No olvides que sólo eres un hombre

La vida, tu mundo, esa luz que centellea y a veces truena, se puede apagar en un segundo. Y luego adiós: una oscuridad viscosa y negra que no respira, que está y deja que el tiempo apenas tenga nada. ¿De qué te sirvieron las riquezas, los desvelos por defender tu castillo de cristal si solo eres un hombre?

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¿Para qué sirve luchar por aplastar tantas cabezas, hundir a toda esa gente que viajó contigo si mañana el aire que respiras ya no será tu aire?

 

¿Para qué acumular montañas de dinero y rencores, mil edificios con tu nombre y tu rostro en las fachadas, si dentro de un momento tú ya no sabrás nada ni escucharás el llanto de los que te recuerdan?

 

¿De qué te sirvieron las luces que apagaste, las puertas que cerraste, todas las fiestas y homenajes que recibiste, si hoy es la nada eterna y un silencio de hielo se te clavó en el alma?

 

Eres uno de los hombres más ricos del mundo, tu poder lo abarca todo. Una mirada tuya levanta edificios y también los destruye. La vida de las personas se acumula en una montaña de papeles y documentos que anidan en tu despacho. Son números, casi hormigas, que van y vienen, cargadas con su presente de sangre y lágrimas, y te miran a ti, dueño de la llave de su futuro. Ellos no saben que tú también serás mañana incierto, también te perderás para siempre en un bosque donde no crecen las hojas y los pájaros enmudecen por el frío.

 

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No mueves un músculo ni tu alma se conmueve cuando observas a miles de personas, cargadas de sufrimiento, desembarcar en las playas de esta parte rica del mundo buscando gramos de bienestar. Guardas en tu castillo pétalos de libertad y un día de acción de gracias repartirás sobres de gratificación cuando te besen la mano para que queden tranquilas tu conciencia y tu sonrisa de oro.

 

¿De qué te sirve todo: coches, poder, islas privadas, aviones, dinero… De qué te sirve? Un movimiento de tu mano decidirá el destino de muchas personas. Pero tus números no sirven cuando sale el sol cada mañana. Tampoco sirven para acallar el rumor del viento. Quizás un día la luz se apague para ti, te olvidaste que solo eres un hombre.


@butacondelgarci

  Foto: Carmen Vela

Marcos García-Martí

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