Mariquitas, aliadas en la ‘lucha biológica’

San Antonio de Benagéber echa mano de los controles de plagas mediante técnicas ecológicas para salvar sus ficus

V.P., Valencia. Hay algo más que los plaguicidas químicos para controlar las plagas de los árboles, nuestros parques o cultivos: las mariquitas, también llamadas “enemigos” en la jerga de los profesionales, que se dedican a controlar la presencia masiva de insectos. Y por ellos ha apostado el ayuntamiento de San Antonio de Benagéber (Valencia) para salvaguardar los ficus del municipio.

Hablamos de la “lucha biológica”, un tratamiento que se utiliza desde hace tiempo sobre todo en agricultura, poco conocido por los ciudadanos, que consiste en una alternativa ecológica al uso de químicos. En la citada localidad, para combatir al “cotonet” y a la “psylla” han tirado de la ayuda de crisomélidos (mariquitas) y antocóridos (pertenecientes a la familia de los chinches). En el árbol se ha realizado una suelta controlada de estos insectos con lo que han “desatado” una guerra en la que los “enemigos” son predadores que acaban con la plaga de manera natural, atacándolos. El director técnico de la empresa CTL (Compañía Tratamientos Levante) que lleva a cabo este tratamiento, David Bravo, explica a 360gradospress que “también hemos utilizado otro predador que está de moda para combatir al famoso picudo rojo de las palmeras, un gusano microscópico que parasita a este animal. Entra dentro del organismo de las larvas y adultos, con lo que favorece la entrada de patógenos y bacterias que los matan”.

Pero la cosa no queda ahí, porque también se usa una suerte de “guerra bacteriológica” contra otras plagas, como en el caso de mosquitos. “En las aguas estancadas se aplica restos de una bacteria, un cristal, que es el que produce “el veneno” que al ingerirlo las larvas mueren porque les produce una úlcera”. Este ataque es selectivo, puesto que el producto empleado “sólo afecta a este animal”, recuerda Bravo.

Al charlar con este profesional y ver los envases en los que llevan estos insectos “amigos” surge una pregunta inevitable: ¿de dónde salen los animales que se usan? “Nosotros encargamos una cantidad a unas empresas que se encargan de criarlos y nos los sirven. En los dos o tres días siguientes a recibirlos tenemos que soltarlos”, señala Bravo. “Hay varias granjas de insectos, por ejemplo en zonas de Italia, Bugarra o Murcia. Muchas se especializan y crían un determinado enemigo”, añade.

Bravo asegura, además, que la introducción de insectos no supone un riesgo para el entorno ni para la aparición de una nueva reproducción masiva de insectos, esta vez de los usados por la empresa. Tampoco hay que temer un perjuicio directo para los ciudadanos. “Cuando hablábamos de chinches la gente pensaba que les iban a picar a ellos. Lo que se busca para que haya éxito es que el predador sea lo más específico posible. Sólo ataca al enemigo. La población que se introduce está muy controlada y no ataca otros animales. Lo bueno es que luego se autorregula, porque si desaparece la plaga desaparece el enemigo introducido”.

La Unión Europea ha establecido una normativa que prohíbe en dos años el uso de plaguicidas químicos en el entorno urbano. ¿Supondrá ello un incremento del uso de estas técnicas? Hasta hoy en día, explica Bravo, “es un mercado incipiente pero estamos limitados, porque muchas plagas del arbolado urbano sólo se pueden tratar con productos químicos. Tener enemigos naturales para todo es prácticamente imposible”.

Ferrán Montenegro

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