El campo en clave femenina

Las ciudades cada vez parecen más ajenas a las zonas rurales, las cuales son básicas para el funcionamiento de cualquier sociedad. Quizá, esta marcada separación sea la causa de que el campo sea subestimado o casi olvidado como tónica general. Esta semana en 360 Grados Press hemos conocido una realidad no tan lejana desde un prisma en concreto, el de las mujeres.

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Son casi las 10 horas de la mañana y, a pesarde que el sol ha decidido salir a brillar, los grados escasean en Utiel, unalocalidad situada en el interior de la provincia de Valencia. Indiferente aestas condiciones, Carmen Iranzo está pletórica. Hace horas que permanece enpie para trabajar y, ahora, ha hecho un alto en el camino para atender unaentrevista y servir orgullosamente de guía hacia sus viñedos. “Llevo trabajando en el campo toda la vida.Creo que me salieron los dientes aquí. Mi padre era agricultor y cuando me casécon mi marido seguí con ello. Ahora, aparte de las viñas, también tengoalmendros y oliveras“, explica.


Ella es una de los casi seis millones demujeres rurales que viven en España, lo cual equivale a una tercera parte de lapoblación agraria, según datos del Ministerio de Agricultura. Y todo ello sincontar a las más de 700.000 que también realizan labores agrícolas en calidadde ayuda o colaboración familiar. Conscientes de su peso en sociedad, de untiempo a esta parte las mujeres se han organizado para poner en valor su papelen el campo y alcanzar una responsabilidad compartida en las cuestionesdomésticas que les permita desarrollar roles sociales y sindicales como los delos hombres. De ahí que haya surgido la Federación de Asociaciones de MujeresRurales (Fademur). De carácter estatal, ésta engloba a las diferentesagrupaciones por zonas, como la Unión de Mujeres Agricultoras y Ganaderas, a laque pertenece Carmen. “Las mujeresdecidimos que teníamos que estar también presentes en los puestos directivos delas organizaciones agrícolas“, argumenta.


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Poco a poco, la balanza se va equilibrando,pues ellas no desisten en su propósito y cada vez se movilizan más. Porejemplo, el pasado mes de octubre celebraron un encuentro de ámbito nacional—el segundo de este tipo— para poner en común sus respectivas situaciones. Lafalta de jóvenes en el sector y la necesidad de seguir activas a pesar desuperar los 65 años para optar a una pensión digna —una problemática compartidacon los hombres— fueron algunas de las cuestiones a tratar. “El precio es una de las grandesdificultades. Nosotros trabajamos muy a gusto, porque la libertad que te da elcampo no te la dan otros trabajos. Pero después de trabajar todo el día comootras personas no recibimos lo mismo que ellas“, ejemplifica Carmen.


Este sacrificio es algo que no todo el mundoestá dispuesto a sobrellevar. Así, en los últimos años muchos campos fueronabandonados a su suerte. Sin embargo, la coyuntura ha cambiado drásticamente.En palabras de Carmen: “Los beneficios nocompensaban y quien pudo meterse en la construcción u otras actividades lohizo. Han ganado el doble o el triple que con la agricultura, pero ahora no séqué va a pasar, porque muchas personas se han quedado sin trabajo y quierenvolver. Es lo que tiene el campo, que siempre está para el que venga“.


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Sean más o menos manos las que se dediquen ala tierra, hay un asunto de fondo que permanece inmutable. Y éste es la faltade voluntad política respecto del sector rural en general, el cual siente quesus necesidades son ignoradas. “Yo, porejemplo, preferiría que no nos diesen tantas subvenciones y que luchasen paraque se valore nuestro trabajo y se nos pague bien. Pero los políticos no hacennada. Se debería tener en cuenta que el campo es la vida de todos, no solo denosotros, los agricultores. Todos comemos de él“, apunta Carmen.


Con todo, la vida rural sigue. En esta zona,como en tantas otras de España, se subsiste básicamente de la actividadagrícola. Las nuevas generaciones se muestran reticentes, pero la cultura no sepierde. Así lo concibe Carmen: “Mishijos, de momento, no quieren trabajar en el campo, porque lo han vivido comoyo desde pequeña y saben que es muy pesado. Dedicas muchas horas para el dineroque luego ganas. Si fuese un trabajo que te recompensara económicamente, nohabría ningún problema. Pero hemos pasado unos años muy malos. De todos modos,les estoy enseñando, por lo menos, cómo se trabaja por si un día les hiciesefalta“, razona.


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Aunque el futuro es incierto, muchas personascomo Carmen han consagrado su vida a esta actividad y se niegan a abandonarlade buenas a primeras. Porque quienes la han trabajado saben de la importanciade la tierra. “Me dolería mucho abandonarel campo. Pero si me hiciese mayor y nadie me ayudara o lo comprara, no mequedaría otra opción“, confiesa. Garantizar una decente supervivencia osentenciar una lenta desaparición está en manos del conjunto de la sociedad.

@labellver

Javier Montes

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