Una tarde ante el Guernica

Pocas obras alcanzan la dimensión del Guernica de Pablo Picasso. Pocos artistas consiguen plasmar de una forma tan universalmente reconocida su oposición a la guerra y a la tragedia que conlleva. Pocas veces una creación artística está tan fuertemente ligada a una ideología. En 360gradospress nos acercamos al Guernica en una tarde soleada y fría en Madrid, quizás tan soleada y fría como la que hace 75 años vio nacer la gran obra de Pablo Picasso.

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El gran aliciente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se encuentra en su segunda planta. Dentro de la colección permanente ‘La irrupción del siglo XX: utopías y conflictos (1.900-1.945)’, no hace falta ser un especialista en arte para admirar la grandeza de una obra que acapara la atención de un gran número de visitantes. Custodiada a ambos lados por personal del museo, el Guernica de Pablo Picasso se muestra imponente ante los ojos del visitante. Sus bastas dimensiones, unidas al reconocido estilo del autor, obligan a quedarse quieto ante la obra durante mucho tiempo.

Creado para la Exposición Universal de París de 1.937, el cuadro del artista malagueño ocupó toda una pared del recinto que la maltrecha República Española tuvo en el evento. Gracias a una representación a escala, podemos imaginar la grandeza que la obra adquiría dentro del pabellón español. Se ha hablado mucho de si la obra fue o no un encargo del gobierno de la República, que veía en la exposición parisiense una última oportunidad para ganar adeptos a su causa. Y lo cierto es que lo fue. No es menos cierto, sin embargo, que a Picasso simplemente se le pidió una colaboración a modo de una pintura de grandes dimensiones y que el artista, debido a múltiples factores, entre los que se encontraba la presión a la que le sometió el Gobierno para que la obra fuese propagandística, tardo mucho en superar su parálisis creativa.

Fue el indiscriminado bombardeo de Guernica, una ciudad vasca sin importancia estratégica ni militar que fue borrada del mapa en cuestión de horas por 43 bombarderos y cazas alemanes al servicio de las fuerzas nacionales, la que despertó la creatividad del malagueño. El horror y el sinsentido de la guerra, reflejado mejor que nunca en la muerte de los cientos de niños y mujeres que poblaban Guernica, fueron el brote inspirador que necesitaba Picasso para cumplir con el encargo de la República. Aquel 26 de abril de 1.937 supuso en cierto modo el nacimiento de una de las obras más reconocidas del artista español.

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La Manifestación del 1 de Mayo en París, una jornada del trabajo marcada por la crítica a la destrucción de Guernica, fue el aliciente definitivo para que Picasso se pusiese a trabajar en los bocetos de su obra. La presencia de su amante, Dora Maar, que diez días después le consiguió un taller para que pudiese trabajar sobre el soporte original, alcanza una inmensa importancia. Gracias a ella, que recopiló todos y cada uno de los vocetos iniciales, en el Museo Reina Sofía se puede apreciar el avance del proceso creativo que dio lugar al Guernica. Un excepcional estudio, el mayor de la historia del arte, que muestra cómo fue el proceso de creación del lienzo y que pone al visitante en antecedentes antes de quedar enmudecido ante la inmensidad del cuadro.

No hay referencias espaciales o temporales en la obra de Picasso más allá del nombre de la misma, Guernica. Por eso, desde sus inicios, la obra se convirtió en una denuncia universal e intemporal de la barbarie provocada por la guerra, independientemente del lugar y de sus protagonistas.

Tras andar por las salas contiguas y contemplar de cerca las fotografías del valenciano Agustí Centelles o los carteles y dibujos propagandísticos de los artistas afines al gobierno republicano, el visitante se siente con la imperiosa necesidad de volver a enfrentarse a la grandiosidad del lienzo de Picasso. El artista malagueño sabía que su trabajo iba a trascender en este caso el círculo de entendidos del arte para llegar a todo el público que visitara el pabellón español y, por ello, apoyándose en el lenguaje cubista, creó esta obra que, desde el primer momento, te engulle por la fuerza que la violencia y el horror desprenden en cada uno de sus protagonistas. Hombres, mujeres, niños y animales sufren la masacre en un mismo plano bajo la luz de una lámpara a modo de bomba incendiaria. No en vano, en la guerra, todos son víctimas.

S.C.

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