Pinceladas de colores

Esta semana en 360 Grados Press nos introducimos en la máquina del tiempo para conocer la evolución y la historia de la forma, color y largaria de uno de los aspectos más minúsculos, pero a su vez más importantes, de la anatomía femenina: Las uñas. Pasando de ser un elemento para diferenciar jerarquías sociales en el Antiguo Egipto y en China, en la actualidad se ha convertido en el aspecto de la moda y la belleza más democrático donde refleja la misma personalidad e incluso el estado anímico de la mujer.

Abanico de terciopelo carmesí. Aire que enloquece con pinceladas de colores. Arco iris que se rasga y se postra en las manos. Azules eléctricos que electrocutan en las noches donde la nieve se rompe en pedazos desde el cielo, verdes que evocan los reflejos de las olas del Mediterráneo cuando bailan con el sol, rojos que nos devuelven a mujeres de los años 50 y nos hechizan bajo su manto estrellado de elegancia, amarillos que producen supercherías pueriles, corales que nos hacen bucear en el horizonte, rosas sin aroma que brillan con la valentía de los fucsias. Algunos que mueren en la eternidad del negro, otros que nunca se han atrevido con la pureza de la palidez extrema del blanco.

Las uñas. Con formas, longitudes y con una enriquecida paleta cromática. Elemento democrático, sin clases, libre, siguiendo las tendencias de las revistas especializadas, en su mundo repleto de rubores. Matices que aparecieron en los años 30, la discreción de la sombra del barniz transparente quedó rota en piezas, la explosión de colores que se convierte en la acuarela de la moda urbana de ellas, de las que poseen trazos de mil colores, las mujeres.

Historia
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Una de las partes de la anatomía femenina que más tiempo dedican las mujeres son las manos. La delicadeza de una mujer se observa en las manos y en el cuidado y belleza de las uñas. La decoración de las uñas surgió en la antigua China donde sus habitantes sabían utilizar pinturas de distintos colores y tonalidades: oro, plata y más tarde se introdujo el rojo y el eterno negro.

Para la coloración de uñas se utilizaban fórmulas muy singulares, que incluían materiales como la cera, clara de huevo, gelatina y goma árabe. En China sólo podían llevar las uñas largas los que pertenecían a una clase social alta y adinerada que tuviera una vida ociosa y que poseyera una fluida vida social. Para impedir su rotura, ya que su longitud a veces llegaba a unos 10-13 cm, se utilizaban unos revestimientos especiales hechos de oro o bambú, decorados con piedras preciosas. Por lo que, el color y la largaria de las uñas significaba un código jerárquico en China muy distinto a la imagen democrática que tenemos en la actualidad de las uñas.

En el Egipto de 1964 se  encontró la tumba de Nyankh Khnom y Khom que eran los peluqueros y encargados de la manicura del faraón Nyuserra. En el  Antiguo Egipto los distintos colores de pinturas sobre las uñas poseían diversos símbolos con respecto a la clase y jerarquía social. Las uñas que estaban decoradas con colores vivos indicaban que se pertenecía a la familia real o desempeñaba altos cargos públicos. Por el contrario, los  esclavos sólo podían pintar sus uñas de un color apagado y oscuro para demostrar su condición de inferioridad y su sumisión. Algunas uñas estaban compuestas de manicura de oro macizo y se encontraron en algunas tumbas egipcias. La hermosa Cleopatra pintaba sus uñas de color terracota utilizando la henna que se aplicaba con las mismas yemas de los dedos y las palmas de las manos en las uñas y también en el cabello. Ésta fue la herramienta más popular para teñir las uñas durante la Edad Media.

La historia de las uñas posee múltiples contradicciones en las teorías sobre sus orígenes, pero lo verdaderamente concluyente es que la evolución y la tendencia de decorar las uñas ha sido un proceso basado en el desarrollo progresivo de la imaginación de los profesionales dedicados al cuidado y la belleza de la mujer. En la historia, la decoración de las uñas y su paleta cromática ha sido símbolo de la jerarquía social de un lugar. Las preferencias de forma de las uñas, la longitud y color han evolucionado a lo largo de los siglos, siendo así las uñas un elemento básico para el look de la mujer y otorgando el rango de tendencia democrática, ya que, en la actualidad no existen variaciones de colores para designar clases sociales o larguras apropiadas según los cargos que se ejercen. Sólo existen tendencias que intentan llegar a la globalización y la homogeneidad, un surtido generoso de paletas cromáticas y un arte en la creación de esta actividad.

