El backstage de la temporada turística

Ibiza activa la campaña de verano entre las bambalinas de los casting, las fiestas de las discotecas y su incomparable marco natural y espiritual. 360 Grados Press se sumerge en la isla durante los primeros días de junio, cuando ya se comienza a vislumbrar una alta afluencia foránea y la presencia efímera de locales abiertos para proyectar el estereotipo de imagen internacional de la pitiusa mayor.

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Vuelos saturados de perfilestrabajadores temporaleas que viajan a hacer su agosto entremezclados conturistas ocasionales de ámbito nacional y de las primeras hornadas devisitantes internacionales.


La primera semana de junio en laisla activa el inicio de la temporada, marcado siempre por la apertura de lasdiscotecas y, con ellas, de las macrofiestas de productoras principalmente deorigen anglosajón que, como dice un locutor-DJ residente de una emisora de laisla, “llegan, se apropian del nombre de la isla y se van por donde han venido;pero Ibiza es mucho más que eso; Ibiza es también de los residentes que ponenmúsica todo el año, de la gente que disfruta de su naturaleza y de sus playas,del interior, de su espiritualidad…”. Un alegato que de vez en cuando la gente dela isla subraya para que a nadie se le olvide la otra esencia de la pitiusamayor, fundamentada en los rasgos intangibles que la definen.

 

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El avión nos lleva a la isla a unahora intempestiva (low-cost). A pesarde ello, no cabe ni un alfiler y de entre los susurros del pasaje rescatamostitulares del estilo “me voy a buscar curro porque no me quiero pasar el veranode brazos cruzados”, “a lo de todos los veranos, a trabajar un poquillo”, “voyal casting de La Troya, a ver sitengo suerte”, “en Ibiza se trabaja mucho y bien estos tres meses”… El pasaje,pues, lo componen perfiles como el buscador activo de empleo temporal en Ibiza,el turístico, los trabajadores ya habituados a la discontinuidad y, los menos, aquellosfamiliares que se escapan durante unos días del mundanal ruido urbanita paravisitar a los suyos y conocer cómo afrontan el ronroneo del despertar de latemporada.

 

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Para ser días de antesala veraniega,de futbolistas de vacaciones, todavía la meteorología no contextualizaadecuadamente los ingredientes que encontramos al llegar a Ibiza, a Vila -comodenominan los pageses a la capitalque da nombre a la isla-. El puerto ya ha adoptado la postura camaleónica delverano, de las persianas de madera abiertas, de las casas reconvertidas de repenteen locales franquicia por las grandes productoras que alimentan las fiestas delas discotecas, de bares efímeros abiertos para recaudar dinero durante tres ocuatro meses, de terrazas emparejadas que desaparecen 240 días al año, decomparsas que comienzan a pasear ligeras de ropa para demostrar que estamos enIbiza y que aquí lo suyo es despendolarse un poco –al menos eso proyectan alvisitante-.

 

Aún así, se ve más gentealimentadora de esa artificialidad deconstruida que personas de fueraaprehendiéndola. Todavía es pronto, la primera semana de junio es paraescenificar, probar, conectar y calentar para llegar a tope a los meses fuertesdel verano. La calle está poblada de esos trabajadores temporales que atisbamosen el avión que nos trajo a la isla. Jóvenes que interrumpen cada paso que daspor la zona de la marina para ofrecerte chupitos en aquel local o en ese otro,entradas para la inauguración de Privilegeo de Amnesia, flyers de la primera fiesta FlowerPower de Pachá o, los menos,para ofrecerte a la altura de Sa Penyahachís, cocaína o cualquier otro tipo de sustancia psicotrópica. Parece que enIbiza también este capítulo es más accesible.


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En un momento de nuestro paseo nostopamos con el casting que la productora de La Troya (fiesta emblemática de laisla caracterizada por sus componentes, las dragqueens más divertidas y animadas de la noche) ha convocado a las faldas deDalt Vila, junto a un local de ocio de los de siempre, el Tira Pallá. Un centenar de candidatos se someten a entrevistas de10 minutos de duración ataviados con sus mejores galas nocturnas, maquilladoscon esmero, luciendo pelucas multicolores y nervios, muchos nervios, porconvertirse en miembros de esta comparsa de vida nocturna ibicenca. Luis vienede Elche “sólo para hacer el casting; la cosa está muy mal en la península ycreo que tengo aptitudes para ser de La Troya este verano”. Le deseamos toda lasuerte del mundo y continuamos el paseo hasta la calle de La Virgen.


Esta vía del casco antiguo de Ibizaes una de las más singulares de la noche de la ciudad y es la que ya muestrasíntomas de normalidad veraniega. Cientos de personas se agolpan en lasterrazas y tiendas distribuidas a lo largo y ancho de la calle. El León, el Ánfora o el Pomelo sonalgunas de las referencias de obligada visita para los que buscan conectar conel ambiente gay que caracteriza el modo de vida de esta zona de Vila.


Los otros atractivos

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Una primera incursión por las playasde esta Ibiza de junio llega de Benirràs,donde el turismo familiar se apodera de una cala de influencia espiritual,marcada por los tambores lejanos que la catapultaron al éxito antes de que laautoridad, el fuego y la masificación la dejaran un poco aparcada. Tanto comolas señales que claman por la «Libertad» en los accesos a un espacio que tratade recuperar su esplendor verde turquesa. También nos detenemos en Es Figueral, salpicada a estas alturasdel año de numerosos turistas también de perfil familiar foráneo y local, comoen s’Aigua Blanca, donde loscomplejos turísticos ya funcionan a pleno rendimiento, con todos los excesosvisuales que ello conlleva.


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El contacto con la isla loterminamos en Las Dalias, que loslunes acoge desde el atardecer y hasta la madrugada una edición especial del HippyMarket, que catapultó al reconocimiento internacional una instalación que permanece abierta todoel año como indicio de que no se ha ahogado en el éxito. La pega, que unacerveza más pequeña que las que sirven en invierno en el mismo emplazamiento,la jaima, cuesta el doble por ser verano y que aparcar en la zona ha sido unejercicio rentabilizado como recurso dinerario por el propietario de la parcelapara sacarle provecho a la temporada a la vez que vende las naranjas payesas apie de calle, frente al acceso principal al complejo de Las Dalias.

 

¿Nos quejamos? No, sólo alertamos de la pérdida deesencias identificadoras de una isla ‘famosizada’ y con menos aliento auténticoque en otras ocasiones.

@360gradospress

David Barreiro

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