Una casa de vocación trabajadora y social

Sople el viento en contra o muy en contra, las personas que dedican su vida profesional a los demás siempre buscan una salida hacia adelante. En la gran mayoría de casos, por no decir siempre, encontrarla supone sacrificios personales. Esta semana en 360 Grados Press hemos conocido la morada de una asociación que sabe muy bien qué es eso.

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El trajín de la cocina ha tenido lugar antes de mediodía.Restan un par de horas hasta la comida, pero las clases obligan a tenerlo todopreparado con tiempo. Lengua, matemáticas o valenciano, entre otrasasignaturas, precederán el momento de recibir a los comensales. Sí, se trata deun restaurante un tanto especial, pues es el correspondiente a la Casa de los Obreros, una asociación queofrece una formación completa, tanto básica como profesional, a personas conalguna discapacidad psíquica o física.

 

Ubicada en el casco antiguo de la ciudad de Valencia, estaentidad surgió en 1908 para asesorar en materia de trabajo a la gente de laépoca. No obstante, con el paso de los años, varias personas decidieronreorientar su actividad hacia la educación. Así, lo que antes era un centro dereunión de los asalariados pasó a ser una salvación para los jóvenes másdesfavorecidos de la zona, quienes recibían 100 pesetas como incentivo porasistir al aula. Más adelante, las miras se ampliaron a raíz de la aparición delos Programas de Garantía Social. “Es unagran satisfacción que el proyecto haya llegado hasta nuestros días“, afirmaMaría Roca, fundadora y expresidentade la asociación.

 

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La sensación de orgullo no es para menos: más de treintaaños después de ese reinicio, la actividad de la Casa de los Obreros no solosigue en marcha, sino que ha ido adaptándose. Ahora, por ejemplo, los alumnosgozan de charlas sobre redes sociales o talleres de estimulación. Todo ello,sumado a dicha oferta de base. “Nuestraprincipal actividad son los Programas de Cualificación Profesional Inicial, loque antes eran de Garantía Social. Tenemos de operaciones básicas de cocina,operaciones de restaurante-bar y auxiliar administrativo. Son cursos de dosaños enfocados a chicos con edades de entre 16 y 21 que tienen necesidadeseducativas especiales, no han podido seguir con el curso normal de los estudiosy están interesados en aprender un trabajo. Además, tienen la posibilidad dehacer prácticas en empresas“, completa SagrarioSánchez, actual presidenta y también psicóloga del centro.

 

Trastorno de déficit de antención e hiperactivdad, Síndrome de Down, retraso mental ligero… Losactuales alumnos presentan casos tan variopintos como específicos. Sin embargo,lejos de lo que se pueda pensar, la convivencia es totalmente compatible.Quizá, porque la labor del gabinete de profesionales que allí se encuentrapersigue una misma meta con cualquiera de ellos: el desarrollo personal y suposterior integración en el mercado laboral. En palabras de Sagrario: “Las clases son de doce alumnos, así que se puede trabajar con ellos y tener unaatención individualizada. Intentamos cambiar conductas, resolver conflictos enel aula o problemas personales que puedan arrastrar del pasado… Podríamos decirque, además de darles conocimientos profesionales, los formamos como personas,que es el objetivo de la asociación“.

 

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Claro ejemplo de ello son los once chicos que en el momentode la entrevista almuerzan en una sala contigua al restaurante. Ellosestudiaron allí y, alcanzados los 21 años, fueron contratados por la propiainstitución para que contribuyesen al mantenimiento del edificio. De estaforma, una rutina y cierta independencia económica les ayudan con sudiscapacidad. Pero la función de la Casa de los Obreros no se limita a esteespacio, pues ésta también gestiona una residencia social para personas mayoresen el municipio de Estivella. En definitiva, las manos nunca son suficientespara encargarse de todo.

 

Y he ahí la problemática común en todas las organizacionessin ánimo de lucro: las necesidades no son proporcionales a los recursos. Estafórmula de por sí imperfecta se ha acusado en los últimos tiempos con motivo delos impagos de las administraciones públicas. “En diciembre de 2008 llegamos a pensar que no podríamos continuar, peroaquí estamos, en 2013“, reconoce CarmenArgaya, tesorera y pedagoga de la asociación. Ella y sus compañeros ponende su propio bolsillo e, incluso, pasan temporadas sin cobrar para garantizaresta supervivencia; pero esto no es bastante. De hecho, la Casa de los Obrerosdepende actualmente de las donaciones de un socio en particular.

 

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Con todo, los cimientos siguen en pie, literal yfiguradamente, gracias al interés de los miembros de la asociación y elinestimable apoyo de los voluntarios. Un carácter todoterreno y una buena dosisde optimismo son necesarios para afrontar la lista de espera de alumnos quetienen por delante. Porque, otra cosa no, pero faena en esta casa nunca falta.

 



La Casa de los Obreros ofrece un menú diario en surestaurante por 5 euros, el cual es realizado y servido por los propiosalumnos. Quienes estén interesados en colaborar de ésta u otra forma puedenacudir a Calle Caballeros, 31 (Valencia).

@LaBellver

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