Uñas sintéticas  
La historia de las uñas posee dos corrientes. Por un lado, en Egipto los hombres poderosos como los faraones usaban uñas de oro e incluso se las incrustaban debido a su obsesión. Por su parte, en China cuando un hombre tenía que ser nombrado mandarín empezaban a dejar crecer sus uñas, mostrando un desprecio a las labores que realizaban los esclavos y diferenciándose sobre éstos. Las uñas representaban autoridad, dominación y el pertenecer a un rango jerárquico superior.

La historia moderna de las uñas se remonta 60 años atrás con respecto a la actualidad, su fundador era un dentista que descubrió las propiedades del acrílico para las uñas. Las primeras uñas esculpidas fueron realizadas con polímero dental. Será en este momento cuando se conocen a las uñas sintéticas como “uñas de porcelana”. En los años 70 se popularizaron de una manera masiva en Estados Unidos y se expandieron por todos los rincones geográficos del planeta. La aparición de las nuevas tecnologías protegieron a la uña natural y fueron sustituidas por resinas acrílicas y preparados de gel, siendo los mismos materiales que actualmente se utilizan en los salones de belleza.

Esta tendencia, considerada muchas veces como excesivamente artificial, proviene de Norteamérica, aunque hasta hace algunos años, el mercado estuvo dominado por los asiáticos y con una  calidad muy escasa. Esto provocó que Estados Unidos empezara a producir acrílico con una óptima calidad que sirvió para modernizar el mercado de la belleza y cambiar el paradigma conceptual de las uñas postizas.

Para una mujer, el estado en el que se encuentran sus uñas son como una presentación de su personalidad y su estado anímico. La paleta cromática de las uñas nos muestran ambas dualidades. Un ejemplo muy básico es cuando una mujer decide pintarse las uñas color fucsia, esto significa que la personalidad de ésta es explosiva, atrevida y que su estado anímico es muy favorable. Con este ejemplo, no se deduce que las mujeres con uñas negras tengan un nefasto estado anímico, pero el ejemplo de los colores vivos son la máxima expresión de una salud anímica óptima.

Con una mirada hacia las uñas podemos deducir si una mujer es pulcra, presumida, sofisticada o muy sencilla. El boom de las uñas postizas y decoradas viene por la vida caótica a la que nos enfrentamos día tras día, ya que, las mujeres ocupan puestos de gran responsabilidad laboral a un ritmo y horarios frenéticos y no hay tiempo para el cuidado de las uñas, esta es la principal razón por la que las uñas postizas se han convertido en una moda que llevan mujeres que pasean por las calles, actrices y cantantes famosas y las indiscutibles musas de las pasarelas.

De hecho, hallamos tutoriales en las redes y en millones de webs para saber como ponerse uñas postizas y decorarlas de una manera personalizada. No obstante, existen ciertos detractores a este tipo de uñas, ya que, sus argumentos se basan en que son excesivamente largas, artificiales y no aportan elegancia y sofisticación a la imagen de la mujer.

Las divas del cine y las uñas
Antes comenzar con el cine y sus musas, nos remontamos a la primera mujer que lanzó la moda de las uñas pintadas en los años 30. Cuando en 1936 muere el rey Jorge V de Inglaterra, Edward asciende al trono. Enamorado de Wallis, una mujer que por su condición de divorciada no estaba bien considerada para que fuera esposa de un monarca, abdica y se casa con Wallis, atesorándose el título de Duque de Windsor.  La expresión de colores la obtuvo Wallis quien lanzó la moda de las uñas bañadas de color rojo usando una laca que había encontrado en un viaje a China. En 1936 las mujeres hacían brillar sus uñas puliéndolas tan sólo con una piel de gamo o poniéndose un barniz transparente.

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Charles Revson, un joven emprendedor que comenzaba a abrir un  pequeño laboratorio de cosmética, decidió preparar un esmalte rojo carmesí al que llamó Wallis. En este momento, muchas mujeres comenzaron a atreverse con los colores rojizos en sus uñas, tomando como referencia el modelo de mujer y de libertad de Wallis. Será a principios  de los 50 y 60 cuando vemos a las divas del cine con labiales rouge y uñas rojizas en la gran pantalla, destacando su exquisitez natural y su máxima sofisticación.

Destacamos a la figura exultante de Kim Novak en la película “Me enamoré de una bruja“.  Gillian Holroyd (Kim Novak), su tía Queenie (Elsa Lanchester) y su hermano (Jack Lemmon), son miembros de una saga de hechiceros. Todo comienza cuando Kim Novak se enamora perdidamente de James Stewart, un tipo corriente y sencillo que comienza a estar poseído por el embrujo de una mujer. Una vez más, James Stewart nos muestra su alto nivel interpretativo y la clave de su éxito al ser un héroe cotidiano.

