Hasta siempre, señor Landa

Ha muerto Alfredo Landa. Llevaba años retirado y una de sus últimas apariciones públicas que recuerdo fue cuando se le concedió el Goya de honor en 2007. Aquella noche, en el momento de las palabras de agradecimiento, se quedó en blanco sin saber que decir, lo que nos hizo sospechar que no andaba muy bien de salud.

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Yo lo conocí en la Mostra de Valencia en el 2004. Me tocó coordinar lagala de inauguración de aquel año,  en laque él y Stanley Donen fueron los homenajeados. No es que habláramos muchoaquella noche, pero desde la superficialidad de  este tipo de trabajos, me alegró poderconvivir un par de horas con un actor tan emblemático de nuestro cine popular.  Aquella noche todo mi contacto se redujo aexplicarle lo que tenía que hacer en la gala, la cosa no daba para más, pero mepareció un gran profesional, muy disciplinado,  al que no le gustaban nada las milongas.  Lo recuerdo como un hombre afable,  pero tremendamente  tímido y muy reservado, algo que se alejaba de la imagen estereotipada que se teníade él.  Aún recuerdo como huía de losflashes de los fotógrafos.  Esa nocheestuvo acompañado de Mª José Alfonso, con la que había rodado La niña de luto, Ana Fernández con laque había trabajado en Historia de unbeso, y Pedro Masó, el productor de muchas de sus comedias de los añossesenta.  Recuerdo que aquella noche Landatuvo palabras para el valenciano Vicente Coello, el guionista de algunas deaquellas comedias de éxito en los años sesenta.


Estos días se  va a escribir muchosobre este actor y se van a decir muchas cosas. Desde el momento en que se haconocido su fallecimiento, no han dejado de publicarse opiniones para todos losgustos en las redes sociales. Es lo que tiene este medio. A partir demañana  (estoy escribiendo en la tardedel jueves 9 de mayo, a pocas horas de conocerse la noticia) abundarán losartículos de todo pelaje, los que le glosarán por Los santos inocentes, Lavaquilla o El bosque animado, y losque cargarán las tintas contra  ellandismo y lo que significó, como si él fuera el culpable, si es que hayalguien culpable por hacer y por reírse con aquel cine popular. Otros incidirán en sus memorias Alfredo el Grande, vida de un cómico (Aguilar, 2008), que escribiócon la colaboración de Marcos Ordóñez y en las que largaba sin pelos en lalengua contra algunos compañeros y algunas producciones de prestigio a las que nodudó de calificar de bodrios.


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Es una pena que no se apueste por una necrológica del punto medio,aruistotélica. La intelectualidad siente una especial animadversión por losartistas triunfadores y una cariño extremo por los perdedores. Lecturasmorales. Una estupidez que campa a sus anchas en todo tiempo y lugar, y que memolesta sobremanera que hagan gala de ella aquellos que se llaman progresistas.Landa llegó al cine tras una importante trayectoria como actor de teatro quefue eclipsada por su popularidad, por aquel cine de suecas y bikinis, por aquelManolo La Nuit o el Pepe que se iba a Alemania, o incluso el Antón vecino del quinto.  Siempre versión gruesa del sanchopancismo, nosguste o no, o del pícaro trasquilado.  Nadieniega que sean películas imperfectas, superficiales, con una considerable cargamachistas, pero fueron  populares y esomerece al menos un análisis antes de opinar.. No voy analizar el humor ni a soltardiatribas sobre los  géneros populares ysu carga ideológica., porque esto excede las pretensiones de este artículo.Aquellas películas fueron fruto de una época y sus personajes fueron encarnadospor un actor solvente  como Alfredo Landaque hizo su trabajo con toda dignidad interpretativa. Un actor, que sin comerloni beberlo, dio nombre a un género, a una tipo sociológico de clase media, elmismo que se metamorfosea desde hacía siglos, que aparecía y aparece  en sainetes y revistas  y el cine de todas las épocas. Laintelectualidad lo estigmatizó porque en aquel momento este Sancho Panzaaparecía en el franquismo. Pero llegó J.A. Bardem y le dio laoportunidad con El Puente y demostróque era un actor todoterreno.  Lo quehizo Alfredo Landa durante toda su vida fue trabajar, haciendo reír y haciendollorar. La grandeza de un cómico siempre está por encima de los personajes queinterpreta, algo que se olvida con frecuencia.  Hasta siempre, señor Landa.

@manologild

Laura Bellver

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