El ángulo muerto e infantil de la justicia

El fotógrafo Fernando Moleres ha recopilado una colección de instantáneas que refleja los silencios infantiles alejados de la justicia. A modo de grito gráfico de advertencia, nos permite conocer que en países como Sierra Leona las cárceles albergan a niños a los que la lentitud de la justicia, la insalubridad o el hacinamiento con adultos les impiden, incluso, conocer un veredicto antes de que su salud, en un entorno tan impropio, diga basta. 360 Grados Press recorre esta semana la exposición de este World Press Photo, que acoge hasta el 15 de julio el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) dentro del festival fotoperiodístico PhotOn.

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“Me permito escribirle esta nota con elpropósito de pedirle a usted, señor, que se ponga en contacto por teléfonocon mi hermano y le diga que estoy aquí,en la prisión de Padembo Rd.” “Soy yo, A.Dukullay, necesito ayuda suya, tengofrío en todo el cuerpo, ayúdeme a conseguir una inyección y algunosmedicamentos, por favor, señor Fernando“. Estos fragmentos corresponden aalguna de las cartas remitidas por dos menores a Fernando Moleres, fotógrafo que recopilapara PhotOn en «Esperando justicia»unas instantáneas con las que pretende exportar la situación por la queatraviesan niños en zonas del planeta como Sierra Leona donde la justiciafunciona a cámara lenta y las características de los centros penitenciarios seconvierten en sus peores aliados.

 

Alacceder a la sala de exposiciones se percibe desaliento, el mismo que procedede las palabras del autor de las fotografías. Moleres, que recibió una becapara poder inmortalizar la vida y las incertidumbres de los menores en centropenitenciarios de África como el de la prisión central de Freetown, define suexperiencia en Sierra Leona con un “fue muy difícil encontrar la manera de darlos primeros pasos […] La beca concedida recuerdo que no me alegró, tuve dudasde que fuera capaz de llevarla a cabo, no sabía por dónde empezar”.

 

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Lasfotografías son de un realismo feroz. Si tuviésemos que describir lassituaciones que reflejan, bien podríamos hacerlo a través de los siguientespalabras: abuso, hacinamiento, tristeza, impunidad, desamparo, suciedad, asco,insalubridad. Pero también, y aunque parezca inapropiado por lascircunstancias, con estas otras contrapuestas: libertad, ingenio, instinto, superviviencia,sentimientos, creencias, compañerismo. Sensaciones que percibe en la sala de unmuseo la persona que no ha estado allí y que las recoge gracias a los encuadres deun fotógrafo que levanta la voz con una producción impactante.

 

Contodo, el visitante logra, a pesar de faltarle referencias sensoriales talescomo el olfato presencial en aquel infierno, y gracias a la memoria delimaginario colectivo o a la misión evocadora que cumplen tanto las instantáneasde la muestra como las cartas que los menores remitieron al autor, conectar conel desagradable olor de la decadencia, de la suciedad acumulada, de la comidaplana, del auxilio…

 

Llamala atención la referencia que el fotógrafo hace a la escasa atención que leprestaron organizaciones como Amnistía Internacional o Cruz Roja, “que noofrecieron ayuda para aquellos desamparados”. Desamparados que en unos casoscometen delitos menores y pasan meses en prisiones a las que nunca deberíanacceder, habida cuenta que la Convención de Derechos del Niño de NacionesUnidas prohíbe, según el autor de las fotografías,  encarcelar a menores de 18 años. Con todo, enSierra Leona la edad de responsabilidad penal está fijada a partir de los 10años.

 

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“Unblanco con una cámara y 1.300 presos en condiciones terribles”, entre los quese encuentran niños que sufren enfermedades por la propia insalubridad delcontexto, en una cárcel saturada que no entiende de justicia. “Steve Lebbie fueencarcelado en 2009 acusado de robar 2 ovejas. En febrero de 2010 le fotografiécon la mirada perdida; dos meses después murió en la cárcel por una infección.Tenía 17 años”.

Para reflexionar sobre el papel de los seres humanos, de la justicia y de algunas ONG.

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