Torpedo 1936: Érase una vez en América

La estampa es ya un estereotipo: abrigo largo, sombrero de ala ancha calado hasta las cejas y tabaco. Mucho tabaco. Sólo con estos elementos cualquiera apuesta sobre seguro si quiere adivinar el género. Un género de color negro poblado por gentes como Chandler, Huston, Hammet o Bogart cuyo imaginario también se nutre gracias al mundo del cómic. El noir, con su carga de acción y violencia, de personajes duros y de vidas difíciles, ha sido también un terreno recurrente para la viñeta por el que pasea con indolencia un personaje italoamericano con pedigrí español; se llama Luca Torelli pero todos lo llaman Torpedo.

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Corren los años de la Gran Depresión en EstadosUnidos. Una época desalmada en la que la crisis no tiene piedad con nadie. Losúnicos que hacen dinero son los gánsteres que se dedican al alcohol ilegal.Dominan la importación, la distribución y la venta a través de su red de clubesclandestinos. Allí no hay escasez. El whisky canadiense corre a raudales mientraslas chicas bailan a ritmo de jazz. Es la nueva tierra prometida para cualquieraque tenga suficientes dólares o que, como Torpedo, sea lo suficiente duro comopara pagar el peaje a puñetazos.

 

Luca Torelli es un asesino a sueldo de la mafia alque se suele llamar cuando las cosas se ponen feas. Llegó a EEUU procedente desu Sicilia natal cuando apenas era un chaval, huyendo de una vendetta que amenazaba su pellejo. Coneste arranque prestado de la biografía de don Corleone, la vida deTorpedo se pasea recurrentemente por los ambientes y los arquetipos que tanbien conocemos gracias a otros mafiosos reales y de celuloide, desde Al Caponehasta Max Bercovicz.

 

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El personaje nació de la pluma del guionista español Enrique Sánchez Abulí por encargodel editor catalán Josep Toutain a principios de los 80. En un primer momentoel dibujante encargado de caracterizar a Torpedo, y quién diseñó en su momentoel personaje, fue Alex Toth,uno de los ilustradores más influyentes de los 60 y 70. Éste, sin embargo, sedescolló pronto de un personaje al que consideraba demasiado zafio y cuyo humorburdo y cuyas viñetas cargadas de sexo y de violencia le hacían sentirincómodo.

 

Torpedo quedó huérfano de padre en apenas dos númerospero no tardó en encontrar un padrastro que lo convirtió en el clásico que eshoy. Todos los aficionados al tebeo coincidimos en que con Jordi Bernet  a los lápices el personaje encontró el estilovisual perfecto para sus ambientes. Bernet estaba puliendo en lo que entoncesse conoció como elboom del cómic adulto español un trazo clásico, a medio camino entre elrealismo y la caricatura, que con frecuencia recuerda a los ilustradores de laspublicaciones pulp de los años cuarenta. 

 

Con los guiones de Abulí y el dibujo de Bernet,Torpedo se publicó regularmente, pasando por varias de las revistas de cómicespañolas más representativas de los 80: Creepy, Tótem, Thriller… Salió fuerade nuestras fronteras, ganó un premio Angulema y consolidó la fama de nuestrosautores fuera de España. Incluso llegó a publicarse durante una temporada en ElPaís Semanal hasta que la revista se encontró con una historieta titulad Lolita y prefirió retirarladiscretamente.

 

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En la actualidad, sin embargo, la edición másconocida y la más accesible es la que hizo Glénat en 2004, que recopila todo elmaterial publicado hasta la fecha. Un material que, de no cambiar mucho lascosas, será todo lo que jamás se publique. Y es que es muy poco probable queAbulí y Bernet vuelvan a colaborar debido a la extraña polémica que entre ambosse desató a raíz de una canción de Loquillo. Al parecer alguionista no le acabó de sentar bien que el músico, gran fan del personaje,atribuyese la creación de Torpedo a su amigo Bernet.

 

Una monumental bronca puso final a un tipo bronco. Yaunque el asunto, afortunadamente, no se resolvió con una metralleta Thompson,el epílogo fue digno de Torpedo. Con la pelea se cerró la historia de unpersonaje tallado a cuchilladas que, trascendiendo con el tiempo nuestrasfronteras, sin duda está entre los más carismáticos del cómic español. 


 

 

 

Laura Bellver

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