Una entretenida comedia, basada en la obra de teatro de Jhon Van Druten, con unos diálogos ligeros y amenos donde observamos en toda la película la figura de Kim Novak con el labial rouge combinado con sus uñas igualmente rojas, potenciando un efecto de sensualidad y elegancia. En la escena donde Kim Novak  comienza a derramar lágrimas vemos la delicadeza en sus manos cuando ésta toca su delicado y bello rostro, es en este momento cuando las uñas obtienen  su máxima expresión de naturalidad y elegancia en el plano.

Un instante donde la cámara inmortalizó esas uñas rojas que actualmente son llevadas por millones de mujeres, copiándose de la belleza de la rubia del cine. Y si hablamos de cabelleras rubias, curvas y mujeres que causan conmoción tenemos a la reina del magnetismo personal, a la diosa de la sensualidad y a la magnificencia de la escultura femenina. Unos años antes que el anterior film, en 1953, Marilyn Monroe en la película “Los caballeros las prefieren rubias” nos obsequia con labiales carmesí y uñas de la misma tonalidad enmarcando en la gran pantalla un efecto de sensualidad.

La trama se basa en dos mujeres que adoran los diamantes y los hombres millonarios. Lorelei y Dorothy son dos cantantes que viajan en un crucero desde los Estados Unidos hacia París. Una rubia y otra morena, seducirán a toda la embarcación con un objetivo: casarse con un millonario. La figura de su compañera, Jane Rusell, despliega ese encanto y una belleza inexpresiva con unas uñas rojas al igual que su compañera rubia, como símbolo de mujeres libres, sensuales y provocativas.

De hecho, al comenzar el filme vemos las dos siluetas de mujer cantando “Two little girls from little rock” con un vestuario rojizo brillante que se adecúa con la tonalidad de las uñas. Desde los años 30 pasando por cada década la mujer ha ido adquiriendo el hábito de mostrar su personalidad con las uñas, siendo una verdadera necesidad el cuidado y el color de éstas.  En la actualidad, vemos en la gran pantalla a mujeres que poseen uñas de diversos colores, a mujeres que deambulan por la pasarela de la vida y a otras que perpetúan sus uñas en las revistas de moda especializadas, todas ellas conforman la cotidianidad democrática de una moda.

Tendencias actuales
Las tendencias comienzan a globalizarse y a ser homogéneas en la mayoría de los países. Este es el caso de la paleta cromática de las uñas. En verano los colores pastel son muy apropiados y también encuentran su lugar en las uñas. Los colores chillones como los fucsias, los favorecedores corales, los chispeantes amarillos y los sensuales rojizos se verán esta temporada en las manos tostadas de las mujeres.

El azul oscuro, casi negro de este invierno, se aclara unos tonos para conquistar las manos de este verano. Al igual ocurre con el verde botella que deja paso a la tonalidad más tenue.
Los rojos pierden un poco de fuerza con respecto a los tonos burdeos, aunque continuarán en las manos de las féminas como reclamo a la elegancia, evocando el recuerdo de grandes divas del cine. Para las más atrevidas, los tintes metalizados son una opción muy segura, además cambian de color cuando dan el sol, por lo que, son originales y diferentes. Los tonos baby y soft son una clara tendencia que contrasta con la piel bronceada y que puede ser muy dinámica y fácil de conjuntar con los looks.

El verano trae consigo una paleta cromática divertida, deleitable y nada convencional, los amarillos, rojos, verdes hacen las delicias de miles de mujeres, aunque muchos expertos y periodistas especializados en moda apuestan porque este tipo de colores son demasiado caprichosos como el caso de los amarillos y los verdes y que no son apropiados para mujeres adultas.

Divas, mujeres, musas de la calle, de las pasarelas y de las revistas que se inmortalizan en las páginas. Con alma de colores, sin sombras pero con matices. Inapropiados como los amarillos, eternamente elegantes como los carmesí, dulces y presumidos como los nude, presuntuosos como los azules, provocativos como los fucsias. Todos ellos, reflejo del espejo del ánimo que han aprendido la danza de las maravillas, mientras Alicia busca el constante tic-tac del tiempo, que se perdió, de las mujeres sin uñas de color. Ahora Alicia, que todavía persigue al conejo blanco, le conduce al sonido del arco iris postrándose, ruborizado, al saborear la libertad de colores sobre la esencia de cada mujer.

@InmaAB1

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David Barreiro

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