De sofá a sofá y tiran porque les toca

El término ‘couchsurfing’ todavía suena extraño para muchos, pero para otros tantos define una de las mejores formas que existen de viajar. De hecho, gran parte de quienes lo han probado reconocen que ya no conciben hacer turismo como antes. Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado a una práctica en auge que posibilita conocer cualquier lugar al máximo pero con un coste mínimo.

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Recorrer el planetade cabo a rabo en un plazo de ocho meses gastando únicamente 500 euros enalojamiento puede parecer un imposible para muchos, pero Adrián Rodríguez y GosiaBendrat así lo han logrado. De hecho, esta pareja llega a afirmar que esmás barato dar la vuelta al mundo que quedarse en casa. La clave no es otraque servirse del couchsurfing.  Esteviaje ha sido un sueño hecho realidad gracias a este sistema. Te cambia laaventura por completo, pues pasas de coger un mapa a que te reciba una personaque te enseña la ciudad y con la que, incluso, puedes llegar a entablar unaamistad. La idea es ahorrar dinero, claro, pero también tener otra experiencia“,explica el propio Adrián.

 

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Los testimonios eneste sentido se suceden incesantemente. Por ejemplo, Christian Martín, estudiante de Psicología original de Alzira(Valencia), ya ha tenido la oportunidad con tan sólo 21 años de visitarciudades como Tel Aviv o el Estado de Palestina, entre otros destinos, graciasa esta práctica. Todo comenzó cuando estando con una beca Erasmus en Poloniabarajó esta alternativa para reducir costes en las escapadas que organizabajunto con sus compañeros. “Antes tenía unconcepto totalmente diferente de viajar: llegaba a un hostel, cogía un mapa yveía los sitios más turísticos. Sin embargo, de esta otra forma conocesrealmente la ciudad. Ahora ya no contemplo otra opción“, declara él mismo.

 

Un caso similar esel de Martin, también estudiante,pero de 20 años y procedente de Francia. Su flirteo con el couchsurfing comenzó en abril de 2012 y desde entonces ya havisitado cuatro enclaves distintos de su país sin pagar por el hospedaje. Comolos anteriores couchsurfers, lasbuenas impresiones recogidas tras su iniciación le han enganchado a ello. Ensus palabras: “Mi primera vez fue el añopasado en Maubeuge, una ciudad francesa situada en la frontera con Bélgica. Fueestupendo: mi anfitrión tenía que trabajar unos días fuera y me dejó las llavesde su casa aunque sólo nos conocíamos de un día. La próxima escapada concouchsurfing que tengo planeada es el Camino de Santiago y ya tengo decididoque acogeré a couchsurfers en la ciudad donde me vaya a estudiar“.

 

Pero, ¿qué es realmente el couchsurfing?

Estas declaracionesson sólo algunas de las muchas que actualmente pueden ilustrar cómo la idea queCasey Fenton tuvo en 2004 fue másque acertada. Porque este joven americano consiguió unos billetes de avión muybaratos a Islandia y, como no disponía de mucho dinero para costear el viaje engeneral, decidió enviar mails a universitarios locales pidiendo que le cediesensencillamente un sofá de sus casas para poder pernoctar. La respuesta fue tanpositiva que Casey pensó en crear una web para que otras personas pudiesenbeneficiarse de esa misma hospitalidad.

 

De esta forma nacióCouchsurfing.org,la cual cuenta en el presente con seis millones de usuarios en 100.000 ciudadesde todo el mundo, según datos facilitados por la propia organización. El funcionamientoes tan sencillo como registrarse gratuitamente, completar un perfil personal yespecificar si se ofrece o se solicita un sofá en algún lugar determinado. Endefinitiva, consiste en facilitar el contacto entre personas que estáninteresadas en viajar sin gastar mucho dinero y dispuestas a dejarse guiar por,en principio, un desconocido. Por este motivo, el portal apoya su actividad enreferencias, es decir, en comentarios que los usuarios dejan acerca de otrosque han conocido surfeando, de maneraque es la propia comunidad la que acredita a los couchsurfers. “Lo importantees empezar, porque, si no, puede ser un círculo vicioso. Si no te cogen, notienes referencias. Y si no tienes referencias, no te cogen“, matizaChristian al respecto.

