Un colchón para los refugiados

Lo llamaron el “nuevo rey de las camas” cuando en 2005 su empresa, el Grupo Lo Mónaco, logró facturar 120 millones de euros y alcanzar los 700.000 clientes. Ahora su mirada ha cambiado de rumbo. El empresario español de origen italiano Livio Lo Mónaco sigue desde Granada el devenir de la venta de colchones mientras testea la actividad del Astral, un velero de 30 metros de eslora que ha cedido a la ONG Proactiva Open Arms para realizar labores de salvamento y rescate de refugiados en aguas del Mediterráneo.

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Es un empresario atípico. Lo suyo no es amasar dinero ni presumir de pertenencias. Confiesa que siempre ha dormido bien, quizá por eso de que hizo fortuna vendiendo colchones. Livio Lo Mónaco (Milán, 1965) habla pausadamente con un marcado acento italiano pese a que lleva casi media vida afincado en España. Con 19 años dejó los estudios para ayudar en el concesionario de coches que regentaba su familia en Padua. “Aquello fue muy mal. Nos arruinamos”.

 

La primera experiencia laboral fue una bofetada de la que con los años sacó rendimiento. Le sirvió para valorar mucho más todo. “Pasé de papá dame a papá toma”. Rozando la treintena, con los bolsillos vacíos, decidió pasar un mes en España. Aterrizó en Granada donde conoció a su ex mujer con la que tuvo dos hijas. “Siempre me dice que soy mucho mejor ex marido que marido”, bromea para remarcar que su relación con ella es excelente.

 

Trabajó organizando fiestas en la Universidad de Granada, más tarde vendiendo seguros, luego baterías de cocina, dio el salto a Portugal para abrir una empresa que no cuajó y en 1996 fundó el Grupo Lo Mónaco centrándose en la venta de equipos de descanso: almohadas, edredones nórdicos y colchones. Tenía una idea y la llevó a la práctica con un éxito que ni siquiera él imaginaba: vender a través de un nuevo canal –la televisión- un nuevo producto –los colchones de látex.

 

En 2003 facturó 65 millones de euros, dos años después 120 y ganó más de 16 millones antes de impuestos. Cerca de 700.000 clientes y una marca conocida por la gran mayoría del país. Su éxito le llevó a ser bautizado como el “nuevo rey de las camas” mientras él optó por pasar a un segundo plano convirtiéndose en presidente no ejecutivo de la compañía con la idea de dedicarse a sus aficiones: viajar, la interpretación y el yoga. Le dio por las carreras de coches, se compró un velero de treinta metros de eslora porque quería dar la vuelta al mundo, vivió dos años en Madrid estudiando arte dramático, se enganchó al mundo de la hípica pero tuvo que regresar a la oficina cuando la cuenta de resultados de la compañía no fue la esperada.

 

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“De los 19 a los 35 años trabajé muchísimo. No paraba de viajar y tuve la suerte de que las cosas me fueron bien”, reconoce Livio Lo Mónaco. Se enamoró de la actriz Cristina Peña con la que contrajo matrimonio y con quien acaba de tener un hijo.

 

Tanta actividad en tan poco tiempo le ha provocado que mire la vida desde otro prisma, ahora muy centrado en la ayuda humanitaria a los refugiados que tratan de alcanzar Europa atravesando el mar Mediterráneo, el mismo por el que navegaba en verano con el Luis Ginillo –así llamó a su velero. “Un día estaba con mi familia en la cubierta del barco y un amigo me mandó por whatsapp la foto de una lancha llena de refugiados a punto de hundirse”, relata. “Estaba muy cerca de allí, a una hora navegando”. Aquello empujó a Livio a dar un golpe de timón.

 

Sacó el barco del agua y se puso a rastrear por Internet qué organizaciones podrían estar interesadas en utilizarlo para realizar labores humanitarias. Ahí es cuando aparece Proactiva Open Arms, la ONG con la que empezará a colaborar este mes su hija Sara, quien acaba de cumplir los 18 años. “Hablé con Laura Lanuza –responsable de comunicación en Proactiva- y Óscar Camps –el presidente de la ONG- vino a ver el barco y le gustó. Ellos estaban buscando un barco y aquello fue como un regalo caído del cielo”.

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Livio Lo Mónaco habla con admiración de los integrantes de Proactiva Open Arms. “Llegamos a un acuerdo de cesión del barco. Óscar no quería que se lo donara porque me confesó que no sabía si podrían mantenerlo así que me lo pidió a préstamo; ellos me lo pueden devolver mañana y yo no se lo puedo reclamar nunca”, explica el empresario.

 

El Luis Ginillo pasó a ser el Astral tras una completa remodelación. Dotado de la tecnología adecuada para trabajar con otros equipos y la guarda costera italiana, el Astral lleva un mes faenando por aguas del Mediterráneo realizando rescates y atendiendo a refugiados que buscan una vida mejor en la otra orilla de África. “Con que haya salvado una vida ya me doy por satisfecho”, afirma Livio.

 

“El sueño que tengo es que otra gente sienta el mismo placer que yo por ayudar. Si consiguiera trasladar mis sentimientos creo que todo el mundo donaría algo. Es darle sentido a las cosas”. Reconoce que donó su barco pero “sigo viviendo bien. También sé que hay gente que se tira al mar para sobrevivir y que necesitan nuestra ayuda. En eso estoy ahora. En tratar de conseguir que haya más ayudas”. Agradece a medios de comunicación y periodistas como Jordi Évole la visibilidad que le están dando a la ONG. “No debemos olvidar que quien salva una vida, salva al mundo”.


@JavierMontesCas

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