Medicina para almas con arte

La sensibilidad de los músicos es especial, como también lo son sus dolencias, tanto físicas como emocionales. Esta semana pedimos cita con el doctor Ángel Escudero, especialista en medicina del arte.

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Ella es una joven violinista. Talentosa. Con ganas de que las notas musicales que regala su instrumento de cuerda maravillen los oídos más exigentes. Ensaya para ello sin descanso… tanto, que su brazo levanta la bandera blanca. Acude al médico. Tras las pertinentes pruebas, efectivamente, el facultativo determina que hay estructuras musculares inflamadas que están provocando el dolor. Se le aplica el correspondiente  tratamiento y se le aconsejan ejercicios que debe ir realizando en casa hasta que llega un momento en el que el doctor considera que está recuperada de la lesión. Es el propio médico quien le pide a la artista que se anime a tocar unas notas en la consulta. Se dispone a hacer sonar su violín cuando rompe a llorar, suelta su instrumento y espeta “no puedo tocar; me duele todo el cuerpo”.

 

“Y es ahí cuando empezamos a buscar dónde está el conflicto emocional para tratar su alma herida”. El doctor Ángel Escudero trabaja en el departamento de Medicina de las Artes Escénicas de la Clínica Quirón de Valencia, la primera unidad hospitalaria de estas características en toda España. Aquí los pacientes son artistas y los enfoques son siempre psicosomáticos, holísticos o globales, es decir, “vamos a buscar en lo más profundo que desencadena y mantiene la lesión”.

 

Los músicos, defiende el doctor, tienen una sensibilidad especial, “que es precisamente lo que les hace artistas”. No obstante, “es eso lo que les hace también más sensibles al dolor, al sufrimiento. Hay un bucle fundamental: cerebro-cuerpo-cerebro. Si sólo nos ocupamos de sus cuerpos, recaen”, asegura Escudero.

 

Entre otras muchas cualidades y peculiaridades de los músicos, este médico hace hincapié en otra: la exigencia. Ese afán por la perfección que llega, en muchas ocasiones, por dos vías: la del propio músico y la de sus familiares o profesores. Escudero alerta sobre el peligro de llevar al extremo esa inflexibilidad, pues en su opinión “un exceso de exigencia puede llegar a romper a un músico”. La presión que llega del exterior, continúa el doctor, se suma a la propia que genera el artista y, además, son proporcionales. “Habitualmente, una persona con mucha autoexigencia ha detectado previamente que su entorno espera mucho de él”, mantiene.

 

El miedo escénico

Este episodio, de hecho, acaricia uno de las situaciones que últimamente está en boca de todos: el miedo escénico. El facultativo establece que los 11 y 12 años marcan un punto de inflexión en este sentido porque cuando suben al escenario a partir de esa edad “ya empiezan a darse cuenta de que no es un juego, toman conciencia y la responsabilidad empieza a pesar”. Por ello, Ángel Escudero considera que en el momento en que se detecte en un niño esa ansiedad o indicios de la misma, “hay que tratarla y no restarle importancia, ya que después se desencadenará. Lo hemos visto recientemente en artistas con muchísimas tablas y experiencia”.

 

Ellas y ellos

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El experto en medicina del arte no duda un ápice cuando se le pregunta si hay diferencia alguna entre hombres y mujeres. “Ellas soportan mejor aparentemente el estrés y la presión, pero ¡ojo! les afecta más, la somatizan más”. El factor emocional, según sostiene, afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. “Físicamente ellas son más fuertes, aunque a la hora de hablar de términos emocionales, soportan; pero les pasa más la factura”.

 

Eso sí, lesionarse es un drama con independencia del género. Cuando esto ocurre -un pianista que se rompe un dedo, por ejemplo- “es una tragedia, especialmente si el daño ha venido por motivos externos a la música, como un accidente”. Además de la cura física, en esta unidad se trata la recuperación mental. “El abordaje que hacemos es psicosomático, les enseñamos técnicas de relajación, concentración, visualización… Igual que un atleta de alto rendimiento”, defiende Escudero.

 

Dime qué tocas y te diré de qué padeces

Ahora bien, ¿qué lesiones son las más frecuentes según el instrumento que toque el músico? Existe el llamado codo de percusionista. La inflamación que se produce “es igual al codo de tenista porque las vibraciones que se transmiten por el impacto de la raqueta con la pelota es idéntico al de la baqueta con el instrumento”, aclara el médico. Los pianistas, por ejemplo, padecen problemas de espalda y sufren dolor en los dedos, también los músicos de cuerda.

 

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En el caso de la familia de viento, hay que detenerse en los dientes. “Hay quien después de una ortodoncia no puede volver a tocar como lo hacía antes porque la oclusión dentaria ha cambiado”, explica el doctor, quien añade que los instrumentos de viento también pueden desencadenar problemas en los labios. Y puntualiza que “si hablamos concretamente de la trompeta, hay que referirse al masetero, que llega a calcificarse”. El experto recalca la “peculiaridad” del órgano y la batería. Tanto uno como otro requiere de los pies para hacerlo sonar, “por lo que el cuerpo pierde el apoyo y esa inestabilidad puede generar lesiones”.

 

Eso sí, no hay dos pacientes iguales. “Ni dos constituciones iguales, ni dos temperamentos iguales, ni dos sensibilidades iguales. No hay dos almas iguales”, insiste Escudero. “Cada paciente necesita su tratamiento especial y único. En esta unidad hacemos trajes a medida y no pret-à-porter“.

 

El doctor, que habla con calma, es fiel defensor de la interiorización de las situaciones para abordarlas con éxito. Recuerda que en una ocasión preguntó a los alumnos del conservatorio superior de Valencia qué sentían cuando con la partitura delante se atascaban. “Uno de ellos me dijo que le entraban ganas de hacer un avión de papel con ella y tirarla lejos. Pero eso de nada sirve. Entonces les recomendé que se pusieran delante de la partitura y dijeran: Yo soy la música. Yo soy el arte. No es un mantra para que lo repitas –advierte-, es para que te lo apropies, lo sientas y lo aceptes”. De todas las respuestas, hubo una que destacó por encima de las demás: Yo soy la energía. “Ese chico, lo clavó”.


@Lorena_Padilla

Lorena Padilla

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