 

La ‘profesionalización’ del arte de viajar

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Quienes apenas precisanya de observaciones son Adrián y Gosia. Ambos son los gerentes de Molaviajar.com,un portal que comenzó como bitácora de sus aventuras para allegados y que haterminado convirtiéndose en referente para trotamundos. Más allá de su actitudemprendedora, la práctica del couchsurfinges lo que les que ha permitido hacer de su afición por viajar algo factible demanera continuada, a la par que les ha reportado numerosas experiencias tanto alsurfear – por ejemplo, alojarse en un rascacielos de lujo junto a las TorresPetronas en Kuala Lumpur – como al hospedar. “Hemos acogido a mucha gente en nuestra casa de Vigo. Pasamos de cenarGosia y yo solos a recibir a gente de todas partes del mundo que cuentanhistorias increíbles“, apunta Adrián.

 

Justamente, estapasión por dicho concepto es la que les ha llevado a promover, asimismo, unaserie de encuentros internacionales de couchsurfers.El escenario escogido para ello ha sido el paraje natural de las Islas Cíes,donde ya se han dado cita cientos de viajeros procedentes de decenas de nacionalidadesdiferentes. “En Vigo, como en otrasciudades, celebramos un encuentro mensual, que en este caso es en viernes. Enuno de ellos hace años decidimos organizar unos meetings. Ya llevamos dosediciones, una en 2010 y otra en 2012, y han sido impresionantes“,  comenta Adrián.

 

¿Algún inconveniente?

Con todo, ventajasy buenos recuerdos se amontonan en las respuestas de los entrevistados cuandohablan acerca de esta modalidad de viaje. No obstante, y por eso mismo, preguntarqué pega señalarían al respecto se plantea obligado. Es entonces cuando unsilencio evidencia la duda. El miedo a entrar en un hogar ajeno ni se baraja.Finalmente, algunos concluyen que la ‘falta’ de independencia podría ser unacontrariedad. “La verdad es que noencuentro ningún aspecto negativo. Lo único, si es que se puede considerar uninconveniente, es que no tienes la misma libertad de movimiento que en un hostel,pues no todo el mundo te da la llave de su casa“, expone Christian. “Efectivamente, a veces te apetece ir a más atu bola, pero eso es algo muy relativo, porque no se le puede decir que no a lapersona que te acoge y que lo organiza todo, que es la gracia del couchsurfing“,corrobora Adrián.

 

Otras posibilidades de surfear sofás

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Que ahorrar dinero,conocer gente y optar a una perspectiva diferente de la meramente turística encualquier destino son los pilares del couchsurfingestá claro. Sin embargo, muchas personas se unen a esta comunidad con otrosfines, como puede ser participar en los diferentes grupos que se crean segúnciudades para organizar intercambios de idiomas o excursiones en grupo, entreotras actividades complementarias. Por su parte, Ularel – quien ha hecho de su nickde usuario su nombre propio – ha encontrado otra utilidad: la búsqueda decompañero de piso. “Hace tiempo hospedé aun chico alemán y a una chica búlgara a la vez. Finalmente, él se quedóviviendo conmigo durante once meses“, recuerda. Eso mismo es lo que tambiénha hecho Christian, quien recibió en su casa el pasado 20 de agosto a un couchsurfer para conocerlo en persona,pues es un firme candidato a compartir piso de estudiantes este curso. “Hemos estado hablando por Skype y apuntamaneras como compañero“, confiesa.

 

Por el momento, estasfunciones paralelas surgidas en el portal oficial no se contabilizan, pero Couchsurfing.org sí que estima lacantidad de sofás surfeados anualmente.Por ejemplo, sólo en 2012 se contaron 10,4 millones en todo el mundo. Así, todohace pensar que esta particular comunidad de inquietos y viajeros no va hacermás que crecer.

@LaBellver

Javier Montes

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