Un penalti contado al revés

Michael Robinson rescata con estudiantes y periodistas la vertiente televisiva del quehacer profesional al que llegó hace 20 años después de colgar las botas.

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“Soy malo en la radio y escribiendo ni te cuento; escribo bien en la pantalla porque escribo ‘pictures’”. A juicio de Michael Robinson, ex jugador de fútbol, presentador en Canal+ de ‘Informe Robinson’ y comentarista en la misma cadena del partido de los domingos, hay tres oficios distintos dentro del periodismo, vinculados al soporte desde el cual se ejerce. “Vengo de un país en el que el periodismo está fragmentado y hay periodistas de prensa escrita, de radio y de tele”. Él pertenece al mundo de la televisión, al que llegó por casualidad, cuando trataba de vender los derechos televisivos del boxeo tras una experiencia como comentarista para TVE en el mundial de Italia’90 y al coincidir con el ahora director del diario As, Alfredo Relaño, quien le propuso dirigir ‘El Día Después’. 

“Las cámaras describen algo, para que tú lo percibas y lo sientas en el salón de casa; una especie de sintonía que te hace sentir y comprender sin que nadie te diga lo que está pasando porque mataría ese momento”. Perlas como ésta dejó, en su habitual castellano chapurreado,  en la charla-coloquio organizada por la Unió de Periodistes Valencians esta semana en la Universitat de València, a la que se sumaron como maestros de ceremonias los periodistas deportivos Cayetano Ros (El País) y Alfonso Gil (Agencia Efe). El sarcasmo y la flema británica del presentador irlandés hicieron las delicias de un auditorio ávido de anécdotas periodísticas, futbolísticas y domésticas.

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El presentador defendió una forma de hacer televisión alejada de ese modelo implantado de “ofrecemos lo que la audiencia quiere ver”. A su entender, “la gente no sabe lo que quiere ver, no está en la calle pensando en lo que quiere ver. Cualquier director de televisión no tiene que pensar lo que la gente quiere ver; si eres lo suficientemente inteligente para saber lo que 45 millones de personas quieren ver a las ocho en la tele es que deberías de trabajar en la Nasa”. 

Robinson apostó por un perfil de contenidos en los que el protagonismo se lo lleven las imágenes por encima de las personas. De hecho, a lo largo de la charla insistió en varias ocasiones en el poco tiempo que él como Michael Robinson suele aparecer en los programas que protagoniza. “En el ‘Día Después’ sólo tenía 8 minutos de plató de un total de 83 minutos”, indicó. Para el ex futbolista, la clave es que el espectador “visualice algo y lo comprenda mejor”.

El ex futbolista comparó su papel como presentador con el que tenía como jugador y lo vinculó a lo que el espectador debe esperar de cada perfil. “Muchas veces nos quejamos de lo que dicen los futbolistas, pero en su contrato no figura nada de que un futbolista esté en el campo para hablar bien; al que pagan por hablar bien es al periodista”, explicó en relación al papel de los informadores a la vez que criticó la forma de presentar los contenidos de los periódicos deportivos, que “pueden dañar tus neuronas para siempre, como fumar los pulmones”.

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De las anécdotas más aplaudidas por el auditorio fue la que Robinson rescató de su etapa como futbolista. Recogió ‘pictures’ del imaginario colectivo al trasladar con la palabra a los asistentes a la final de la Copa de Europa de 1984 entre el Liverpool (equipo en el que él jugaba) y la Roma. Aquel partido se decidió en una tanda de penaltis cuyo azar le colocó a él en el sexto lugar de una lista de lanzadores en la que nadie quería estar para no “pasar no ser recordado como el jugador que falló el penalti decisivo de la Copa de Europa”. El presentador le dio la vuelta a lo que el espectador suele percibir desde fuera, introduciendo la significación mental que rodea a un profesional ante aspectos vinculados al gol, al éxito o a la derrota. Esa final la ganó el Liverpool y ni siquiera hizo falta el concurso de Robinson porque Kennedy marcó el quinto de la lista, el que dio el triunfo al equipo inglés, “y eso que lo marcó con el tobillo, como dijo mientras lo celebrábamos con él y después de que yo me aliviara mentalmente por no tener que tirar un penalti. Ya éramos campeones”.

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