Identidad digital desde antes de nacer

Desde la ecografía hasta sus primeros pasos, los padres relatan la vida de sus hijos en redes sociales, construyendo una huella digital que los menores pueden rechazan cuando crezcan. Es el denominado ‘oversharenting’, que consiste en compartir información de la prole en Internet, muchas veces sin ser consciente de los riegos que entraña.

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La sociedad se muestra cada vez más preocupada por el tipo de imágenes que comparten los menores en redes sociales. Muchos lo hacen a edades muy tempranas. Pero, ¿y si se debe a que es lo que han visto en casa? ¿Y si son los padres los que se dedican a construir la identidad digital de sus hijos e hijas incluso desde antes de haber nacido?

 

Una mujer embarazada sube imágenes de las ecografías a Facebook. Después, los padres comienzan a narrar su historia a golpe de imagen: su carita de bebé dormido/a, sus primeros pasos, baños en la playa y en la piscina, su llegada al colegio, etc. Una identidad digital que ya queda registrada en Internet desde un primer momento y que, como progenitores orgullosos de su cohorte, enseñan al mundo sin pudor. No pensemos que si una red social se puede hacer privada no lo puede ver nadie que no queramos; una vez que el contenido es digital, puede ser fácilmente distribuido.

 

Se trata del denominado, oversharenting, otro anglicismo que señala aquella práctica de compartir detalles sobre los hijos en las redes sociales y que puede comenzar incluso antes del  nacimiento. No sólo se refiere a imágenes, sino también a retransmitir temas íntimos y delicados, como si el pequeño/a está delicado de salud.

 

“Es como si empapeláramos la fachada de nuestras casas con las fotos y videos de nuestros hijos”, comenta gráficamente Albert Gimeno, director y co-fundador de la ONG Padres 2.0. “¿Cuál va a ser su reacción cuando llegue a los 15 años, empiece a salir, a tener pareja, y vea que sus padres han subido fotos de toda su vida? ¿Cómo luego les convences de que se guarden momentos de intimidad?”, se pregunta. 

 

El impulso de compartir imágenes e información de los más pequeños de la casa radica en la naturaleza misma de las redes sociales: conseguir más likes y obtener un mayor feedback. Esta generación ha sido padres mientras estallaba el boom de las redes sociales, por lo que subir estos contenidos no les resulta ajeno.

 

Según un estudio del Pew Research Center, el 74% de los padres busca en las redes sociales algún tipo de apoyo en su rol parental, siendo Facebook la plataforma digital elegida para el oversharenting. Además, indica que muy pocos padres se han sentido incómodos cuando la información sobre sus hijos ha sido compartida por otros miembros de la familia o cuidadores en las redes sociales.

 

Por tanto, mucha gente se puede preguntar, ¿qué tiene de malo compartir contenido sobre los hijos/as en redes sociales? Es tan sencillo como que se les se está generando una huela digital antes de que crezcan y puedan gestionar sus emociones y su reputación on line.

 

Además, en países como Francia, los jóvenes podrán denunciar a sus padres por la publicación de imágenes suyas en Facebook. De esta manera, se quiere concienciar a los progenitores, ya que en un futuro estas fotografías se realizan en la intimidad del menor y sin su permiso para compartirlas.

 

Educar en buenos hábitos

 

Gimeno comenta que, desde su organización, tratan de dibujar un panorama real de lo que puede suceder cuando se sube una imagen o se hace un determinado comentario en redes. “Educamos en el uso de la tecnología y en los buenos hábitos. Además, primero tenemos que enseñar a los hijos una buena utilización, no darles la tablet o el smartphone sin más, por ejemplo, sin controles parentales. A los chavales les contamos qué consecuencias pueden tener sus acciones en redes sociales. De esta manera, también se pueden detectar riesgos”.

 

Para aquellos progenitores que quieran subir información, Derechodelared ofrece una serie de pautas para se proteja la identidad digital del menor. Por ejemplo, si se crea una web ad hoc para mostrar al retoño en caso de que la familia esté lejos, se debe poner acceso con contraseña. Si se quiere crear esa identidad se recomienda que se busque en Google el nombre y apellido del bebé para cerciorarse de que no existe una mala reputación previa; asegurar su nombre con un dominio .com y .es; abrirle una cuenta de correo electrónico; y reservar su nombre en redes sociales. Eso sí, insisten en que no se utilicen sus perfiles sociales: “Espera a que el niño/a tenga edad suficiente para decidir si quiere usar estas herramientas y elegir su propia voz”.

 

De hecho, muchas madres y padres opinan que, mientras las imágenes transmitan valores positivos, estos nativos digitales no tendrían problemas con las mismas en un futuro. Además, el hecho de no estar en las redes sociales no significa no figurar en Internet. He aquí una anécdota nada baladí: un blogger colombiano cuya hija, aún no nacida, ya había sido incorporada en una base de datos de una empresa debido a que ya tenía su propia huella digital. Incluso cuando usamos a los menores en las fotos de perfil de WhatsApp no se es consciente de que los contactos se la pueden descargar y difundir.

 

Sin alarmismos ni paranoias, pero priorizando la protección del menor y con sentido común, prudencia y conocimiento, podemos evitar situaciones desagradables tanto en la construcción de la identidad digital de nuestros hijos e hijas como en  que se produzcan casos de cyberbulling, o incluso más graves.


@_guiomar_

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