Vino y tradición sin estrés

Los Valles de Benavente reclaman su protagonismo en una de las regiones más despobladas de España

360GRADOSPRESS, Castilla y León. “Vente a la mi casa”, “la mi bicicleta está pinchada”. Frases como éstas, procedentes del castellano antiguo, aún se escuchan en algunos rincones de la Castilla más castigada por la despoblación. En la provincia de Zamora, y en el entorno que circunscribe la mancomunidad de los Valles de Benavente, formada por 62 pueblos de gran tradición vitivinícola y agrícola, se esconde un rincón en el que las manijas del reloj del tiempo, el mismo que devora vidas en la ciudad, marcan un compás sosegado. La tradición, las costumbres forjadas por la rudeza de sus gentes y la generosidad de las puertas abiertas para el convite, convierten la zona en lugar de encuentro familiar, tanto si existen raíces directas en el árbol genealógico de sus generaciones, como si éstas se inventan para dejarse caer por allí con el pretexto de comer bien, descansar mejor y de desconectar del mundanal ruido.

En verano las poblaciones de los 62 municipios de los Valles de Benavente se quintuplica. El resto del año, sus apenas 20.000 habitantes, distribuidos en unos 1.500 kilómetros cuadrados de superficie, se miran de reojo para intentar rescatar las noticias que les llegan de sus convecinos, cuidan de sus viñas y comparten cotilleos en unas bodegas seculares cavadas bajo tierra que hoy sufren las consecuencias de que ninguna institución haya apostado por su conservación. La humedad del silencio, la ausencia de la vitalidad de otras épocas, la despoblación y el abandono han desembocado en el derrumbe de gran parte de estos santuarios del buen yantar y del buen hablar.

Equipadas con los aperos necesarios para la fabricación de los caldos que han dado popularidad en el siglo XXI a esta mancomunidad, las bodegas subterráneas han dejado de ser seguras. Los vecinos que se han quedado en los pueblos han preferido gradualmente elevar casetas y naves donde antes había cuevas, como siempre se han denominado en la zona. Todavía quedan, claro, pero corren serio peligro de extinguirse si nadie lo remedia, al mismo ritmo que desaparecen sus dueños y su historia.

Lo que nadie evitará será que los que acostumbran a entonar la canción del estrés en su vida cotidiana encuentren en los Valles de Benavente la caricia de la tradición más castellana. Entre los ríos Eria, Esla, Tera y Órbigo, encontramos pueblos tan zamoranos como Fuente Encalada, Bercianos, Santibañez, Brime, Ayoó, Cubo, Arrabalde, Cerecinos, Manganeses… donde hablar, comer y saborear la tradición es algo habitual.

Redacción Alicante

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