Un periodista perruno en la ciudad

Cada día más ciudades españolas se animan a permitir el acceso de los perros en locales de consumo, establecimientos de ocio y transporte público junto a sus dueños. Esta semana 360 Grados Press ha enviado a su reportero más peludo para hacer un rastreo por una de las ciudades que ofrece más trabas a simple vista, Valencia.

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Máximo es un perro. Con sus cuatro patitas, sus dos palmos de altura, su cuerpo serrano – que comienza a ajarse por los años – cubierto de pelos que desprende por toda la casa a su paso y una lengua kilométrica que extiende, al tiempo que jadea, cuando quiere refrescarse – lo de sudar a través de ella es un mito -. Vamos, un can tradicional.

 

Pero Máximo tiene también una doble faceta, además de la de animal: amigo y periodista. Ahora nos centraremos en la segunda característica. Periodista perruno – término que estamos barajando si acuñar seriamente -. ¿Y a qué se dedica este profesional de la información de ladrido alarmante? A descubrir aquellas ciudades, cuyos locales, establecimientos y espacios abiertos permitan el acceso e, incluso, ofrezcan servicio a sus colegas cánidos.

 

Su primera parada – y única esta semana – la realiza en Valencia, ciudad de sol y playa que recibe afectuosamente a (el consumo de) los miles de turistas que aterrizan en primavera, pero no tanto a sus mascotas, ya que la ordenanza municipal prohíbe su entrada en establecimientos de alimentación, locales de espectáculos públicos, piscinas públicas y playas ocupadas por sus usuarios. Un panorama desolador para muchos perros, pero no para nuestro protagonista que, como buen informador avispado, ha encontrado algunos de los lugares a los que puede acceder – junto a su fiel compañera (y ama) Sandra – con el agrado de los propietarios.

 

Le llama la atención nada más adentrarse en el barrio de Ruzafa la enorme caravana que cubre una de las paredes del pequeño y acogedor Kauf Vintage, en el que filas de prendas clásicas y de rejuvenecida antigüedad recorren los metros que se disponen al cliente de la tienda. A Máximo le entretienen las telas que se mecen desde sus perchas, los cordones que cuelgan de las baldas y las lánguidas piernas de los maniquís que no puede evitar tratar de babear sin éxito.

 

Para su siguiente destino debe desplazarse al barrio del Carmen. No lo ha planeado así, pero la verdad es que las zonas más bohemias y anteriormente desarrapadas – hoy reformadas – de la ciudad son aquellas que más fácilmente abren las puertas a los visitantes de cuatro patas y hocico curioso.

 

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Por el camino Máximo no se resiste a lanzar su larga lengua al exterior, sin temor a que la gravedad la lleve al cálido pavimento, en busca de agua fresca. Varios locales de restauración le dan cabida en su espacio de terraza para ofrecerle un vaso de agua e, incluso, algún tentempié acompañado de una caricia. Entre ellos, La Malaquita, El Olivo y La Boba y el Gato Rancio, donde no tiene ningún enfrentamiento gatuno que protagonizar, ya que no había felino alguno. Tampoco puede evitar echar un vistazo dentro de Simple, donde unas alpargatas reposan sobre un tradicional bolso de mimbre, vivo representante de esta encantadora tienda de productos hechos a mano. Pero el calzado objeto no es tan ‘mordisqueable’ como la zapatilla de andar por casa de su ‘compi’ de piso.

 

Llega a su destino: el pequeño establecimiento de ropa retro y bisutería veraniega muy al estilo hippie Pataplás. Eso de la ‘pata’ y de la onomatopeya ‘plás’ le hace referencia a su método urinario para marcar el terreno, pero, aunque ninguna relación tenía con la idea del local, se deja llevar una vez dentro por el aroma a incienso tan ‘chill out’ que desprende y la luminosidad de los metales que aprecia tras las vitrinas.

 

La última parada la hace en el espacio de innovación y de creación Las Naves – Máximo es también muy leído, que se come las páginas de los libros literalmente que da gusto -, para dejarse embriagar por el arte que rezuma de sus salas de exposiciones y de talleres. Él se vuelve a quedar con la amabilidad de los trabajadores del lugar y con el olorcito rico que llega de la cafetería.

 

Día agotador que finaliza con unos chorretones más de agua de la fuente a la salida del centro y con una conclusión muy clara: cuesta encontrar establecimientos debido a las trabas normativas, pero los perros también pueden disfrutar de la Valencia de los folletos turísticos. Nuestro periodista perruno se marca un tanto y la información ya queda lista para mandar a rotativas – bueno, o al servidor web de turno-. ¡A por el siguiente viaje!

 

Un país cada día más amigo de los perros

Para su trabajo de investigación, Máximo ha contado con la colaboración de la guía para perros urbanitas SrPerro.com (@_SrPerro). Hace ya tiempo que estos animales tan simpáticos dejaron de ser meras mascotas para convertirse en amigos, en miembros de la familia, y la creadora de esta web, la periodista y fotógrafa Micaela de la Maza, lo sabe muy bien. “Con mi iniciativa quería cubrir la desinformación existente sobre los lugares ‘dog friendly’ de España, después de un tiempo en el que pasé horas buscando canguros caninos con los que dejar a Colega (su perro) durante mis viajes”, explica.

 

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El germen del proyecto ya ha crecido hasta alcanzar datos relativos de todo tipo (normativas, servicios destinados a ellos, educación canina, consejos, etc.), además de una app gratuita y de la publicación de dos libros con las 200 direcciones y pistas favoritas en Madrid y Barcelona, ciudades amigas de los perros por excelencia, a las que se van sumando otras como Gijón o Fuengirola, donde han habilitado una zona de playa exclusiva para ellos.

 

A su vez, cada día más alcandías se plantean permitir a los canes subir al transporte público, bajo la insistente petición y demanda de sus dueños, como ya sucede en ciudades europeas como Estocolmo, Londres o Berlín. Hasta ahora solo tenían las puertas abiertas, en concreto de los autobuses, los denominados perros ‘toy’, aquellos que pesan menos de 10 kilos, mientras que en el tren de cercanías ya pueden viajar sin depender de su tamaño.

 

Pero para conseguir llegar a estas metas, De la Maza aboga por la responsabilidad en los propietarios de estos animales. “Es crucial que estén bien educados y que seamos limpios cuando hagan sus necesidades y lo recojamos todo sin excepción”. Ideas para convertir nuestras ciudades en espacios ‘dog friendly’ en las que tener un amigo perruno no sea una limitación a la hora de moverse o de viajar, sino un seguro de compañía insustituible.

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