Fábulas: érase una vez

Esta semana vuelven a la televisión las nuevas temporadas de casi todas las series importantes, entre ellas un par que aunque partían de una premisa que en un primer momento pudo parecer algo peregrina –los cuentos de hadas- pero que han logrado hacerse un hueco y asentarse en el primetime televisivo. Estoy hablando de Érase una vez y de Grimm, dos series que de algún modo u otro deben su existencia al cómic que traigo esta semana: Fábulas.

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Hace cosa de 10 años Vertigo sorprendía al mundo del cómic con un lanzamiento sorprendente, fresco, imaginativo y de una factura impecable. El guion, firmado por Bill Willingham –un autor que hasta entonces tenía cierta trayectoria en editoriales independientes pero que apenas había escrito unos cuantos guiones para Vertigo- cogió desprevenidos a los aficionados a los aficionados por plantear una premisa, cuanto menos, desconcertante en un cómic para jóvenes adultos. En Fábulas nos encontramos con que los personajes de los cuentos de hadas han tenido que huir de la tierra legendaria en la que habitaban cuando un misterioso Adversario ha sometido los reinos de todos los cuentos y los ha sometido a una férrea dictadura.

 

En su exilio, las fábulas han recalado en la ciudad de Nueva York donde han fundado una comunidad que pasa desapercibida a ojos mortales pero en la que sigue habiendo lugar para la magia, la fantasía y, a veces también, el asesinato. Ese es el punto de partida del primer volumen de la serie: el supuesto homicidio de Rosa Roja, la hermana de Blancanieves, y el encargado de resolverlo no va a ser otro que el Gran Lobo Feroz.

 

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Aunque la premisa pueda parecer un poco peregrina, Fábulas consigue llegar a la esencia de los personajes de los cuentos y la transforma y adapta a una visión actual pero sin apartarse apenas nada del arquetipo. El gran valor de los guiones de Willingham está en dotar de actualidad a unos personajes que hemos conocido de siempre y en aportarles un barniz de cotidianeidad e, incluso, de cierto cinismo. Un ejemplo es la reunión semanal que tienen Cenicienta, Blancanieves y la Bella Durmiente para poner a caldo al exmarido que todas comparten: el Príncipe Azul.

 

Pero en Fábulas hay mucho más que anécdotas cotidianas. Hay una guerra épica que oculta –poco, la verdad- una crítica al totalitarismo; hay una reflexión continua sobre si alguien puede cambiar de verdad su naturaleza y hay también toneladas y toneladas de referentes al material clásico con el que hemos ido construyendo nuestro imaginario. Desde la misteriosa Bagdad de Simbad hasta el castillo de Frankenstein, pasando por los dominios de la Reina de Hielo o, por supuesto, la granja en que habitan los Tres Cerditos quienes, por cierto, protagonizan un maravilloso homenaje a George Orwell en uno de los primeros volúmenes de la saga.

 

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Dibujado magistralmente por Mark Buckingham en los principales arcos argumentales, a lo largo de diez años Fábulas ha crecido tanto que ha generado un universo propio y multitud de series paralelas. De hecho la serie principal, cuyo argumento está ya algo desgastado después de este tiempo, ha pasado a un plano totalmente complementario para dar voz a algunos de los mejores secundarios de la serie como Jack –el de las habichuelas mágicas- que se convierte en el protagonista de una serie propia con alma de road-movie o Cenicienta, que rememora el género de espionaje con su serie Desde Villa Fábula con amor.

 

Tal ha sido el éxito sostenido que ha tenido la serie a lo largo de estos diez años –incluidos nada menos que catorce premios Eisner y un premio Hugo- que las televisiones quisieron aprovechar el tirón de Fábulas entre los aficionados a los cómics y a la literatura. La adaptación, sin embargo, se reveló más complicada de lo que los directivos audiovisuales pensaban. Primero NBC y luego ABC juguetearon con los derechos para, al final, acabar producir sendos remedos como Grimm y Érase una vez que, aunque entretenidos, no llegan a recoger en absoluto la complejidad del cómic original. 

 

Si en algún momento habéis seguido cualquiera de estas dos series, si estáis esperando que lleguen las nuevas temporadas, vais a disfrutar con este cómic. También lo vais a hacer si las series no os dicen nada pero todavía recordáis con cariño y cierta añoranza las horas pasadas frente al libro de cuentos de siempre. Ahora, gracias a Willingham, Blancanieves y el Lobo Feroz siguen siendo literatura para adultos. Aunque sea para adultos que leen tebeos.


@elplumilla

Javier Montes

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