Ajoblanco, una revista de museo

El Centro Conde Duque de Madrid rinde un merecido homenaje desde finales de mayo a la revista que durante sus dos etapas creativas (1974-1980 y 1987-1999) supuso un auténtico revulsivo cultural y alternativo para una sociedad que, especialmente en su primera etapa, intentaba despertarse tras demasiados años de dictadura y oscurantismo.

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Ajoblanco
fue ante todo un revulsivo cultural,una tercera vía inspirada en la contracultura americana, el rock, laspublicaciones alternativas europeas y la nueva literatura. Una revista quenació tras una exposición poética en 1973 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona y que se gestóen un pequeño restaurante de Málaga en el que sus creadores comieron el platotípico de la zona. Sí, el ajoblanco. El objetivo era lograr cambiar el mundo através de las ideas. Conseguir una sociedad mejor a través de la cultura y laeducación. Nunca sabremos si lo consiguieron, pero podemos afirmar sin miedo aequivocarnos que al menos lo intentaron.


Ahora el Centro Conde Duque de Madrid rinde tributo en la exposición Ajoblanco. Ruptura, contestación yvitalismo (1974-1999) a una revista que en sus 180 números y másde 30 especiales se convirtió en un observatorio crítico sobre la vida públicaespañola, una escuela de vida para muchos de los que pasaron por su redaccióny, en su segunda etapa, en una revista cultural sin parangón en España que seinspiró en las revistas de tendencias que triunfaban ya en Europa.


Ajoblanco nació en la calle, de formaautodidacta y descentralizada. Una revista colectiva que trató temasimpensables en los ’80 como la liberación de la sexualidad o el mundo de losfreaks y que se caracterizó siempre por un carácter irreverente que le granjeóno pocos problemas. De ello dan fe las cerca de 210 publicaciones originales,entre maquetas, ejemplares, portadas, objetos y videoproyecciones, que componenla exposición.


Como buen valenciano, un servidor nopudo evitar pararse en el espacio dedicado al polémico número que en marzo de1976 Ajoblanco dedicó a las fallasreivindicando su carácter de fiesta de la primavera pagana y resaltando lasreferencias sexuales de la fallera, convertida en un símbolo de la feminidad.El especial les costó un veto de cuatro meses y una multa de 250.000 pesetas. Ytambién amenazas de bomba por parte del sector más extremista y nacionalista dela fiesta valenciana.


Ajoblanco volvería tras esta sanciónmultiplicando sus ventas y superando los 100.000 ejemplares. Y también con unnuevo concepto desarrollado durante esos cuatro meses de obligado parón en losque once miembros del equipo compartieron una pequeña casa entre huertos enMenorca y descubrieron el mensaje cultural y social del anarquismo españolanterior a la Guerra Civil.


Aquellosacontecimientos dieron un giro a la publicación que se hizo todavía másevidente en su segunda etapa. Para entonces la revista ya había destapado yavisado sobre muchos de los males que nos afectan hoy en día como sociedad. El clientelismo,la corrupción, la marginación de los distintos o la profesionalización de lapolítica, tan de moda hoy en día, ya eran temas que cubrían las páginas de larevista. Quizás ahora, igual que en 1974, estemos necesitados de una nuevaAjoblanco.


Ajoblanco. Ruptura, contestación y vitalismo (1974-1999). Centro Conde Duque (Calle Conde Duque, 11 deMadrid). Hasta el 21 de septiembre. Entrada gratuita. 

@acordellat

Laura Bellver

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