Esos locos y bajitos reporteros de Haití

Los medios audiovisuales tienen más potencial del que generalmente se les atribuye. Eso sí, todo depende de los ojos con los que se enfoque a través de ellos. Esta semana en 360 Grados Press hemos aprendido esta lección de la mano de unos niños que tienen tantas cosas que contar como ganas de hacerlo.

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Eran cerca de lascinco de la tarde – hora local – del 12 de enero de 2010 cuando un terremotocon epicentro a tan sólo 15 kilómetros de la ciudad de Puerto Príncipe y unamagnitud de 7’2 grados en la escala de Ricther fue registrado en Haití. Losúltimos balances estiman que más de 300.000 personas murieron con motivo deesta catástrofe, otras miles resultaron heridas y 1’5 millones se quedaron sinhogar. La respuesta internacional a semejante crisis humanitaria fueprácticamente inmediata. No obstante, este país partía de ser uno de los máspobres del mundo y, cuatro años después de dicho episodio, su situación pareceno haber avanzado como debería. “Entre elprimer y segundo documental he notado al llegar al aeropuerto de la capital quehan lavado la imagen del país con vistas al turismo, pero que a medida que teadentras en las calles existe la misma miseria que antes. Por ejemplo, ahoraestán construyendo dos hoteles de súper lujo y una valla con ladrillos para queno se vea un asentamiento cercano desde fuera“, ilustra Mar Domínguez Ortega, presidenta de la Asociación Audiovisual Educar desde la infancia.


El equipo de estaentidad trató de desplazarse allí poco después del seísmo, pero no pudolograrlo hasta meses después, ya en 2011, cuando se estableció en la ciudad deJacmel, la segunda más afectada. Su idea era poner en marcha un proyectosimilar al que había desarrollado anteriormente con niños desplazados de Tumaco(Colombia): impartir una serie de talleres con el objetivo de que los máspequeños del lugar adquieran nociones básicas para, así, poder realizar ellosmismos los reportajes a los que hacía referencia Mar, contando en primerapersona la visión que tienen de su propio país. “Les acercamos a un mundo que no conocen y que, seguramente, no tendríanoportunidad de conocer sin nosotros. Esto les supone como una especie desubidón, una dosis de autoestima. Y, quién sabe, quizá estamos formando aposibles futuros periodistas“, explica ella misma.


Luces, cámara, ¡acción!

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Contactar con uncolegio público fue el primer cometido de la asociación en Jacmel. Una vezcumplido, la iniciativa comenzó a rodar fácilmente debido, sobre todo, a labuena acogida de la sociedad. “Eldirector del centro educativo Charles Moravia fue encantador desde el primermomento, porque comprendió lo que podía significar para los niños. Además, dimosunos permisos a los padres y los teníamos todos firmados al día siguiente“,matiza Mar. De esta forma, las clases pudieron empezar a impartirserápidamente: escritura de guión, manejo de los equipos, utilización demicrófonos, control de la iluminación… El siguiente paso fue realizarentrevistas a los propios alumnos, quienes contaban sobre qué querían hablar –familia, tradiciones, juegos, amigos, etc. – para después proceder a grabarlo.En total, 25 niños de entre 9 y 13 años dieron lugar a
Me llamo Haití, un documental de 28 minutos de duración que les hapermitido ganar visibilidad en todo el mundo.


La cooperación a pequeña escala

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Esta primeraexpedición de
Educar desde la infancia estuvo formada por cuatro personas, lascuales también llenaron sus maletas de juguetes, libros, material escolar engeneral y medicinas a repartir en la zona. Asimismo, a medida que trabajabansobre el terreno, repararon en otra suerte de necesidades, como la falta decanalización del agua. Por ello, decidieron adquirir un depósito para elcomedor del colegio Charles Moravia, el cual “apenas costó 150 euros“. En este sentido, Mar critica algunasacciones de la cooperación internacional. “Trasel terremoto, una conocida ONG instaló unos cubículos que servían como baños,pero no los acequiaron, de manera que se han convertido en un foco deinfección. Con el dinero que la ONG invirtió en ellos se podría haber reconstruido el colegioentero“, ejemplifica. Así, desde este colectivo afirman haber notado a loshaitianos escarmentados por casos similares, lo cual deviene en un ciertorecelo inicial hacia lo extranjero. Sin embargo, también reconocen que, poco apoco, este sentimiento está cambiando. “Estetipo de acciones individuales son las que realmente ayudan a que vuelvan aconfiar en nosotros“, concluye la presidenta de la asociación al respecto.


Segundas partes nunca fueron buenas, ¿o sí?

Pero la misión de Educar desde la infancia en Haití noterminó con esa primera grabación. Recientemente, gracias a los fondosrecogidos por una edición especial del FestiMad, dos miembros pudieron viajar de nuevo allí paradarle continuidad al proyecto. “En estasegunda ocasión hemos contado con los mismos 25 niños que en la primera, puesla idea es crear un documento para ver cómo van creciendo. Hacemos unseguimiento y, a la vez, integramos a más niños para que también aprendan ycuenten cosas nuevas“, aclara Mar. Se trata de Me llamo Haití, bienvenidos, un metraje que todavía está pendiente deser traducido y montado, pero que se espera tener listo para la próxima ediciónde dicho festival madrileño – entre el 23 de abril y el 10 de mayo –, de maneraque se pueda volver a recolectar dinero para este fin. “Nuestro primer plan de futuro es volver a Haití“, confiesa lapresidenta de la asociación. Porque el propósito fundamental, cómo no, esevitar lo que ocurre con la gente de tantos otros sitios devastados: que susituación caiga en el olvido mediático y social.

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José Manuel García-Otero

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