atlántica de Rajoy. Una vinculación que sobrepasa toda flema británica, incluida la de Isabel II y Felipe de Edimburgo. A veces tengo la sensación que  Rajoy se ríe de sí mismo y de su sombra. Lo malo es que no acabo de percibir este sano ejercicio de ‘autohumorismo’, si es que existe la intención. Entonces aparco a Wodehouse y recuerdo la risa entre dientes de Lindo Pulgoso, el perro sardónico de los dibujos de Hanna- Barbera. Un can, que sin despeinarse, se reía de los infortunios de sus enemigos. Pero estos son mis juegos de similitud. Una sana manera de distraerme, ya que estoy convencido que  Rajoy no ha perdido el avión intencionadamente para leer a Wodehouse, sino que lo ha perdido porque se le ha parado el reloj y ya no puede darle cuerda.


@manologild

Manolo Gil

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